| Niños
guatemaltecos en el limbo legal |
Por: María
Elena Salinas
Durante
los preparativos para su próximo viaje a Guatemala,
Marta se preparaba mentalmente para empacar su maleta. Ante
ella, una pila de ropa para niños, juguetes, libros,
crayolas y dulces. Tal como le ha sucedido en viajes recientes,
ha tratado de resolver cómo acomodar su propia ropa
y otras pertenencias en la maleta, junto con todas las cosas
que llevaba para “su hijo”.
Marta, quien prefiere que su verdadera identidad permanezca
anónima, es una de miles de personas que viven en
Estados Unidos pero cuyo corazón se queda en Guatemala
con los niños que esperan pronto lleguen a ser propios.
Pero por ahora la esperanza de brindar su cariño y
su hogar a un niño huérfano, quien de otra
manera estaría destinado a una vida de soledad en
uno de los países más pobres del hemisferio,
se ve alterada por una campaña del gobierno contra
las adopciones dudosas.
Guatemala es uno de los lugares más populares en el
mundo para adopciones. Tanto así, que la industria
turística promueve paquetes especiales para futuros
padres adoptivos. El largo y complicado proceso en Estados
Unidos para adoptar un niño ha llevado a miles de
estadounidenses hacia Guatemala, donde una adopción
puede lograrse en un espacio relativamente corto de tiempo
y con menos burocracia. Tan sólo el año pasado
cuatro mil bebés guatemaltecos fueron adoptados por
familias estadounidenses. Sin embargo, el rápido proceso
de adopción ha resultado ser una espada de doble filo.
Recientemente ha salido a la luz un sombrío panorama
en la industria de adopciones en Guatemala, por casos de
fraude y tácticas inescrupulosas por parte de algunos
de los implicados en el proceso de adopción: madres
cuyos niños han sido arrebatados de sus brazos para
nunca ser vistos otra vez y otras que fueron obligadas a
renunciar a sus niños a cambio de dinero. Como resultado,
algunas de las adopciones ya en proceso fueron aplazadas
mientras las autoridades en Estados Unidos y Guatemala investigan
su legitimidad.
Para Marta eso significó tener que presentar una segunda
prueba de ADN hecha al niño de 4 años de edad
que ella planeó convertir en parte de su familia y
también de la mujer que lo dio en adopción
diciendo que es su madre. Los resultados mostraron que la
mujer no era la madre biológica y ahora un juez debe
determinar si el estado ha agotado todos los medios para
hallar a la madre biológica del niño. Sólo
entonces podría proceder la adopción.
Pero para muchos padres adoptivos como Marta, un nuevo y
potencialmente devastador obstáculo ha surgido. El
presidente Oscar Berger ha propuesto que todas las adopciones
por parte de familias de Estados Unidos sean detenidas el
primero de enero de 2008. Será entonces cuando entrarían
en vigor nuevas normas basadas en la Convención de
La Haya en materia de adopciones entre países. La
convención establece pautas internacionales uniformes
para adopciones en las que serian los gobiernos y no el sector
privado quien supervise los procesos de adopción.
Aunque muchos concuerdan en que las nuevas reglas podrían,
en algunos casos, ayudar a proteger a los niños y
a sus padres biológicos, también hacen los
procesos de adopción mucho más complicados
para los padres adoptivos. Millares de familias que ya han
empezado los procesos están preocupadas de que sus
casos podrían ser cancelados. Pero lo que es más
importante, se preocupan por los más de 5.000 niños
que se quedarían en el limbo legal, aunque sus padres
biológicos ya hayan cedido sus derechos como padres.
El Concilio Conjunto de Servicios Internacionales para Niños
está también preocupado por el efecto que la
decisión de Berger tendría en los huérfanos
guatemaltecos. Por esa razón ha lanzado una campaña
denominada "Iniciativa Guatemala 5000" pidiendo
a los norteamericanos que contacten a sus legisladores en
Estados Unidos esta semana, pidiéndoles que apoyen
una carta escrita por el concilio al gobierno guatemalteco
y a representantes de UNICEF pidiéndoles respetar
las adopciones que ya están en proceso.
Hasta que eso suceda Marta no puede evitar pensar en todos
esos niños que ha conocido durante sus viajes a Guatemala.
Ella no puede evitar preguntarse cómo esos pequeños
reaccionarían sabiendo que aquellos a quienes han
llegado a ver como a sus padres, podrían desaparecer
de sus vidas. Y, mientras trata de acomodar sus pertenencias
en una maleta empacada con artículos para niños,
Marta se pregunta si ese niño que la llama "mamá",
algún día será su hijo.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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