Por: María
Elena Salinas
Hemos escuchado sus historias
desgarradoras. Hemos visto sus rostros con lágrimas
en los ojos. Pero apenas ahora tenemos una mejor idea de
como miles de niños han sido afectados por la detención
y deportación arbitraria de sus padres durante las
redadas de inmigración.
Un exhaustivo informe publicado por el Consejo Nacional de
La Raza y el Instituto Urbano muestra como los niños
pagan el precio más alto por el actual debate migratorio
y por las prácticas de mano dura que han intensificado
las autoridades de inmigración.
Miles de inmigrantes indocumentados han sido arrestados y
deportados durante el último año, pero los
investigadores del estudio se concentraron en tres ciudades
donde se realizaron redadas masivas en los sitios de trabajo.
Estuvieron en Greeley, Colorado; Grand Island, Nebraska;
y New Bedford, Massachussets. Entrevistando a decenas de
personas lograron obtener una visión de primera mano
sobre las repercusiones de las redadas.
Uno de los hallazgos más importantes fue la enorme
cantidad de niños que han resultado afectados. Por
cada dos adultos arrestados un niño quedó atrás.
Entre los 900 adultos arrestados, estaban los padres de más
de 500 niños. Dos terceras partes de esos niños
son ciudadanos de Estados Unidos y una cantidad similar son
menores de 10 años de edad.
Después de la reacción inicial de indignación
por la separación de las familias, agentes de inmigración
empezaron a liberar a algunos de los detenidos que son padres
solteros por razones “humanitarias”, pero muchos
fueron retenidos durante una noche o por varios días.
Algunos fueron enviados a centros de detención en
otros estados. En ocasiones los arrestados no tuvieron acceso
a teléfonos y ni pudieron hacer los arreglos pertinentes
para el cuidado de sus niños.
El impacto a corto plazo -según el estudio- es que
familiares cercanos y organizaciones comunitarias tuvieron
que arreglárselas para asumir en parte el cuidado
de los niños y lidiar con la falta de alimentos, pañales
y ropa para los menores. El impacto a largo plazo es más
inquietante. Tanto los niños como quienes los cuidaban
temporalmente, enfrentaron dificultades económicas
y el trauma psicológico causados por los arrestos
y por la incertidumbre de no saber si los padres volverán
y cuando.
El estudio se concentró en niños, según
el informe, porque “ellos tienen el mayor derecho de
reclamar la protección de la sociedad, especialmente
cuando son ciudadanos y están integrados a sus escuelas
y comunidades”. Para muchos de ellos, Estados Unidos
es el único país que han conocido.
Nora Sandigo no podría estar más de acuerdo.
La empresaria nicaragüense convertida en activista de
inmigración se ha convertido en una máquina
de lucha por los derechos de los niños que corren
el riesgo de quedarse solos como consecuencia de las redadas.
Sandigo ha estado defendiendo los derechos de los inmigrantes
desde que fundó la organización comunitaria
Fraternidad Americana en 1989, en Miami.
Pero ahora más que nunca lleva un peso grande sobre
sus hombros. A ella le ha sido otorgada la custodia legal –como
Guardia por Extensión- de más de 600 niños
hijos de inmigrantes indocumentados de distintas partes del
país. Se calcula que alrededor de 5 millones de niños
nacidos en Estados Unidos tienen por lo menos un padre indocumentado.
Sandigo está dispuesta a pelear para evitar la separación
de estos niños de sus padres por cualquier frente.
Se reunió recientemente con miembros del Comité Hispano
del Congreso y logró que se comprometieran a presentar
un proyecto de ley que intente bloquear las deportaciones
y les otorgue a los padres indocumentados de niños
nacidos en Estados Unidos una visa por cinco años
renovable hasta que sus hijos estadounidenses los puedan
reclamar.
Pero eso no es todo. Ella ha llevado su lucha hasta el más
alto tribunal de la nación. Una demanda legal fue
presentada ante la Corte Suprema a nombre de cientos de niños
alegando que sus derechos civiles, humanos y constitucionales
han sido violados por la detención y deportación
de sus padres y exigen una moratoria en las redadas.
Por fortuna existen organizaciones e individuos en este país
que están velando por los derechos de los miembros
más vulnerables de nuestra sociedad. Pero un país
que mantiene como su meta central educativa el no dejar atrás
a ningún niño, necesita darse cuenta de cómo
sus políticas y prácticas migratorias no sólo
están dejando atrás a millones de niños
inocentes sino que además están poniendo en
riesgo su futuro y bienestar.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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