Por:
John Kerry
Los pequeños negocios son la fuerza de la
economía estadounidense y, cuando los pequeños
negocios triunfan, la economía de Estados
Unidos se hace más fuerte. Por esta razón,
tenemos que alegrarnos al conocer que el número
de los negocios hispanos está creciendo
tres veces más rápido que el promedio
de negocios a escala nacional.
En la actualidad, existen cerca de 1.6 millones
de negocios hispanos, que generan empleos y contribuyen
con más de 222 mil millones de dólares
a la economía. Esta realidad es algo para
celebrar y se debe al trabajo duro, la energía
y el entusiasmo de los empresarios hispanos que
se están esforzando por alcanzar el sueño
americano.
Pablo Pérez es uno de esos empresarios hispanos,
que empezó en Chula Vista, California, en
un almacén de 380 a 7.000 pies cuadrados,
donde empacaba sus dulces y nueces “Candy
El Pecas”. Perez recibió asistencia
técnica y consejería financiera que
se sumaron al préstamo “Community
Express” de la Administración de Pequeños
Negocios (SBA, por sus siglas en inglés),
otorgado por el CDC de finanzas de pequeños
negocios y su banco local. Esto le dio la oportunidad
de comprar mercancía adicional para pesar,
empacar y rotular sus productos. “CDC dio
una buena respuesta”, según dijo.
Perez se encuentra a pocos pasos de empezar la
distribución nacional de sus productos y
ya está en busca de un nuevo local para
acomodar su crecimiento anticipado.
Para cada caso emprendedor, existen innumerables empresarios hispanos que aún
no han recibido las herramientas para alcanzar ese sueño. Es allí donde
Washington y el gobierno federal pueden ayudar. Para mejorar nuestras comunidades
y ampliar las oportunidades de negocio, el gobierno necesita invertir en los
programas claves que estimulen el empresariado. Como dijo César E. Chávez, “uno
nunca es suficientemente fuerte para no necesitar ayuda”.
Propietarios de pequeños negocios enfrentan
decisiones difíciles
cada día, desde cuántos empleados contratar y si pueden pagar su
seguro médico, hasta tener que tomar las decisiones difíciles de
si subir los precios debido al alto costo de la gasolina.
Washington también tiene decisiones. Tenemos un déficit que crece
cada minuto, una guerra en Irak y una región entera en la Costa del Golfo
que aún espera ayuda gubernamental después de lo que pasó con
el Huracán Katrina. Al tomar decisiones, Washington no puede olvidar su
responsabilidad de ayudar a propietarios minoristas de los pequeños negocios “a
echar hacia delante”.
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Es por esa razón que he propuesto crear
una oficina para el desarrollo
de los pequeños negocios dirigida a las minorías, dentro de la
Administración de Pequeños Negocios (SBA), brindándole apoyo
a la minoría empresarial desde Washington. La propuesta fue acogida por
mis colegas senadores en una base bipartidaria. Desde ayudarlos a asegurar préstamos,
a poder navegar en el área compleja de las contrataciones, a tener asistencia
técnica y capacitación, nosotros podemos y debemos hacer más
para fomentar ese crecimiento en todos los sectores de nuestra comunidad. Esta
oficina podrá alcanzar esas metas y mucho más.
Nosotros también debemos animar valores empresariales entre nuestros jóvenes.
Por tal razón, una de mis prioridades este año es crear un programa
piloto de empresariado e innovación. A través de un competitivo
programa de becas en las instituciones de asistencia a hispanos, las escuelas
desarrollarán un amplio campo de currículo empresarial y establecerán
un Centro para el Desarrollo de los Pequeños Negocios, donde se podrá forjar
relaciones entre propietarios de negocios locales y estudiantes. Unidos podremos
encontrar a estudiantes talentosos y dirigirlos hacia una opción de carrera
para desarrollar un negocio.
El bienestar y salud de esta nación depende grandemente de su gente y
Estados Unidos tiene la mejor y la más brillante. El debate sobre nuestra
política de inmigración continúa, pero un aspecto de ese
debate ya está claro: nosotros podemos y debemos ejecutar un balance entre
fortalecer nuestras fronteras y mantener el espíritu empresarial y el
sueño americano vivo para los hispanos en toda la nación. Trabajadores
que han pagado impuestos, enviado sus hijos a las escuelas y que se entienden
como residentes de sus comunidades merecen ganarse un estatus legal en este país.
Es una responsabilidad de todos invertir en empresariado, expandir las oportunidades
para las minorías y promulgar una política migratoria con sentido
común. Haciendo esto se podrá ayudar a triunfar a los pequeños
negocios y se podrá mantener nuestra economía fuerte.
(*) Senador Demócrata de Massachussetts.
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Maquinan
una “guerra civil” para exterminar
hormigas
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Por
Paula Bustamante
Colonias de hormigas argentinas han invadido
campos, jardines y cocinas del mundo desde el
siglo XIX, causando estragos imposibles de detener
con pesticidas, que llevaron a científicos
estadounidenses a idear una fórmula química
que detonaría una "guerra civil".
No miden ni tres milímetros, actúan
como una cooperativa, son hermanas del alma y,
desde las orillas del río Paraná ,se
subieron a barcos en tiempos en que llegaban
miles de inmigrantes europeos a Argentina y salían
cargas hacia Australia, España, Portugal,
Francia, Italia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Las 'linepithema humile' fueron "descritas
como una especie argentina en 1866. Las primeras
de su tipo llegaron a Estados Unidos en 1891
en un barco en Nueva Orleans (Luisiana) y, en
su expansión, arribaron a California en
1907", explicó el biólogo
Neil Tsutsui, de la Universidad de California
en Irvine (UCI).
El problema con la especie es que han producido
desequilibrios en el ecosistema de donde se radican,
dañan los cultivos y "existen varios
estudios que demuestran cómo la irrupción
de las hormigas argentinas ha significado prácticamente
la eliminación de otras especies de hormigas
en diferentes partes", explicó el
científico.
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Tsutsui,
quien comenzó a investigar la especie
hace 10 años, cree que las hormigas argentinas
identifican a las hormigas "enemigas" mediante
su aroma, y las forasteras que huelen diferente
deben ser eliminadas.
" Ya que estas hormigas son tan y tan agresivas entre ellas cuando están
sobre todo en Sudamérica (...) nos interesamos en descubrir cuál
era la sustancia química con la que cuentan para distinguir al enemigo",
dijo el biólogo.
Tras probar algunas sustancias químicas,"tomamos hormigas de una
colonia y colocamos a una o varias la sustancia sobre su exoesqueleto (caparazón).
Descubrimos que entonces no se reconocían y se trataban como enemigas,
eso fue lo que vimos", dijo el científico.
Elaborando una manera de cambiarles el olor a las integrantes del mismo clan,
el científico cree posible armar una "guerra civil" y como las
sureñas "son muy agresivas" se decapitarían al instante.
De acuerdo a los investigadores de la UCI, las 1.200 hormigas que han sido utilizadas
como conejillos de indias para sus investigaciones han terminado decapitándose.
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