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Yo no hablo inglés y ellos tampoco




Los Estados Unidos fueron una colonia de Inglaterra. En todas las colonias, sin importar el imperio al que pertenecían, el idioma se corrompía. Los ingleses miran a sus primos de América con el mismo desdén que los capitalinos han usado siempre con los provincianos. Los españoles no nos enseñaron a pronunciar la “c” y la “z”, y nos condenaron a no sesear para identificarnos rápidamente como coloniales. Los estadounidenses, por similar razón, no fueron ejercitados en usar el acento y el vocabulario de la aristocracia inglesa.

En EEUU exigen que nosotros los hispanos hablemos inglés, pero ellos hablan un dialecto reconocido como “american english”, que no es inglés. Hasta el día de hoy, cuando los estadounidenses llegan a Inglaterra son inmediatamente identificados como “Yanks” y cuando nosotros abrimos la boca en España descubrimos que somos “Sudacas”. Las colonias y los imperios están separados, como dijo Winston Churchill, por una lengua común.

Yo nunca he conocido a nadie, en mis 65 años y mis dos vueltas al mundo, que no quisiera poder hablar inglés. Es un idioma breve y eficiente. El mundo entero es o quiere ser bilingüe en inglés. El único lugar del mundo donde el idioma inglés está en peligro de desaparecer, según algunos nativos, es Estados Unidos. Los niveles de competencia varían pero la habilidad del mundo en comunicarse en inglés está vigente y en aumento. El hablar inglés en ciertas sociedades es una carrera, como lo es ser hombre y ser blanco. La ausencia de cualquiera de estas tres características asegura una vida de lucha derribando barreras para sobrevivir.

El problema con los idiomas es que no se enseñan, como se muestran un par de piernas firmes, o una cara bonita. No, los idiomas hay que aprenderlos, como se aprende un poema o una canción y ahí esta el problema.

 

El aprender depende de la habilidad y destreza de cada uno. Muchos entienden el inglés pero al tener que abrir la boca para expresar una idea, la mente, como un televisor antiguo, pierde la señal y queda en blanco.

Otros son personas mayores con limitadas habilidades cognitivas. Todos los que aprendimos inglés a palos, hemos sufrido el pánico producido por no saber cómo pedir algo en un establecimiento o no entender las etiquetas en el supermercado. Nuestros hijos no pasarán por eso.

Aquellos que demandan que hablemos inglés sin tomar en consideración lo antes expuesto, son generalmente mono-lingüistas ineptos, ya que si hablaran algún idioma correctamente comprenderían lo difícil que es llegar a dominar otra lengua. Después de llegar a hablar un nuevo idioma nos queda el acento. El acento producido por la inhabilidad de la lengua de posarse en el lugar correcto a menos que se preste atención y por las ambigüedades del idioma. El acento asegura que aunque nuestro vocabulario en inglés sea extenso, nuestra procedencia sea evidente.

Nadie ha definido con certeza cuándo una persona habla un idioma. Los turistas lo hablan con un diccionario en mano, los hombres de negocios lo hablan cuando tienen la motivación pecuniaria y los filósofos lo hablan a un nivel más alto. La tabula rasa más cercana para medir la competencia en un idioma es cuando se comprende su humor.

Todos los hispanos queremos hablar inglés. Todos los estadounidenses quieren que hablemos inglés, pero primero son ellos los que tienen que decidir cuál inglés debemos aprender y en qué momento y a qué nivel se nos tildará de ser angloparlantes.

uzal@msn.com

 

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La NASA reconoce peligros en aviación



La NASA cambió de parecer y anunció el pasado miércoles 31 que sí entregará al Congreso los resultados de una investigación que intentó retener durante mucho tiempo, revelando graves problemas en la aviación de este país.
Aunque la mayoría de las personas asocian a la NASA con vuelos espaciales, la agencia viene investigando desde hace muchos años todos los aspectos de la seguridad en la aviación.

Trascendió que en su estudio, la NASA descubrió que numerosas instancias de aproximación peligrosa entre aviones, interferencias en las pistas de aterrizaje y otros problemas de seguridad ocurrían con mucha más frecuencia de lo que antes se había reconocido.

La NASA había dicho previamente que estaba reteniendo la información pues temía que indignaría a los pasajeros de aviones y afectaría las ganancias de las empresas aéreas.

  Ese fue el argumento que citó la agencia al negarse a entregar los datos de la investigación a The Associated Press, que los solicitó apelando a la Ley de Libertad de Información.
“ Lamento que se haya creado la impresión de que la NASA intentaba poner los intereses comerciales por encima de la seguridad del público”, afirmó Michael Griffin, administrador de la NASA, en el curso de una audiencia en la Cámara de Representantes.

El representante demócrata Bart Gordon, presidente del comité de ciencias y tecnología de la cámara baja, dijo que las razones de la NASA para retener el informe eran “perturbadoras y poco convincentes”.

El proyecto de investigación fue lanzado después que una comisión de la Casa Blanca propuso a fines de la década del noventa, durante la presidencia de Bill Clinton, que el gobierno realizara esfuerzos para reducir de manera significativa los accidentes de aviación.

 

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