Por:
Harry M. Reid (*)
Hace pocas semanas el presidente Bush nominó al
Juez Samuel A. Alito para servir en la Corte Suprema
de Estados Unidos. Felicito al Juez Alito por este
importante honor, y prometo que los Demócratas
del Senado ayudaremos a asegurar un proceso de
confirmación digno y minucioso.
Conforme examino el proceso de confirmación
con una mente abierta, incluso en esta etapa temprana,
tengo un número de preocupaciones significativas
que quiero compartir con mis colegas.
Primero, esta selección del presidente no
fue el producto de una consulta con los Demócratas
del Senado. En dos ocasiones anteriores, el presidente
Bush invitó al senador Leahy y a mí persona
a la Casa Blanca para discutir el futuro de la
Corte Suprema. Sentí que el presidente escuchó seriamente
nuestros puntos de vista, y me pareció que
entendió que el trabajo de llenar vacantes
judiciales es una responsabilidad constitucional
que él comparte con el Senado.
Pero esta vez, en lugar de una invitación
a la Casa Blanca, recibí nada más
que una llamada telefónica de protocolo,
casi una hora antes de que el presidente anunciara
su nominación. Es más, el presidente
sí consultó sobre la nominación
del Juez Alito, pero no conmigo o con el Senador
Leahy. De acuerdo a reportes de la prensa, la Casa
Blanca consultó ampliamente con los activistas
conservadores para asegurar que el presidente Bush
no los defraudará con su elección.
Sitios web conservadores recibieron la noticia
sobre la nominación de Alito antes de que
cualquier Demócrata del Senado fuera informado.
El consultar no es solo una cortesía. Es
una forma en la que el presidente puede asegurar
que los candidatos para puestos vitalicios en la
Corte Suprema reciban un apoyo amplio y bipartidista
en el Congreso.
La segunda razón por la cual tengo preocupaciones
tempranas sobre esta nominación es que ésta
representa un abandono del principio de que la
Corte Suprema debería estar conformada por
individuos altamente calificados de diferentes
procedencias, con diferentes experiencias y herencias.
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Es
muy sorprendente que el presidente Bush haya
escogido a un hombre para reemplazar a Sandra
Day O’Connor, la primera de sólo
dos mujeres que han sido nombradas para la Corte
Suprema. Hoy, a diferencia de hace 24 años
cuando la misma O’Connor fue nominada,
más de la mitad de las estudiantes de
leyes de la nación son mujeres. Hay un
incontable número de mujeres en los tribunales,
en puestos de elección popular, en firmas
de abogados, y sirviendo como decanas de escuelas
de leyes. No puedo creer que el Presidente haya
buscado a lo largo de la nación y que
no haya podido encontrar a una mujer calificada
para su elección. Quizás no fue
capaz de encontrar una nominada calificada que
a la vez satisfaga al ala de extrema derecha
del Partido Republicano.
Al mismo tiempo, y por tercera vez, el presidente Bush rechazó la oportunidad
de hacer historia nominando al primer hispano a la Corte. ¿Cuánto
tiempo más tendrán que esperar los hispanos de todo Estados Unidos
para ver a alguien nominado a la más alta corte de la nación que
comparta su herencia étnica y sus experiencias comunes?
Todos coinciden que Sam Alito es un hombre decente y que sus colegas lo estiman.
Ha dedicado toda su carrera legal al servicio público, y merece admiración
por eso. A lo largo del proceso de confirmación yo trabajaré para
asegurar que el Juez Alito sea tratado con civismo y respeto. Pero no es irrespetuoso
pedir una revisión justa y con la mente abierta cuando se trata de la
visión de un nominado sobre la Constitución y su compromiso con
los valores esenciales de los Estados Unidos como igualdad, privacidad y justicia.
Tengo confianza de que el Comité Judicial del Senado, bajo el hábil
liderazgo de los senadores más antiguos, de Pensilvania y Vermont, harán
una labor maravillosa de iluminar el historial y las opiniones del Juez Alito.
El resto del Senado, y el resto de la nación estarán prestando
atención.
(*) Líder Demócrata del Senado; representa
al estado de Nevada.
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El
60 aniversario del juicio contra los nazis
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Por
Deborah Cole
El histórico proceso de 21 dirigentes
nazis que se abrió hace 60 años
en Nuremberg fue el primer juicio a ex gobernantes
de un país por crímenes de guerra
y de lesa humanidad e hizo evolucionar el derecho
internacional.
Un año más tarde, en diciembre
de 1946, el derecho aplicado a Nuremberg se convirtió en
derecho internacional –bajo el nombre de
los "principios de Nuremberg"-, que
inspiraron recientemente la creación de
la Corte Penal Internacional.
Los jerarcas del régimen nazi debían
responder, en ausencia de Adolfo Hitler, a tres
cargos: "crímenes de lesa humanidad", "crímenes
de guerra" y "crímenes contra
la paz".
A la demanda de Estados Unidos, potencia ocupante
en el sur de Alemania, la ciudad de Nuremberg
fue elegida para ser sede de las audiencias,
debido al símbolo que representaba el
recuerdo de las concentraciones del partido nazi.
En la apertura del juicio, en noviembre de 1945,
las medidas de seguridad fueron excepcionales.
El tribunal estaba conectado a través
de un subterráneo a una sala especial,
donde los detenidos eran vigilados las 24 horas
del día, lo que no impidió que
el número dos del régimen nazi,
Hermann Goering, se suicidara envenenándose
el 15 de octubre de 1946, la víspera de
su ejecución.
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Sin
sus uniformes, los criminales nazis tenían
una apariencia gris y lamentable para los espectadores,
seleccionados para presenciar las audiencias,
entre ellos 350 periodistas y escritores, como
los estadounidenses John Steinbeck y Ernest Hemingway,
el alemán Erich Kaestner, y otros alemanes
desconocidos entonces, como el futuro súper
espía de la República Democrática
Alemana Markus Wolf y el futuro canciller socialdemócrata
de la República Federal de Alemania, Willy
Brandt.
En el comienzo de este histórico proceso –que reunió a un
millar de colaboradores en torno a su organizador, el juez estadounidense Robert
Jackson, y en el que las audiencias fueron traducidas al alemán, inglés,
francés y ruso- todos los acusados se declararon "nicht schuldig" ("no
culpables").
Pero un filme obtenido por los aliados occidentales en los campos de concentración
de Alemania desveló rápidamente la dimensión del crimen.
Otros filmes también abrumadores suscitaron una intensa emoción,
como los obtenidos por los soviéticos en los campos de exterminio de Auschwitz
y Maidanek.
Hoy, la sala 600, donde se realizaron las audiencias, se encuentra en el edificio
de la Audiencia Provincial de Nuremberg y se conserva tal como estaba amueblada
y equipada en 1945/46. |
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