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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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En esta semana de Halloween y Día
de Muertos, de nuevo aparece el fantasma del gringo
racista para asustar a los inmigrantes. Esta vez
se trata del debate sobre si se le debería
ofrecer licencias de conducir a personas indocumentadas.
El gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, propuso
darle las licencias para asegurar la seguridad de
los conductores del estado. No queremos a personas
guiando en Nueva York que no sepan las leyes y que
pongan sus vidas y de los demás en peligro,
dijo Spitzer al hacer el anuncio de las licencias.
Spitzer se echó para atrás un poco –ahora
propone diferentes tipos de licencias de conducir
para indocumentados- cuando le llovieron las críticas
de la rama xenofóbica del país, gente
que aparentemente prefiere tener menos seguridad
en las carreteras.
Los que se oponen a darle licencias de conducir a
conductores indocumentados argumentan que esto sería
otra medida más de “premiar” a
personas que rompieron las leyes al llegar y estar
aquí ilegalmente. Pero sólo se trata
de buscar una manera cuerda de lidiar con los millones
que ya están aquí y que no se irán.
Muchos políticos, arrastrados por esa ola
antiinmigrante, son capaces de decir lo que sea para
conseguir votos. Saben que como los indocumentados
no votan y muchos conservadores e incluso muchos
racistas sí, prefieren montarse en la tribuna
de ataques contra los inmigrantes, aunque pueda resultar
en grandes cantidades de personas conduciendo en
las carreteras del país sin licencia, sin
saber nada sobre las leyes, como potenciales bombas
a punto de estallar en choques y otros graves problemas.
Y no solo los republicanos. El estereotipo es que
el legislador republicano es el que le tira a los
inmigrantes, pero los demócratas son igual
de culpables. Y lo que más fastidia son los
políticos que hacen una cosa y luego dicen
lo contrario o no explican bien alguna postura que
hayan tomado. El senador Barack Obama, de Illinois,
nunca ha querido explicar por qué votó a
favor de una barda fronteriza, y la senadora Hillary
Clinton,, de Nueva York, dijo que estaba a favor
de la propuesta del gobernador Spitzer para luego
decir que a lo mejor no, y después que sí.
O sea, siempre sí. O siempre no.
Pero no todo es sombrío esta semana. Los inmigrantes
están de fiesta con el anuncio que el ultra
conservador político Tom Tancredo, republicano
del estado de Colorado, anuncia que se retira de
la Cámara de Representantes, diciendo que
su intención era poner el tema de la inmigración
por delante de otras cosas, y así ha hecho.
Pero cuidado. Como en esas películas de terror,
donde el monstruo se niega a morir, por más
balazos y cuchilladas que reciba, Tancredo pudiera
resucitar en la otra cámara legislativa. Dice
que está seriamente considerando postularse
para el Senado federal, en contra del actual legislador
demócrata Ken Salazar.
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