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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Esta semana anduvo por aquí el presidente
de El Salvador, Antonio Saca, para reunirse con su
homólogo estadounidense y otros altos funcionarios,
como el nuevo encargado del Banco Mundial, Robert
Zoellick. Seguramente Saca habló con Bush
sobre la continua participación del país
centroamericano en la ahora pequeñísima
coalición de países en Irak. Si uno
fuera cínica pensaría que el constante énfasis
por parte del gobierno salvadoreño a la renovación
del llamado TPS es porque Bush le debe a Saca al
menos esa consideración por el sacrificio
de tener tropas en Irak.
Ese sacrificio ciertamente es la razón por
la cual el Instituto Republicano Internacional (IRI,
por sus siglas en inglés) le otorgó al
líder salvadoreño su “Premio
a la Libertad”, por “conectar el crecimiento
económico con la gobernabilidad y democracia,
y por defender con vigor las libertades en el país
y en el exterior”. Claro está, los que
están encarcelados en El Salvador por hasta
60 años por participar en protestas públicas
no necesariamente estarían de acuerdo con
ese galardón. Ni los cientos de salvadoreños
que se fueron a trabajar a Irak con contratistas
que prometieron pagar harta plata, para terminar
con menos que sus colegas estadounidenses.
De las 30.000 personas trabajando para el creciente
número de contratistas privados en Irak, unos
20.000 son estadounidenses o ingleses, y el resto
de una conglomeración de países pequeños,
incluyendo 700 de El Salvador. ¿Qué hace
la mayoría? Trabajos de seguridad. O sea,
entre las labores más peligrosas en esa región
de conflicto. Trabajan de guardaespaldas, guardias
en edificios gubernamentales y escoltas, entre otras
cosas. Son muy buscados porque El Salvador y otros
países latinoamericanos desafortunadamente
tienen fama de alto nivel de criminalidad y corrupción
que crea el ambiente para mayor números de
empresas enfocadas en la seguridad. Entonces estos
salvadoreños –y ciudadanos de otros
países latinoamericanos- se van en busca de
fama y, en particular, fortuna, al caos de Irak.
Y los contratistas se sacan la lotería cada
vez que emplean un latinoamericano en Irak, porque
les pagan mucho menos de lo que un estadounidense
o un inglés cobraría. Aunque el salario
es dos o tres veces lo que se ganarían en
El Salvador y el resto de Latinoamérica, el
pago de entre $1.500 a $3.200 es bonito y barato
para los contratistas que normalmente pagan $10.000
a $20.000 –a veces más- a los empleados
de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Como se podrán imaginar, el proceso de selección
no es el más arduo, y por ahí se cuelan
ex militares con antecedentes de abuso y pandilleros
con antecedentes criminales. Y los que llegan con
la conciencia libre pudieran aún caer víctimas:
ya hay bastantes reportes de abuso contra los empleados,
como falta de pago a tiempo y constante trabajo sin
descanso, entre otras quejas. Algunos países
han comenzado investigaciones. En Chile la legislatura
considera regular la contratación de chilenos
en Irak, y en Perú y Honduras han presentado
quejas formales contra la compañía
que viaje por Latinoamérica en busca de trabajadores
en Irak. ¿Y El Salvador? El presidente Saca
recoge su galardón de libertad. A ver que
hará con la misma.
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