Por:
José R. Uzal
Los Estados Unidos fueron una colonia de Inglaterra.
En todas las colonias, sin importar el imperio
al que pertenecían, el idioma se corrompía.
Los ingleses miran a sus primos de América
con el mismo desdén que los capitalinos
han usado siempre con los provincianos. Los españoles
no nos enseñaron a pronunciar la “c” y
la “z”, y nos condenaron a no sesear
para identificarnos rápidamente como coloniales.
Los estadounidenses, por similar razón,
no fueron ejercitados en usar el acento y el vocabulario
de la aristocracia inglesa.
En EEUU exigen que nosotros los hispanos hablemos
inglés, pero ellos hablan un dialecto reconocido
como “american english”, que no es
inglés. Hasta el día de hoy, cuando
los estadounidenses llegan a Inglaterra son inmediatamente
identificados como “Yanks” y cuando
nosotros abrimos la boca en España descubrimos
que somos “Sudacas”. Las colonias y
los imperios están separados, como dijo
Winston Churchill, por una lengua común.
Yo nunca he conocido a nadie, en mis 65 años
y mis dos vueltas al mundo, que no quisiera poder
hablar inglés. Es un idioma breve y eficiente.
El mundo entero es o quiere ser bilingüe en
inglés. El único lugar del mundo
donde el idioma inglés está en peligro
de desaparecer, según algunos nativos, es
Estados Unidos. Los niveles de competencia varían
pero la habilidad del mundo en comunicarse en inglés
está vigente y en aumento. El hablar inglés
en ciertas sociedades es una carrera, como lo es
ser hombre y ser blanco. La ausencia de cualquiera
de estas tres características asegura una
vida de lucha derribando barreras para sobrevivir.
El problema con los idiomas es que no se enseñan,
como se muestran un par de piernas firmes, o una
cara bonita. No, los idiomas hay que aprenderlos,
como se aprende un poema o una canción y
ahí esta el problema.
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El aprender depende de la habilidad
y destreza de cada uno. Muchos entienden el inglés
pero al tener que abrir la boca para expresar
una idea, la mente, como un televisor antiguo,
pierde la señal y queda en blanco.
Otros son personas mayores
con limitadas habilidades cognitivas. Todos los
que aprendimos inglés a palos, hemos sufrido
el pánico producido por no saber cómo
pedir algo en un establecimiento o no entender
las etiquetas en el supermercado. Nuestros hijos
no pasarán por eso.
Aquellos que demandan que hablemos inglés
sin tomar en consideración lo antes expuesto,
son generalmente mono-lingüistas ineptos,
ya que si hablaran algún idioma correctamente
comprenderían lo difícil que es
llegar a dominar otra lengua. Después
de llegar a hablar un nuevo idioma nos queda
el acento. El acento producido por la inhabilidad
de la lengua de posarse en el lugar correcto
a menos que se preste atención y por las
ambigüedades del idioma. El acento asegura
que aunque nuestro vocabulario en inglés
sea extenso, nuestra procedencia sea evidente.
Nadie ha definido con certeza cuándo una
persona habla un idioma. Los turistas lo hablan
con un diccionario en mano, los hombres de negocios
lo hablan cuando tienen la motivación
pecuniaria y los filósofos lo hablan a
un nivel más alto. La tabula rasa más
cercana para medir la competencia en un idioma
es cuando se comprende su humor.
Todos los hispanos queremos hablar inglés. Todos los estadounidenses quieren
que hablemos inglés, pero primero son ellos los que tienen que decidir
cuál inglés debemos aprender y en qué momento y a qué nivel
se nos tildará de ser angloparlantes.
uzal@msn.com
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