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Error en la Ley de Recetas Seguras de DC




Nuevamente, el miembro del Consejo del Distrito de Columbia David Catania ha demostrado que no reconoce el valor de los medicamentos. El Sr. Catania ha presentado una propuesta de ley que podría atentar contra la relación médico-paciente. Queda pendiente ante el Consejo del Distrito de Columbia su Propuesta de Ley de Recetas Seguras de 2007 (Safe Rx Act of 2007), la cual contiene una amplia gama de provisiones que podrían afectar la calidad del cuidado médico en el Distrito de Columbia.

Es la provisión del “consentimiento informado” de esta legislación lo que atenta contra la relación médico-paciente. Sencillamente, el Sr. Catania, no debería interferir con la capacidad de los médicos para trabajar con sus pacientes y decidir qué medicamentos son mejores para ellos. Despues de todo, la decisión de recetar medicamentos está basada tanto en el conocimiento científico y clínico del médico como en su familiaridad con el paciente.

Esta propuesta también entraría en conflicto con la ley de Medicaid, la cual permite la cobertura de usos farmacéuticos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) o patrocinados por compendios médicos reconocidos.

Por otro lado, la propuesta de ley del Sr. Catania requeriría la licenciatura de los propagandistas o representantes médicos de las companías farmacéuticas y cuyo trabajo es explicar a los médicos la información acerca de los medicamentos y cómo estos funcionan.

Esta provisión de ley tiene el potencial de interferir con la educación de los proveedores de salud al crear cargosos requisitos. Estos representantes médicos entrenados

 

técnicamente, y algunos de los cuales son profesionales de la salud, ya tienen prohibido discutir información no incluída en las etiquetas de los productos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos. Además de esto, los representantes y las compañías a las que representan están sujetos a leyes “contragolpes” (anti-kickback) y a otras provisiones criminales y civiles aplicadas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

De hecho, hace más de cinco años, la organización de Investigación Farmacéutica y Manufacturera de América (Pharmaceutical Research and Manufacturers of America; PhRMA por sus siglas en inglés), decretó una guía para asegurar que la comunicación entre compañías de investigación farmacéutica y los médicos permanezca enfocada en las necesidades de los pacientes.

La ley propuesta por el Sr. Catania con relación a los datos que guardan los médicos recetantes ignora la importancia de estos datos para detectar el uso inapropiado de medicamentos (recreativos), y para asegurar que muestras gratuitas de medicamentos sean distribuídas a médicos con pacientes que necesiten estas medicinas en particular. Además, esta propuesta pasa por alto el hecho de que restringir el acceso a este tipo de datos hace más difícil para las compañías el proveer informes rápidos de productos farmacéuticos retirados del mercado, y podría obstaculizar el reporte de posibles efectos secundarios a la Administración de Drogas y Alimentos (FDA).

(*) Larry Lucas es el vice-presidente de la organización de Investigación Farmacéutica y Manufacturera de América (PhRMA).

 

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Inmigración y crimen: una falsa relación

Por: Benjamin E. Johnson / NewsUSA

Los funcionarios de gobierno locales, estatales y federales suelen ignorar el hecho de que el aumento de la inmigración no genera mayores tasas de criminalidad. En consecuencia, el público a menudo termina siguiendo leyes basadas en mitos y estereotipos, y los inmigrantes se convierten en chivos expiatorios de muchos problemas sociales de la nación.

Uno de los prejuicios más generalizados sobre los inmigrantes es que tienen más probabilidades de cometer crímenes predatorios que los estadounidenses. Falso. De hecho, los inmigrantes tienen menos probabilidades de cometer crímenes o terminar tras las rejas de una cárcel que los estadounidenses.

Desde comienzos de la década de 1990, la inmigración ilegal e indocumentada a Estados Unidos alcanzó máximos históricos, mientras que las tasas de crímenes violentos y crímenes relacionados con la propiedad disminuyeron drásticamente. Entre los hombres de 18 a 39 años, que representan la gran mayoría de la población

  de las prisiones, la tasa de encarcelamiento de los estadounidenses es mucho mayor que la de los individuos nacidos en el extranjero, según el Bureau of Justice Statistics y el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Durante los últimos diez años, se produjo una inmigración indocumentada de gran escala a Estados Unidos. Esto creó problemas administrativos y fiscales considerables para los gobiernos locales y estatales, y agravó los problemas de las escuelas superpobladas y la falta de acceso al cuidado de la salud en las comunidades donde viven los inmigrantes. Sin embargo, no aumentaron las tasas de criminalidad.

No obstante, el mito aún existe e incluso floreció en el clima de miedo posterior a los ataques del 11 de septiembre, en el cual el terrorismo y la inmigración indocumentada van de la mano. Este miedo es uno de los principales fundamentos de las disposiciones establecidas en la Ley Patriota de Estados Unidos de 2001, que permite el arresto, el encarcelamiento y la deportación de quienes carecen de la ciudadanía sin revisión judicial.

 

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