Por:
Larry Craig (*)
El Día de los Veteranos, que se celebra
este mes, siempre ha sido una importante fecha
para mí porque es una oportunidad de darle
las gracias a los veteranos por sus sacrificios,
y de animar a otros a que les agradezcan también.
En los últimos años, sin embargo,
el día se ha vuelto mucho más significativo
ya que estoy al frente del Comité del Senado
sobre los Asuntos de los Veteranos.
Siempre he tenido gran fe en el espíritu
de nuestra nación y de nuestra gente. Desde
que asumí el liderazgo del comité,
sin embargo, constantemente he escuchado nuevos
relatos de valentía que refuerzan aún
más esa fe. El calibre de nuestros hombres
y mujeres de uniforme nunca cesa de maravillarme
y me recuerda lo bendecidos que somos de vivir
aquí.
Uno de esos relatos se ha quedado firmemente grabado
en mi mente. Es la historia del teniente Ross C.
Bales, el joven piloto de un B-17, originario de
Caldwell, Idaho. Supe de él cuando me encontraba
visitando varios cementerios estadounidenses en
Europa y el norte de África hace unos meses.
Nadie me pudo decir a ciencia cierta si otros miembros
del Congreso habían visitado antes la morada
final de nuestros valientes soldados para cerciorarse
que los cementerios estuviesen bien mantenidos.
Nos complació a todos ver que si están
bien cuidados.
El nombre del teniente Bales estaba grabado en
una pared en un cementerio en
los Países Bajos, como tributo a los estadounidenses que perdieron su
vida en la Segunda Guerra Mundial, pero cuyos restos jamás fueron recuperados.
Bales participó en un total de 35 misiones en Europa. Es un logro extraordinario,
considerando lo rápido que muchos pilotos morían en ese conflicto.
Bales le dio un nombre a su avión. Le llamó “el Pelapapas
de Idaho” (Idaho Potato Peeler) en honor al cultivo más famoso de
su estado. La aeronave era confiable, pero tras una misión particularmente
difícil, Bales se vio obligado a aterrizar panza arriba en Chipping Warden,
Reino Unido, en enero de 1943. Bales y su tripulación salieron ilesos
de la emergencia.
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Sin amedrentarse, y con un nuevo avión,
Bales pronto volvió a los aires. A esta
segunda aeronave la llamó “los chicos
Pela Papas” (Potato Peeler Kids). Pero el
14 de mayo de ese mismo año, en una misión
a Kiel, Alemania, fue atacado. Lo último
que se vio fue su nave viniéndose abajo
y estrellándose en el mar.
¿ Qué es lo que motiva a una persona como Bales a incorporarse
a las fuerzas armadas y entregar su vida en beneficio de los demás? Es
lo que tienen los soldados sirviendo en Afganistán, Irak y en todas partes
del mundo: patriotismo, altruismo y un sentido de deber en la protección
de nuestros ideales y nuestro pueblo.
He podido platicar con muchos de ellos cuando les visité en Irak el año
pasado. En esa visita, junto con el secretario de Asuntos de los Veteranos, Jim
Nicholson, nos reunimos con miembros de la 116 Brigada de Idaho. Me impactó la
emotiva respuesta de los soldados. Uno de ellos, con lágrimas en sus ojos,
nos dijo: “no pensé que vendrían”. Yo había
prometido visitarlos cuando me reuní con ellos antes de su partida. Su
sentido agradecimiento me confirmó que ellos necesitan saber que les apreciamos.
Yo los aprecio. Creo que todo estadounidense les aprecia.
Después de conversaciones con muchos veteranos, me doy cuenta que ellos
no se consideran héroes. Pero no estoy de acuerdo. Ustedes, que han integrado
las fuerzas armadas, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, son héroes.
Con su servicio han contribuido a la seguridad del país; han mantenido
fuerte a la nación. Gracias por resguardar el precioso regalo de la libertad
para todos.
Por el Día de los Veteranos, que se celebró el 11 de noviembre,
animo al lector a agradecer a un veterano por su servicio. No asuma que alguien
le ha dado las gracias antes. Si alguien lo hecho, otra expresión de gratitud
a un héroe nunca le hace daño.
(*) Senador Republicano de Idaho. |