| Necesita
un transplante de hígado |
Joven
con leucemia pide ayuda a la comunidad |
Felipe Lagos
Washington Hispanic
Beatriz Bonilla tiene 16 años y hace
un año que le descubrieron leucemia,
un tipo de cáncer que ataca la sangre.
La joven, que vive en Virginia junto a su
padre Reynaldo y a su madre, María
Hilda, tuvo que dejar sus estudios para someterse
a un intensivo tratamiento de quimioterapia.
“
Cuando supe que mi hija tenía leucemia,
se me derrumbó todo, me sentí morir.
Nadie sabe el peso y el dolor de ver una
hija postrada, ni los doctores se imaginan
lo que siente una madre”, dice María
Hilda, la mamá de Beatriz, sobre el
difícil trance que le ha significado
ver a uno de sus cuatro hijos con esta enfermedad.
Lamentablemente, las quimios resultaron tan
fuertes para su frágil cuerpo, que
dañó su hígado en forma
irremediable. Tanto así, que ahora
la joven está a la espera de un transplante.
“
El doctor nos ha dicho que no podemos hacer
más quimios a Beatriz hasta que se
le haga un transplante de hígado.
Estamos en una carrera contra el tiempo para
conseguir el órgano”, dice María
Hilda.
“
Yo tenía una vida normal. Era bien
alegre, me gustaba reír. No había
decidido qué estudiar aún,
pero me gustaban mucho las matemáticas.
Eso hasta que me empecé a sentir mal,
me dolían los huesos y tosía
mucho. Fuimos al hospital con mi mamá y
me dieron el diagnóstico”, dice
Beatriz, haciendo un resumen de lo que fue
su vida antes de la noticia.
En la actualidad, cerca de 17 mil personas
en Estados Unidos están a la espera
de un transplante de hígado, según
cifras de la United Network of Organ Sharing
(UNOS, por sus siglas en inglés).
De hecho, cada tres días muere una
persona esperando un transplante en el área
metropolitana. El problema es que el tiempo
de espera para un transplante de hígado
es de cuatro años.
La carrera contra el tiempo de Beatriz no
tiene tanto margen. Al no poder recibir más
quimios, cada hora que pase tanto la leucemia
como el daño al hígado irán
debilitando su sistema. Ella sólo
tiene semanas por delante antes de un descenlace
que nadie quiere ver ocurrir.
La carga económica y emocional para
la familia de Beatriz ha sido inmensa. María
Hilda Bonilla dejó de trabajar para
atender las necesidades de su hija, y el
sueldo de Reynaldo, su padre, no alcanza
para cubrir la totalidad de los requerimientos
que nacen de la condición de Beatriz.
Por ello, la familia pide la ayuda de la
comunidad. María Hilda entregó los
teléfonos (703) 799 1229 o (571) 212
2020 para aquellas personas que quieran contribuir
en alguna forma a esta atribulada familia.
“
Le pido a la gente que ore por mi, y que
si pueden ayudar en alguna forma, gracias”,
es el llamado a la comunidad que hace la
propia Beatriz.
Así que ya lo sabe, demostremos la
solidaridad innata de los latinos y ayudemos
a esta necesitada familia.
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