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El
país tiene mucho que celebrar en el Día
de Acción de Gracias este jueves 23. En
primer lugar, porque se llega al final del año
con muchas esperanzas acrecentadas, especialmente
en el seno de la comunidad hispana. Millones de
familias están en espera de un cambio que
asegure de una vez por todas su estabilidad y el
bienestar de sus hijos.
Por ello, las oraciones se dirigirán seguramente
para que se abran las mentes de nuestros legisladores,
no sólo de los demócratas, vencedores
de la reciente contienda electoral, sino también
de los republicanos, que también forman
parte indeleble de la nación.
Ambas bancadas legislativas deberían ponerse
de acuerdo, poniendo de lado todo interés
partidario, para tomar una decisión que
fortalezca la seguridad nacional, y permita que
millones de inmigrantes salgan de las sombras y
entren de lleno a participar en el desarrollo de
esta nación que los .
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acoge
y a la que aportan con su trabajo duro y esforzado.
Así realmente el Día de Acción de Gracias tendrá razón
de ser para nuestra comunidad. De esa manera, el legado dejado por los peregrinos
que llegaron al Nuevo Mundo hace cuatro siglos se convertirá en una realidad
digna y concreta.
No olvidemos que aquellos peregrinos fueron los primeros inmigrantes, que llegaron
desde el continente europeo. Según la leyenda, ellos compartieron sus
cosechas con las tribus indígenas de aquel entonces, hecho que es motivo
de recuerdo para todos los estadounidenses.
Esperamos que esa fuente de inspiración permanezca vigente y que muy pronto
otros peregrinos, llegados esta vez de la América morena –es decir,
los hispanos-, sean quienes logren compartir para siempre esta apasionante tradición.
Roguemos porque así sea. Amen |