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| Buscan comprender las decisiones precipitadas de los enfermos |
| Nuevas claves sobre impulsividad de pacientes con Parkinson |
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La terapia de estímulo cerebral profunda en pacientes de Parkinson está entregando nuevas luces sobre la impulsibilidad que xperimentan los enfermos.
AP |
Por Lauran Neergaard
AP
Un implante cerebral que controla los temblores causados por el mal de Parkinson al parecer bloquea una señal del cerebro para ejercer cautela, una nueva explicación sobre el porqué algunos pa
cientes con la enfermedad se vuelven impulsivos.
Desde hace tiempo los científicos saben que los medicamentos para combatir este mal provocan conductas compulsivas, como la adicción a las apuestas y a los juegos de azar.
Sin embargo, nuevos estudios recién publicados en en revistas científicas encontraron que otro tratamiento, un implante cerebral similar a un marcapasos, puede causar un tipo de impulsividad completamente diferente.
¿Qué tan distinto? Los medicamentos dejan a algunos pacientes incapaces de aprender de las malas experiencias, como una ronda perdedora en el póker.
El implante cerebral no afecta la capacidad de aprender. En contraste, esos pacientes pueden tomar decisiones precipitadas, pues el cerebro pierde su tendencia automática a dudar cuando enfrenta un conflicto, dijeron investigadores de la Universidad de Arizona en la revista Science.
De hecho, el primer paciente que estudiaron dio un ejemplo alarmante cuando vio algo que quería al otro lado de la habitación y trató de alcanzarlo sin su silla de ruedas. El neurólogo Michael Frank tuvo que agarrar al hombre antes de que se cayese.
Detalles del estudio
El estímulo cerebral profundo (DBS, por su sigla en inglés) consiste en implantar pequeños electrodos en una región llamada el núcleo subtalámico, un área importante para controlar el movimiento. Pero esa área es también donde los científicos creen que el cerebro lanza señales de advertencia.
La teoría de Frank es que cuando los electrodos actúan para evitar movimiento excesivo —como los temblores—, también podrían bloquear esa señal de cautela.
“Tiene mucho sentido”, dijo la doctora Valerie Voon, psiquiatra en el centro de neurología de los Institutos Nacionales de Salud, tras revisar el estudio.
El trabajo no ofrece soluciones fáciles, pero pudiera afectar la forma en que los neurólogos aconsejan a los pacientes con Parkinson luego de un implante de DBS.
“Como no tienen esos frenos, uno tiene que enseñarles a tomarse las cosas con más calma” cuando enfrentan ciertas decisiones, dijo Voon.
| Punto de vista: A su salud |
| En el invierno también hay que proteger nuestra piel |
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Por María Gómez
Presidenta de Mary's Center |
Ahora que comenzó a bajar la temperatura, y así como los árboles se están empezando a ver desprotegidos de sus hojas, igualmente nuestra piel empieza a sentir el rigor del frío.
Generalmente, los consejos relacionados con el cuidado de la piel se dan en la época de calor, con mucho énfasis en la importancia de protegernos del sol de verano. Pero, en el invierno, nuestra piel pasa a un segundo grado.
Aprovecho esta oportunidad en que se está celebrando el mes de la piel sana para llamar la atención sobre el cuidado de este extenso órgano que cumple una labor vital en el funcionamiento de nuestro organismo, y para que seamos concientes de que no hay época específica ni estación determinada para cuidar nuestra piel.
Las épocas más delicadas para la piel son el verano y el invierno, pero eso no quiere decir que no haya que prestarle atención el resto del año. A la piel hay que consentirla y protegerla 365 días, así como ella nos protege a nosotros diariamente.
De todos los órganos que tiene el ser humano, la piel es el más grande de todos, pues abarca de pies a cabeza. Esta, aparte de darle una mejor apariencia al cuerpo humano, ayuda a regular la temperatura del cuerpo, nos protege del calor y de la luz, almacena agua, grasa (para que sea mas impermeable) y vitamina D (calcio, fósforo); y ayuda a proteger nuestro organismo de bacterias y virus.
La piel tiene dos capas que seguramente usted ha oído nombrar: la Dermis, que es la capa interna, y la Epidermis, que es la capa externa y que se regenera constantemente.
Los estudiosos del cuerpo humano han encontrado que cada minuto se caen 30 mil células muertas de la Epidermis, ¿se imaginan? Por eso, es fundamental el cuidado preventivo.
Recuerden que una piel que no se cuida, tarde o temprano va a mostrar su descontento y éste se va a ver reflejado en deshidratación y sequedad, brotes, envejecimiento, arrugas y muchas otras manifestaciones como una manera de reclamar nuestra atención.
Lo ideal es que nos adelantemos a estas manifestaciones y le brindemos a la piel al menos el cuidado básico. Obviamente, el envejecimiento y las arrugas no las podemos detener, pero si retrasar y hasta atenuar.
Un buen comienzo es conocer cuál es nuestro tipo de piel para brindarle los cuidados específicos que requiere. Existen pieles grasosas, secas, mixtas, sensibles, normales y pieles que tienen tendencia al acné. Unas resisten más que las otras. Por ejemplo, la piel grasosa aguanta mejor los cambios de temperatura que la piel seca, la cual hay que hidratar con mayor frecuencia para evitar la resequedad.
El consejo más básico de todos para hidratar la piel es tomar mucha agua, por lo menos ocho vasos diarios y aunque no todos somos amigos de las cremas y las lociones, no saben cuánto nos lo agradecería nuestra piel si al menos nos aplicáramos todos los días crema de manos, ojalá en todo el cuerpo, y bloqueador solar aunque fuera en la cara.
Si queremos ir más allá, aún mejor. En ese caso, una crema hidratante en la cara antes del bloqueador tanto en la mañana como en la noche y por qué no, una mascarilla natural de vez en cuando, haría una gran diferencia en nuestra piel y esto es tanto para hombres como para mujeres.
Un último consejo, no nos bañemos con agua demasiado caliente, pues se reseca más la piel; y nunca nos acostemos con maquillaje pues la piel necesita respirar y oxigenarse durante la noche.
Mediante un cuidado sencillo y básico, podemos retribuirle a nuestra piel lo mucho que ésta hace por nosotros. No esperemos a envejecer para comenzar a cuidarla; quizás ya sea demasiado tarde.
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