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Empresario Jorge Mufarech reactiva denuncia en DC

Red de corrupción de Fujimori sigue
activa en Perú, denuncian en OEA


Jorge Mufarech Nemy muestra en el Club Nacional de Prensa, en DC, los titulares de la prensa de su país, a los que califica de "campaña demolición" contra su persona. Foto: Adrián Meshad/ Washington Hispanic






La Comisión de Derechos Humanos de la OEA empezó a ver el jueves 19, en una audiencia, el caso presentado por el empresario, Jorge Mufarech Nemy, contra el Estado peruano, para determinar su admisibilidad y pasarla a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Se trata de un caso que se considera “muy emblemático” pues, según los analistas políticos, representa la situación de muchos peruanos que están atravesando por los rezagos de lo que dejaron el ex presidente de ese país, Alberto Fujimori, y su asesor Vladimiro Montesinos, en el aparato del Estado.

En esta entrevista, el acusador –con 45 años como empresario-, da a conocer la dramática experiencia que vivió y sigue viviendo en el Perú, y señala que el sistema no se ha reorganizado, a pesar de los esfuerzos realizados por los ex mandatarios Valentín Paniagua y Alejandro Toledo.

El fondo de la denuncia es que “el aparato del Estado con el cual gobernó Toledo es el mismo de Fujimori… Toledo cambió ministros pero toda la gente de Fujimori permanece en el sistema”.

Washington Hispanic: ¿Por qué usted reactiva una denuncia contra el Estado peruano que hizo hace seis años, si ese caso ya fue solucionado a su favor?
Jorge Mufarech: En primer lugar, gracias por la entrevista. En segundo lugar, nunca fue solucionado. Eso fue lo que el Estado peruano le ha dicho  a la OEA, engañando y dando información falsa. Nosotros hemos tenido acceso a esa informacion recientemente. Por eso hemos reactivado la denuncia sobre esta persecución, que presentamos a la OEA en el año 2000 a raíz de una denuncia que me hizo Carmen Higaonna, entonces Superintendente Nacional de Aduanas.

W.H.: Pero, ¿cuál sería el interés de ligarlo a la corrupción?
J.M.: Es muy simple. Cuando denuncié la corrupción en la época de Fujimori, yo presenté pruebas, con documentación acreditada, de que en la Aduana se estaban evadiendo impuestos y que entraba contrabando, que había corrupción y que existía una mafia en la Aduana. Yo renuncié al cargo de ministro, al que llegué por invitación de Fujimori, cien días después de asumir el cargo.

W.H.: ¿Y por qué renunció?
J.M.: Porque ya era insoportable e imposible convivir con un gobierno que protegía a ese corrupto. Pero apenas pasaron dos días hasta que hicieron un operativo marino que consistió en inmovilizar 800 embarcaciones, nacionales e internacionales, que en ese momento estaban navegando en toda la costa del Perú. Se dijo que yo tenía dos yates que habían ingresado de contrabando. Era sólo un yate, con un bote de goma que tenía atrás, que ellos le decían el segundo yate. Y era falso. Pero el yate que no ingresó navegando sino por el puerto, en un trailer desde donde se lo bajó, pasó la aduana, pagó sus impuestos y quedó inscrito en la capitanía del puerto. Sin embargo, la señora Higaonna, que era la jefa de Aduanas, ni siquiera se tomó el trabajo de verificar esos datos y de frente hizo el operativo. Se movilizó a dos mil personas, más o menos, de las aduanas, ministerios públicos, Marina de Guerra, tripulantes de dos fragatas…

W.H.: Como si usted fuera un delincuente…
J.M.: ¡No, un delicuente no! ¡Ni al más grande narcotraficante de la historia del mundo le hicieron eso! Una de las fragatas misileras se colocó en la madrugada delante de mi yate, frente a la costa de Santa María, con 200 a 300 marineros a bordo. Desde una de las fragatas llegó un helicóptero, cuyo personal se fue descolgando al bote de goma. Todo filmado, porque ellos pensaban que iban a descubrir un yate de contrabando. ¡Y por el yate se había pagado todos sus impuestos! No les quedó otra cosa que pedir disculpas.

W.H.: ¿Le pidieron disculpas, entonces?
J.M.: Bueno, se armó una campaña periodística en contra del gobierno. Y se disculparon con todos… menos conmigo. Eso fue a los dos días de mi renuncia.  A los cinco días hacen otro operativo, el de denunciar a un carro Jaguar usado, del año 1992, ingresado en el año 1999 y que, según el “Blue Book” estaba valorizado entre 10 y 15 mil dólares. Lo importan con cinco años de uso, ¿y qué sucede?, que inventan una factura falsa.

W.H.: ¿Una factura falsa sobre el Jaguar?
J.M.: Mire, le han dado cuatro mil vueltas al Jaguar. Al carro lo valorizaron en 18 mil dólares, la supervisora lo puso en 27 mil, y mis hijos pagaron esos 27 mil dólares, porque yo no estaba manejando el tema. Como este auto lo usaba mi esposa para ir a Chile, porque mis hijos estudiaban allá, pues se lo traen. El problema es que, cuando yo ví que pagaron 27 mil dólares, les dije, “oigan, ¿por qué mejor no lo devolvieron, si ese carro en el Perú vale 30 mil dolares, con todo? ¿Cómo van a pagar 17 mil dólares sólo por aduanas, más 1.500 de transporte y 1.500 a la supervisora?, ¡están locos!”. Uno de mis hijos me dijo, “papá, ya estaba el carro acá, si lo devolviamos iba a ser un problema”. Yo me encontraba con mi madre, que estaba mal de salud, y cuando mi hijo me repitió “papá, ya se hizo, en Chile no se podia vender”, dije, “bueno, está bien”.

W.H.: ¿Allí termina la historia…?
J.M.: No, porque de repente, un día salen con la noticia de que había una factura de 40 mil dólares (por el Jaguar), una factura que ha quedado comprobado que era falsa. Las autoridades chilenas demostraron que la factura legal emitida en Chile por las autoridades que exportaron el carro decía 18 mil dólares.  Entonces, ¿cómo no voy a estar envenenado yo? A mi mujer la hacen ir a declarar ante e fiscal. A mis hijos los han llevado hasta el Congreso…

W.H.: ¿Le fabricaron una denuncia?
J.M.: En un sólo día. El fiscal le pasa al juez, el juez al fiscal superior, el fiscal superior al vocal de la sala superior. Y todo en un día. No hay sellos, lo hicieron todo a mano y en los tres días de plazo que yo tengo para ver el expediente ya había sido denunciado en el primer dia, porque lo hicieron para poder tacharme como miembro del Congreso en ese entonces.

W.H.: ¿Y tenían sustento legal para hacerlo?
J.M.: Sí, porque había una ley que sacaron contra Alan García, como se lo dije un día. Le dije, “oiga Alan, la bala que dispararon contra tí me cayó a mí”. Esa ley la hizo ‘Popy Olivera’ contra Alan García, pero nunca lo pudieron acusar fiscalmente y utilizaron después esa ley inconstitucional –felizmente la derogaron después-, contra mí. Me denunciaron fiscalmente y con eso pusieron la tacha. La tacha la formuló la señora Nora Flores, a quien yo había denunciado en la Aduana como la corrupta que había trabajado todas las donaciones de Fujimori. Entonces fabrican esas denuncias para tacharme. Una vez que me tachan consiguen el objetivo, me sacan de la línea política.

W.H.: ¿En que situación se encuentra en el Perú el caso del Jaguar?
J.M.: Legalmente está resuelto, por la Corte Suprema, con cinco votos a cero, el 5 de diciembre del año 2000. Por eso me presenté  en 2001.

W.H.: Entonces, ¿cuál es el problema?
J.M.: Eso es lo que me preguntó un día el presidente Alejandro Toledo: “oye,  ¿por qué te molestan si hay tanta gente que se robó millones de la época de Fujimori y están en la calle? ¿Por qué se meten contigo por cinco mil dólares que no pagaste de impuestos?”.  “Cuidado Alejandro –le repliqué-, yo pagué impuestos demás y a mí no me vengan a decir ahora que evadí impuestos”. El tribunal fiscal determinó que yo había pagado todos mis impuestos, ordenó a la Aduana que anulen todas las multas y yo pagué demás.

W.H.: Lo que llama la atención es que se trata de un caso juzgado, resuelto archivado…
J.M.: Archivado, no se puede tocar más.

W.H.: ¿Por qué entonces los medios de prensa se permiten continuar esa campaña?
J.M.: Es que yo he chocado con ellos.

W.H.: ¿Lograron su objetivo sus acusadores?
J.M.: Hasta el año 2001, cuando Alejandro Toledo me invitó nuevamente a postular, entonces postulé, saqué la tercera votación en el Congreso y desde ahí comencé a investigar todas las redes de corrupción y me encontré con todos los enemigos poderosos, porque yo solamente choco con grandazos, no me meto con chiquitos.

W.H.: ¿Cuál es la finalidad de la denuncia que usted vuelve a presentar contra el Estado peruano en la OEA?
J.M.: Queremos demostrar que la red de corrupcion de Fujimori sigue, está activa, y que en esa red siguen trabajando jueces, fiscales, procuradores…

W.H: ¿Quiere decir que según usted la corrupción no terminó con Fujimori?
J.M.: Yo he denunciado actos de corrupción en la época de Fujimori, pero también lo he hecho en la época de Toledo, porque hemos investigado en el Congreso y nos encontramos una figura central en todo este caso y es José Ugaz Sánchez Moreno, un hombre que ha estado inclusive varios años en Estados Unidos, en Washington. El es uno del propietarios de un estudio de abogados en Perú vinculado a investigaciones cuando él era procurador del Estado.

Así se llevaron los “vladi-videos”
El empresario Jorge Mufarech señala que hay una actitud de eliminarlo de toda investigación en su país debido a que él investigó cómo se robaron los comprometedores videos de las maletas del ex presidente Alberto Fujimori.

W.H.:¿Cómo salieron esas maletas?
J.M.: ¿Como salieron, no? ¡Cómo se las llevaron! El procurador Ugaz es el que recibió la orden del juez Vargas Infante para realizar el allanamiento en la casa de Montesinos. Ugaz, en vez de devolver las maletas inmediatamente, se queda con las 130 y tantas maletas y cajas en Palacio de Gobierno y ahí es donde han desaparecido videos de jueces y empresarios. Con eso asumimos que está chantajeándose a mucha gente. Ugaz es abogado de El Comercio y es un hombre de Fujimori desde el año 92 y después lo nombra como procurador para que investigue también a Montesinos. Y cuando lo mandan a hacer el allanamiento a la casa de Montesinos, quien dirige el operativo es Fujimori. Y hoy Fujimori está a puertas de poder regresar a Perú nuevamente.

 

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Entrega de premios Letelier–Moffitt del Instituto de Estudios Políticos

Duros tiempos para la lucha por los derechos humanos


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La actriz y activista, Vanessa Redgrave, hizo entrega simbólica del Letelier–Moffitt Human Rights Award a Maher Arar, ciudadano canadiense víctima de abusos a los derechos humanos.
Álvaro Ortiz/Washington Hispanic



Este no ha sido un buen año para los activistas de derechos humanos. Es poco creíble que Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo, la que lucha por la democracia y  la libertad, tenga una política que justifique y aliente no sólo la existencia de cárceles secretas, sino la tortura como método válido para obtener información de inteligencia en la llamada “guerra contra el terror” (como ejemplo, sólo hay que ver la reciente ley sobre tribunales militares firmada por el Presidente Bush).

Sin embargo, aún quedan estadounidenses que se preocupan por los derechos fundamentales de las personas. Así se pudo comprobar en la entrega de premios de Derechos Humanos Letelier–Moffitt, que el Instituto de Estudios Políticos (IPS, por sus siglas en inglés) lleva a cabo cada año para honrar a personas e instituciones que toman las banderas de la justicia y el cese de los atropellos políticos.

El premio lleva los nombres de dos miembros de IPS, el diplomático chileno Orlando Letelier y la estadounidense Ronnie Moffitt, víctimas en 1976 de un atentado explosivo ordenado por el servicio secreto del ex dictador Augusto Pinochet, ocurrido en pleno Embassy Row de Washington, D.C.

Este año, en su ceremonia número 30 realizada en el National Press Club, el centro de estudios distinguió a Maher Arar y al Centro de Estudios Constitucionales con su premio internacional; y a la Campaña de Renovación de la Costa del Golfo, por su trabajo con las víctimas del huracán Katrina en el plano doméstico.

Los premiados
La historia del ciudadano canadiense Maher Arar estuvo en todos los periódicos hace algunos meses. En 2002, fue detenido en el aeropuerto JFK de Nueva York impidiéndosele entrar al país. Arar fue deportado a Siria, donde fue torturado en múltiples ocasiones. Posteriormente, al no encontrársele vínculos con grupos terroristas, fue dejado en libertad.
Este año, un informe canadiense concluyó que la detención de Arar fue totalmente arbitraria, culpando a los servicios estadounidenses y de Canadá por el error.

El gobierno norteamericano aún no ha limpiado el nombre de Arar, por lo que no pudo conseguir visa para recibir el premio de IPS.

El premio fue entregado en forma simbólica por la destacada actriz y activista de derechos humanos, Vanessa Redgrave, quien dijo estar orgullosa en la forma que Arar había levantado su voz para hacer presente esta injusticia.

Arar agradeció su premio a través de un video grabado con anterioridad, donde relató brevemente sus días de cautiverio. “Cuando me dijeron que iba a Siria, me quise matar, porque sabía que allí se practica la tortura. Cuando me sacaron la venda de los ojos y vi los carteles con la imagen del presidente sirio, supe que lo peor estaba por llegar. Mi vida cambió desde ese momento para siempre”, dijo antes de quebrarse emocionalmente.

Asimismo, el Centro de Derechos Constitucionales recibió el premio por su trabajo defendiendo a los detenidos en la base estadounidense de Guantánamo, Cuba. Su presidente, Michael Ratner, dijo que si se tuvo que esperar 30 años para que los responsables por el asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Moffitt fuesen llevados a la justicia, su grupo de trabajo estaba dispuesto a esperar otras tres décadas para identificar y juzgar a los que están cometiendo violaciones a los derechos humanos hoy en Guantánamo.

En el plano doméstico, la Campaña de Renovación de la Costa del Golfo obtuvo el premio Letelier–Moffitt por su constante apoyo a las víctimas del Huracán Katrina.

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