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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Caminando
por los pasillos del Congreso tras la impresionante
derrota republicana en los comicios del 7 de noviembre,
se respira un aire totalmente diferente. Naturalmente,
los republicanos están apenados, y entre ellos
se pelean. Algunos dicen que la miopía de
la Casa Blanca de no reconocer hasta muy tarde lo
harto que estaba el público estadounidense
por la situación en Irak fue la clave de su
derrota. Y otros juegan al “te lo dije”.
No funcionó, aseveran, esa política
anti-inmigrante que abogaba la extrema derecha del
partido. “Eso nos jorobó en las elecciones”,
dijo un analista republicano, “y perdimos el
voto latino”.
Una abrumadora mayoría de votantes hispanos –el
70 por ciento- le dio el “sí” a
candidatos demócratas, y varios congresistas
de mano dura hacia la inmigración están
actualmente haciendo maletas.
No está demás recordarle a la entrante
mayoría demócrata que ahora tienen
que responder. La que será la lideresa de
la mayoría en la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi, causó un poco de disgusto cuando
justo al día siguiente de las elecciones anunció su
agenda para la nueva sesión y se le escapó incluir
el tema de una reforma migratoria. Sus allegados
aseguran que ella sí está comprometida
con lograr un acuerdo, pero ofrecieron una variedad
de excusas, incluyendo “fue sin querer” o
la lista incluye cosas que fácilmente pueden
ser aprobadas, como un aumento al salario mínimo,
y que la reforma migratoria es “complicada”.
A lo mejor andan con cautela porque no se acostumbran
a ser mayoría luego de 12 años en las
tinieblas.
Eso es fácil de entender, pero que tengan
cuidado, porque el Partido Republicano ya anda haciendo
estrategia para volver a captar ese importante voto
latino. Esta semana nombraron al senador republicano
Mel Martínez de la Florida para ser principal
recaudador y portavoz del Comité Nacional
Republicano (RNC, en inglés), el primer hispano
en el puesto. Esto fue lo primero que dijo: “yo
espero llevarles a los hispanos de esta nación
el mensaje de que el Partido Republicano se interesa
por ellos y quieren que sean parte de este partido”.
En otra selección política, los latinos
demócratas de la Cámara baja escogieron
al congresista Joe Baca, de California, como presidente
de la bancada hispana (Congressional Hispanic Caucus,
CHC, por sus siglas en inglés) para reemplazar
a la saliente congresista Grace Napolitano, que tiene
que dejar el puesto luego de estar al mando por dos
años. Aparentemente, algunos pensaban que
Baca no serviría como líder de los
latinos demócratas y que el liderazgo demócrata
no iba a tomar al grupo latino en serio con él
al mando. Resulta que la controversia persigue a
Baca. Como por ejemplo, un bochinche se desató cuando
un comité de recaudación de fondos
del CHC destinó dinero a las campañas
en California de sus dos hijos. Otro tumulto ocurrió cuando
varios ex-empleados los acusaron de obligarlos a
trabajar en las campañas de sus hijos cuando
todavía estaban cobrando salarios del Congreso,
algo que no se permite bajo ley federal. Baca asevera
que no ha hecho nada malo y que simplemente andan
detrás de él porque “algunos
son como los cangrejos y no quieren ver a los demás
tener éxito”.
Sus críticos dicen que él será un
desastre, pero ningún otro legislador se postuló seriamente
para presidir al CHC. Baca salió electo porque,
como ocurre en Cuba, cuando sólo hay un candidato
en la papeleta electoral, pues éste es el
que sale aunque sea un desastre.
Enhorabuena, creo.
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