Hace
dos años, grandes multitudes llenaron
las calles de diversas ciudades de la nación
al grito de “Hoy marchamos, mañana
votamos”. Pues llegó el momento
de demostrarlo. Este martes 4 de noviembre, el
voto hispano debe ser decisivo en la elección
del nuevo Presidente de los Estados Unidos.
La campaña electoral ha sido realmente agotadora
y llega a su tramo final. Los temas en discusión,
especialmente en los tres debates que enfrentaron
a los dos grandes candidatos presidenciales –Barack
Obama y John McCain-, se concentraron básicamente
en la crisis que golpea a la economía del
país y en la guerra en Irak. Esos temas
desplazaron el de la reforma migratoria que, sin
embargo, continúa siendo una gran preocupación
para las familias hispanas, desde el frustrado
esfuerzo del año 2006. Más aun cuando
las redadas masivas y las leyes antiinmigratorias
continuaron acosando a nuestra comunidad en los últimos
meses.
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Aprovechamos
la ocasión para felicitar a las organizaciones
comunitarias que han propiciado el registro de
nuevos votantes en casi todos los estados de
la nación, incluyendo el área metropolitana
de Washington, DC. Lograron un éxito superior
al esperado. Ahora sólo falta convencer
a la gente para que concurra a los precintos
de votación para hacer sentir su peso
y su fuerza política, y al mismo tiempo
elegir como presidente al candidato –republicano
o demócrata- que no sólo se identifique
con sus intereses y sueños sino que sea
capaz de aprobar una reforma migratoria que es
fundamental para determinar el futuro de millones
de inmigrantes indocumentados.
Hay que aprovechar esta única oportunidad:
con su voto y la decisión que tomen, ustedes
pueden ser parte de la historia de los Estados
Unidos.
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