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Las nuevas perspectivas de
la inmigración en el Congreso


Por: Jorge Delgado (*)

En el listado de sitios favoritos en Internet de mi computadora, se encuentran algunas de las páginas de los grupos antiinmigrantes más recalcitrantes del país.

Me refiero a aquellos que promueven la construcción de muros, impulsan leyes que cancelen los beneficios para los indocumentados, apoyan una enmienda a la Constitución que niegue la ciudadanía estadounidense a los hijos de inmigrantes sin estatus legal, e inclusive exigen que se detenga y deporte hasta el último ser humano que carezca de documentos.

De cuando en cuando, me doy un paseo por estas páginas para honrar uno de los consejos básicos del estratega militar chino Sun Tzu en su obra “El Arte de la guerra”: “Para ganar la guerra hay que conocer al enemigo, saber cómo piensa y conocer cuáles son sus defectos”.

Revisando la página de FAIR, The Federation for American Immigration Reform, encontré dos artículos que en sí mismos no dicen nada trascendente, pero comparados, reflejan cuán manipulable es el problema migratorio.

En el primero de ellos, que hace un análisis de los motivos que provocaron que muchos de los republicanos de línea dura perdieran sus curules –asientos parlamentarios-, dice lo siguiente:

"Mirando los resultados de las elecciones es claro que la inmigración no estuvo en la mente de los votantes el martes 7, la causa fue la desaprobación hacia el presidente Bush y la guerra de Irak".

En el otro artículo, en el que analizan por qué ganaron los demócratas, el razonamiento es diametralmente opuesto:

“ Los nuevos demócratas fueron elegidos por la promesa a los votantes de implementar políticas efectivas contra la inmigración ilegal”.

Es decir que, de acuerdo a estos genios, el tema migratorio carece de importancia cuando se trata de demostrar que la sociedad estadounidense rechazó a los políticos de línea dura y prefirió a los más moderados que apoyarían una eventual reforma comprensiva, pero en cambio adquiere importancia capital cuando se quiere vender la idea de que cualquier reforma migratoria que beneficie a los indocumentados perjudicará a la mayoría demócrata ante el electorado del país de cara a la elección presidencial de 2008.

  La verdad de las cosas es que, a la hora de sacar en limpio los resultados electorales, es evidente que una amplia mayoría de los votantes rechazó a aquellos candidatos que basaron sus campañas sólo en la persecución de los inmigrantes indocumentados. La prueba más fehaciente es que se estima que 20 de los 101 miembros del Grupo Republicano del Congreso que siguen una línea restrictiva de las leyes migratorias tendrán que observar las sesiones a través de la televisión en 2007.
En Arizona, dos candidatos cuyas campañas se basaron en un solo tema, el ataque inmisericorde contra los indocumentados, fueron rechazados por los votantes, Randy Graf, miembro de los Minuteman, y J. D. Hayworth, un conservador republicano que trató de ligar la inmigración indocumentada con el terrorismo.

En Indiana, los votantes mandaron a su casa a John Hostettler, presidente del Subcomité de Inmigración de la Cámara Baja y que enarboló un permanente rechazo a cualquier ley que beneficiara a los indocumentados durante su gestión.

Con la mirada puesta en el Congreso número 110 está claro que las posibilidades de que se apruebe una reforma migratoria comprensiva han aumentado considerablemente.

El Senado ya aprobó antes de las elecciones, una medida que consideraba una vía de legalización para una parte de los indocumentados basada en el tiempo de residencia en el país, pero con la nueva mayoría demócrata sería de esperarse que se apruebe una medida mucho más amplia, cuya base puede ser el proyecto de ley Kennedy-McCain.

La pelea más interesante será en la Cámara Baja dónde todavía hay un gran número de representantes republicanos que se oponen rotundamente a cualquier ley que conceda derechos a las personas sin documentos, y donde ciertamente será fundamental la postura de los demócratas de línea conservadora y de los republicanos más moderados.

En este contexto, la figura que emerge como trascendental en la posible aprobación de una reforma migratoria comprensiva es la del presidente George W. Bush. Si su supuesto apoyo a una legalización ganada y a un programa de trabajadores temporales es sincero y real, está en sus manos ejercer ahora la presión que no ejerció antes sobre los miembros de su partido.

El beneficio podría ser por partida doble: que la agenda con la que arrancó su segundo período alcance un triunfo legislativo, y recuperar un poco el terreno perdido por los republicanos entre los votantes hispanos con miras a las elecciones presidenciales de 2008.
 

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El nuevo Congreso y las prioridades
de Estados Unidos en el hemisferio (II)

Por: Eduardo A. Gamarra (*) y Diana Pardo (**)
(Continuación)

Frente al tema de las drogas, el enfoque general basado en la prohibición y la represión tampoco cambiará. La lógica de la lucha contra las drogas, que concentra los esfuerzos de los gobiernos en los puntos de oferta más que en la demanda viene de mucho tiempo atrás, desde que el presidente Reagan declaró la guerra contra las drogas, en la década de los ochenta.

Lo que sí puede suceder es que disminuya la ayuda que se le da a Colombia para la lucha contra las drogas a través del Plan Colombia. Esto obedece a factores como el hecho de que la cantidad de hectáreas de coca sembradas en el país no ha disminuido y por el contrario, de 2004 al 2005 aumentaron en 26 por ciento, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado y de la Oficina del control de Drogas de los Estados Unidos; en el mercado de Estados Unidos, no se han observado cambios con respecto al precio de la cocaína, y su pureza se mantiene intacta.

Así es que si no se han visto beneficios concretos después de seis años del Plan Colombia frente al tema de las drogas, habrá que replantear la estrategia que se está utilizando, hacia un enfoque más orientado a combatir el consumo y la distribución de drogas. Frente a este último caso, México representa uno de los puntos de distribución de cocaína más importantes, y quizás a donde se vaya a dirigir la política antidrogas de Estados Unidos en un futuro cercano.
Comercio: Respecto al libre comercio y los acuerdos que tienen pendiente aprobación legislativa el debate dentro del nuevo Congreso Demócrata será más difícil. A pesar de que en

 


 

1994 los demócratas apoyaron ampliamente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, NAFTA, hoy sin embargo, más de una década después de la firma de este Acuerdo, hay muchas dudas y preguntas sobre los beneficios reales que ha representado el Tratado para la economía de Estados Unidos. Tanto es así que en julio del año pasado el apoyo demócrata para la aprobación de CAFTA-DR fue mucho más cauteloso, pasando con un estrecho margen de sólo dos votos.

El Congreso demócrata apoyará con límites los acuerdos de libre comercio y seguramente considerará con mayor firmeza los aspectos laborales y ambientales de los tratados. Esto puede ser un obstáculo insalvable para los países andinos que tienen en trámite un TLC en el Capitolio. Si bien el último acto del Congreso Republicano saliente puede ser prorrogar el sistema de preferencias arancelarias andinas (ATPDEA) que se vence en diciembre, lograr que la mayoría demócrata simplemente ratifique los TLC será una tarea muy difícil. Más difícil aún será que el nuevo Congreso le entregue autoridad vía rápida (fast track authority) a George W. Bush para negociar otros TLC en cualquier parte del mundo.

Esta timidez demócrata hacia Latinoamérica afectará también a otras iniciativas, ya que en la perspectiva de los votos que necesitarán para alcanzar la presidencia en las próximas elecciones de 2008 su prioridad apuntará hacia políticas proteccionistas de apoyo a los trabajadores locales, los sindicatos, la generación de empleos y el aumento de los salarios mínimos.

 

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