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Tiempo de espera
 

El anuncio del presidente George W. Bush de aumentar la vigilancia en la frontera, especialmente con México, para expulsar a todos los indocumentados, parece un discurso más enfocado en calmar las corrientes conservadoras de su partido, que un objetivo real.

No dudamos de los esfuerzos del presidente por proteger a los Estados Unidos, quien, en el acierto o en el error, ha gastado la mayor parte de sus energías en la seguridad nacional.

Lo que dudamos es de la oportunidad de su discurso, y de su promesa a cambio de impulsar un programa de trabajadores temporales, en el cual los extranjeros que viven fuera y dentro de Estados Unidos, podrán participar, siempre y cuando abandonen el país seis años más tarde.

Hasta el momento, el presidente ha navegado entre dos aguas en el tema migratorio, guiado bajo la auto-denominación de ser un “conservador compasivo”. En varias oportunidades ha expresado su reconocimiento al esfuerzo de los once millones de trabajadores indocumentados, al tiempo que siempre ha aclarado que no piensa en una “amnistía”.

A diez semanas para que termine el año y con las elecciones legislativas de 2006 en el horizonte parece difícil que la Casa Blanca impulse con éxito una reforma migratoria.

  El gobierno tiene demasiados frentes en este momento que atender, como para meterse a negociar con éxito una reforma migratoria en el medio del Congreso.

Las bases conservadoras están molestas con Bush por la nominación de Harriet Miers a la Corte Suprema, dudan de su pasado y hubiesen preferido a un juez con credenciales conservadoras.

El déficit fiscal, aumentado ahora con el costo económico y político del huracán Katrina, la guerra en Irak, y las denuncias de corrupción contra algunos de los principales líderes republicanos, hacen pensar que el partido de gobierno no está en condiciones de impulsar una reforma migratoria, que beneficie realmente al indocumentado que trabaja y paga sus impuestos.

Mientras tanto, millones de trabajadores inmigrantes, que hacen el trabajo que nadie quiere y por un sueldo que la mayoría de los estadounidenses no aceptan, siguen en las sombras, expuestos a los abusos de empresarios inescrupulosos, pero sin dejar de soñar que un día podrán alcanzar el mentado sueño americano, aunque deberán de esperar un poco más de lo que creíamos.

 

 

 

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