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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Hace
casi 40 años, cuando el habitante número
200 millones estaba a punto de nacer, el entonces
Presidente Lyndon Johnson se ocupó de hacer
una gran fanfarria y la revista Life documentó el
acontecimiento como la gran noticia que fuera. Resultó ser
un niño de padres asiáticos, y recientemente
fue entrevistado por la cadena televisiva ABC para
ver como estaba. Muy bien, gracias, dijo el ahora
médico en California, un poco tímido
ante tanta atención.
Esta vez es a la Casa Blanca quien le toca la timidez.
Rebobinemos hacia delante hasta la fecha de hoy en
día cuando esta semana se añadió el
habitante número 300 millones. No se sabe
a ciencia cierta quién es exactamente de entre
los que se disputan ese título, pero analistas
aseveran que seguramente es hijo/a de inmigrantes,
porque la mayoría del crecimiento en la población
estadounidense en las últimas décadas
se debe a la inmigración y a la alta cifra
de bebés nacidos de inmigrantes. ¿Y
la reacción de la Casa Blanca? Sin bombo y
platillo, sin celebraciones gubernamentales, la reacción
del Presidente Bush, horas y horas después
fue un simple comentario: “Esto es prueba de
que el sueño americano sigue tan brillante
y lleno de esperanza”. Caramba, ¡qué impresionante
despliegue de felicidad y jolgorio! ¡Ah, por
supuesto!, faltan apenas dos semanas para las importantes
elecciones congresionales, con varios escaños
republicanos aguantados por un hilito. Algunos hasta
han aumentado la cantidad de anuncios tirándole
a los inmigrantes, porque, por supuesto, es más
peligroso para el partido de los supuestos valores
familiares tener a un ilegal en la esquina buscando
un trabajo que un pederasta en el Congreso o financiar
una guerra sin salida.
“
Obviamente, cuando hay una elección donde
el tema de la inmigración es parte del panorama,
no quieren llamar mucho la atención y no dijeron
nada” sobre el nuevo habitante del país,
dijo un analista político. “No quieren
molestar a la base conservadora”.
Pero los demócratas no se quedan atrás.
Allí en el Comité Nacional Demócrata
tienen al director de la bancada latina (DNC Hispanic
Caucus, en inglés), Álvaro Cifuentes,
causando un pequeño escándalo en su
natal Puerto Rico cuando se supo que le envió un
cheque al comité político del comisionado
residente –el representante de Puerto Rico
en el Congreso–, un republicano. O sea, un
dirigente del partido demócrata le envía
un cheque al comité que se encarga de elegir
republicanos al Congreso, ¿y no lo han echado
a la calle?
El mismo líder que se encargó de dirigir
una reciente reunión de estrategia latina
sobre las elecciones congresionales que se aproximan
y donde cada una de las pancartas tenía el
lema “A New Direction” traducido a: “Una
Neuva Direccion”. ¡Ay, virgen!, ¿adonde
iremos con mala gramática?
Por lo menos podemos descansar tranquilamente sabiendo
que los dos partidos nos insultan por igual. Menos
mal.
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