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A FONDO: Lo que debe saber del cáncer de seno
EL CONSULTORIO: Cómo tratar el molestoso Pterigion
ESTILO DE VIDA: Al hacer deporte, elija sneakers cómodos
EL TERMÓMETRO: Ojo con las golosinas en la Noche de Brujas
ENTRE PARÉNTESIS: Destacan beneficios del ajo, Disminuyen las muertes por cáncer
LATIDOS DE ACTUALIDAD: Ideas erróneas sobre Alzheimer cambian según el grupo étnico
A CORAZON ABIERTO: “Las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en la comunidad hispana”
PUNTO DE VISTA: El autismo si es Común
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A Fondo
Lo que debe saber del cáncer de seno


La función principal de los pechos es producir leche, y cada seno está dividido en 15 ó 20 secciones llamadas lóbulos.

Los lóbulos contienen muchos lobulillos más pequeños. Los lobulillos contienen grupos de glándulas diminutas que pueden producir leche. La leche fluye de los lobulillos al pezón por unos tubos delgados llamados conductos. El pezón está en el centro de un área oscura de piel llamada areola. Los espacios entre los lobulillos y los conductos están llenos de grasa.

Los senos tienen también vasos linfáticos, los cuales transportan un fluido claro llamado linfa. Los vasos linfáticos se dirigen a órganos pequeños, redondos, llamados ganglios linfáticos.

Los ganglios linfáticos se encuentran cerca del seno en la axila, arriba de la clavícula, en el pecho detrás del esternón y en muchas otras partes del cuerpo. Los ganglios linfáticos atrapan bacterias, células cancerosas u otras sustancias dañinas que pueden estar en el sistema linfático.

El conocimiento es la mejor arma para prevenir el cáncer de seno. ¿Cómo?, sabiendo cuáles son los factores de riesgo.
Más información en: www.cancer.gov/espanol
Photos.com

El proceso del cáncer
El cáncer empieza en las células, las cuales son las unidades básicas que forman los tejidos.

Normalmente, las células crecen y se dividen para formar nuevas células conforme el cuerpo las necesita. Cuando las células se hacen viejas, mueren, y nuevas células las reemplazan. Este proceso mantiene el cuerpo sano.

Algunas veces este proceso se descontrola. Células nuevas se siguen formando cuando el cuerpo no las necesita, y las células viejas no mueren cuando deberían morir. Estas células, que no son necesarias, forman una masa de tejido, que es lo que se llama tumor.

No todos los tumores son cancerosos. Los tumores pueden ser benignos o malignos.
Los primeros no son cancerosos y rara vez son una amenaza para la vida.

Generalmente, los tumores benignos se pueden operar y pocas veces vuelven a crecer.

Las células de tumores benignos no se diseminan a otros tejidos o a otras partes del cuerpo.

Pero, por otra parte, los tumores malignos son cancerosos y pueden poner la vida en peligro.

Si bien los tumores malignos pueden extirparse, éstos pueden volver a crecer.
Las células de tumores malignos pueden invadir y dañar tejidos y órganos cercanos. Las células cancerosas también pueden desprenderse de un tumor maligno y entrar en el torrente de la sangre o del sistema linfático.

Así es como las células cancerosas se diseminan desde el sitio original (tumor primario) para formar tumores nuevos en otros órganos. Cuando el cáncer se disemina, se llama metástasis.

Las células cancerosas pueden también viajar a otros órganos por el sistema linfático o por el torrente sanguíneo. Cuando el cáncer se disemina (metástasis), el tumor nuevo tiene la misma clase de células anormales y el mismo nombre que el tumor primario.

Por ejemplo, si el cáncer de seno se disemina al hueso, las células cancerosas en el hueso son del mismo tipo que las de seno.

Cómo prevenir
Para prevenir el cáncer de seno, lo ideal es evitar presentar los factores de riesgo.
Muchos de éstos pueden evitarse, pero otros, como los antecedentes familiares, no se pueden evitar.

Por ello ayuda estar al tanto de los factores de riesgo. Aunque también es importante tener en cuenta que la mayoría de las mujeres que tienen estos factores de riesgo no padecen cáncer de seno.

La mayoría de las mujeres que desarrollan cáncer de seno no tienen antecedentes de esta enfermedad en su familia. De hecho, con excepción del envejecimiento, la mayoría de las mujeres que tienen cáncer de seno no tienen factores de riesgo acentuados.

Sin embargo, la mujer que piensa que pueda tener el riesgo de cáncer de seno deberá discutir su preocupación con su proveedor de servicios para la salud. Su médico puede sugerir formas de reducir el riesgo y puede planear un programa adecuado de exámenes.

El instrumento del Instituto Nacional del Cáncer para Evaluar el Riesgo de Cáncer de Seno se encuentra en http://www.cancer.gov/bcrisktool/ en Internet. Este instrumento permite al proveedor de servicios para la salud calcular el riesgo que tiene una mujer de desarrollar cáncer invasor de seno.

¿Quién tiene el riesgo?
No se conocen las causas exactas del cáncer de seno. Los médicos rara vez pueden explicar por qué una mujer lo padece y otra no.

Pero los médicos sí saben que cuando una mujer se golpea un seno, se lo lastima o lo toca, no causa cáncer. Además, Y el cáncer de seno no es contagioso. Esta enfermedad no puede “pegarse” a otra persona.

Sin embargo, estudios han demostrado que mujeres con ciertos factores de riesgo tienen más probabilidad que otras de padecer cáncer de seno.

Entre ellos se encuentran la edad, los antecedentes familiares, si es que la mujer ha sufrido antes de la enfermedad, tener ciertos tipos de células anormales y las alteraciones genéticas.

Otros factores de riesgo pueden ser los antecedentes relacionados con la reproducción y la menstruación, obesidad después de la menopausia, inactividad física y el consumir bebidas alcohólicas.


 

Tejido del ojo afecta desproporcionalmente a hispanos
Cómo tratar el molestoso Pterigion

Este es un ojo con un pterigion típico.
Archivo/WH




Uno de los padecimientos más comunes, sobre todo entre los hispanos, es conocido en algunos países como pterigion (pterygium en inglés), que es una carnosidad que puede presentarse en uno o en ambos ojos a la vez.

Todavía no se conoce con exactitud su causa, pero se atribuye mayormente a la exposición a los rayos del sol, en conjunto o independientemente del polvo y la arena.

El pterigion es un crecimiento en la superficie del ojo que por lo general nace en un extremo —ya sea el interno o el externo— y va hacia la córnea. Se trata de un crecimiento fibrovascular que se presenta mayormente en personas que pasan mucho tiempo al aire libre y expuestas a los rayos ultravioleta del sol. Es particularmente común entre los hispanos, grupo en el que ha llegado a convertirse casi en un padecimiento endémico

Si mira a su alrededor, verá a muchos hispanos, sobre todo hombres, realizando labores o actividades al aire libre, algunas veces sin protección apropiada.

Si bien este mal afecta por lo general a un solo ojo, no es raro ver a personas con carnosidades en ambos ojos a la vez, provocando irritación crónica e inflamación.

Incluso, puede afectar la visión si la carnosidad crece y llega al centro de la córnea.
También puede provocar astigmatismo —defecto de visión debido a la curvatura irregular de la superficie de la córnea—, pero lo más común es una inflamación crónica, una sensación de tener un objeto extraño dentro del ojo que puede hacerlo más sensible a la luz.

Factores de riesgo
Los factores de riesgo tienen más que ver con la exposición al sol, al viento y a los elementos. Si bien es un tanto más común en los hombres, eso no quita que las mujeres también lo padezcan. Para algunos llega incluso a convertirse en asunto tanto cosmético como funcional.

Este mal no es común en niños, ya que se desarrolla generalmente después de cumplir los 20 años, a menos que la víctima pase una extraordinaria cantidad de tiempo al aire libre.

Aun así, es más común en personas adultas. Al ser la carnosidad resultado de una combinación de factores genéticos y de la exposición al sol y a los elementos, las probabilidades de padecerla son muy altas cuando los padres o algún familiar cercano la ha padecido.

Por lo general, no se necesita tratamiento y se pueden usar gotas para lágrimas para aliviar el fastidio y la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo; y para protegerlo.

También se recomienda el uso de lentes de sol que le protejan la vista de los rayos solares, del viento y del polvo.

Sin embargo, cuando la carnosidad afecta la visión e imposibilita las funciones normales, es recomendable someterse a una operación que, en sí, es bastante sencilla.

Los tratamientos
El tratamiento se inicia con la aplicación de gotas antiinflamatorias para ver si se puede reducir la irritación e inflamación —y a veces incluso el tamaño de la carnosidad— sólo con medicina. Si la carnosidad ha llegado a la córnea y pone en peligro la visión, entonces y solo entonces se recomienda la extirpación quirúrgica.

Un especialista honesto y responsable le recomendará removerle la membrana solo si ésta le bloquea la visión.

Hay diferentes formas de tratar quirúrgicamente la carnosidad.

Cuando es pequeña, simplemente se la puede “retirar” y aplicar medicina que ayude a prevenir su crecimiento.

En cambio, si la carnosidad es de tamaño considerable, se tiene que “cerrar” la zona de donde se le extirpa y para ello se usa conjuntiva del otro ojo del paciente o se implanta un injerto de membrana amniótica.


Calzado deportivo caro no tiene relación con ser más saludable para el pie
Al hacer deporte, elija sneakers cómodos

El consejo para los deportistas es asegurarse de que el calzado se ajuste a los pies ya que, si se está pagando más por las zapatillas, eso no significa que sea algo mejor.
Photos.com




Si le interesa conservar la salud de sus pies, cuando vaya a comprar zapatillas, preocúpese de qué tan bien le calzan y no cuánto cuestan.

Una investigación reciente sugiere que, cuando se trata de elegir calzado, lo que importa es si el zapato encaja, no el precio.

Un equipo de científicos escoceses no halló diferencias en la comodidad ni en la absorción de impactos entre los “tenis” de $80 y los fabricados por las mismas empresas que superaban los $150.

“Mi consejo para los corredores es asegurarse de que, primero, el calzado se ajuste a los pies y, si se está pagando más, eso no significa que sea algo mejor”, aseguró Rami Abboud, director del Instituto de Análisis e Investigación del Movimiento de la Universidad de Dundee.

Durante las últimas décadas, los “tenis” se han transformado de un sencillo zapato cubierto de lona en algo que, según sus anunciantes, utiliza tecnología espacial para proteger y mejorar el pie humano. Naturalmente, esos encumbrados elogios vienen acompañados con frecuencia de precios astronómicos.

“Lo que queríamos revisar era si en realidad se estaba recibiendo algo acorde por el dinero que uno pagaba”, aseguró Abboud, “o si se estaba pagando por la publicidad”.

Detalles del estudio
En su estudio, investigadores escoceses le pidieron a 43 hombres, de edad promedio de 29 años, que se probaran nueve pares de zapatillas, tres modelos de tres de los principales fabricantes del mundo. Los hombres tenían talla entre 8 y 10 (que se considera promedio) y no tenían anormalidades en los pies ni en el modo de andar.

El precio de venta de cada uno de los tres pares de cada marca variaba entre $80 y $90, entre $120 y $130, y entre $140 y $150, respectivamente. Los hombres no podían saber ni la marca ni el costo de los zapatos que se estaban probando.

Se les pidió a los participantes que probaran el calzado y le dieran a los investigadores una evaluación subjetiva de la comodidad de cada par de zapatos. También corrieron con lo zapatos mientras llevaban sensores de alta tecnología que medían la presión en diversos puntos del pie, como la presión plantar y la fuerza generada por el impacto de la suela sobre el piso.

Al tabular los resultados, los investigadores informaron sobre diferencias significativas en la comodidad entre los diferentes zapatos, independientemente del precio.

En cuanto a la absorción de impactos, algunas zapatillas tuvieron un mejor desempeño que otras en distintas áreas del pie, aunque no surgió un patrón claro. De hecho, la presión plantar en realidad fue inferior para el calzado de bajo precio o moderado, en comparación con los de precio alto, aunque esta diferencia no alcanzó significación estadística, aseguraron los investigadores.

“La idea es que si uno paga más adquiere unos zapatos que protegen más, pero no hallamos tal cosa”, aseguró Abboud. “A partir de lo que hallamos, la diferencia parece ser pura publicidad”.

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