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Venezuela, Ecuador y Bolivia se aferran a Constituyentes



Gobiernos de países golpeados por crisis políticas como Ecuador, Venezuela y Bolivia han buscado en las Asambleas Constituyentes el medio para “refundar sus naciones contando con la elevada popularidad de sus mandatarios pero también enfrentados a los opositores que temen que concentren todos los poderes gracias a una Constitución a la medida.

El jueves 29 se instaló una Asamblea Constituyente en Ecuador, este domingo 2 en Venezuela se realiza a un referendo para votar reformas impulsadas por el gobierno, que ha sido antecedido por multitudinarias marchas a favor y en contra de los cambios, y en Bolivia, los asambleístas oficialistas acaban de aprobar una texto constitucional en primera instancia en medio de violentas protestas callejeras.

En los casos ecuatoriano, venezolano y boliviano las Asambleas Constituyentes se plantean como “fundacionales o refundacionales, quieren estar ligadas a una suerte de cambio profundo, con movilización, con actitudes de revolución de nuevo estilo, y generalmente ligadas a fuertes liderazgos caudillistas”, señaló el politólogo Luis Verdesoto.

“ Daría la impresión de que se están formando pequeños emperadores en la América andina con una excesivo desequilibrio del poder de la función ejecutiva respecto a las otras (funciones del estado)”, opinó Verdesoto, profesor del programa de Estudios Políticos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, basada en Quito.

Marta Lagos, directora de la Corporación Latinobarómetro, con sede en Chile, que realiza estudios de opinión en la región, consideró que los procesos “refundacionales” suscitan gran expectativa entre los ciudadanos.

 

Cuando la gente pone sus esperanzas en una persona hay el riesgo de que “esa persona puede personalizar demasiado el poder y eso en vez de consolidar la democracia, la debilita”, afirmó.

En Venezuela, el presidente Hugo Chávez a comienzos de su mandato en 1999 promovió un proceso constituyente que reformó la Constitución, le permitió extender su periodo y ser reelecto en 2006 y luego sus seguidores coparon la Asamblea Nacional (el Congreso) ya que sus opositores optaron por no participar en los comicios.

En Ecuador, el mandatario Rafael Correa ganó en 2006 las elecciones con la oferta de campaña de convocar a una Asamblea Constituyente, que su partido ganó abrumadoramente y fue instalada el jueves 29 con 80 asambleístas de Correa del total de 130 curules.

Chávez, Correa y el mandatario boliviano Evo Morales gozan de respaldo popular y han mantenido constantes confrontaciones con los opositores que no conforman un frente común sino que están divididos, en los casos venezolano y ecuatoriano y, con afanes independentistas, en el boliviano. Además, los tres mandatarios han exhibido una permanente retórica anti Estados Unidos.

Los tres presidentes coinciden en afirmar que centran sus esfuerzos en atender a los sectores populares y que buscan conducir a sus países hacia el "socialismo del siglo XXI" para repartir igualdad y justicia social. Aseguran que buscan terminar con la pobreza, que en Ecuador, llega al 38,3%, en Bolivia, bordea el 60% y en Venezuela, el 30%.

En el ámbito económico, los tres presidentes son partidarios de implantar una mayor presencia del estado en la economía. Chávez y Morales llevaron adelante procesos de nacionalización de hidrocarburos mientras en Ecuador, Correa modificó una ley para obtener mayor participación (99 de las ganancias que obtienen las empresas petroleras. (AP)

 

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La vida no se arrebata



Sobre la pena de muerte, no hay nada de que hablar, porque la pena capital debe desaparecer. Recuerdo que alguien definió a la Unión Europea como “el territorio en el que no hay pena de muerte” y aunque hay muchos errores, injusticias y retrocesos en la construcción europea, la abolición de la pena de muerte es un indiscutible logro a universalizar.

En el 62º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, se ha presentado una resolución para que los estados apliquen una suspensión indefinida de las penas de muerte. El apoyo de la ONU a la suspensión mundial de las ejecuciones es fundamental para un mundo sin pena de muerte.
La ONU ha elegido una vía asequible. Que los 87 estados que aún mantienen la pena de muerte en sus códigos penales la supriman, pudiera ser misión imposible, pero que no la apliquen es factible. Como han hecho ya 21 estados en los últimos años. Entre estados abolicionistas de la pena de muerte por ley y de hecho, ya son 108 los estados que no ejecutan.

En el lento camino hacia la abolición de la pena de muerte, hay noticias esperanzadoras. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha suspendido desde septiembre tres ejecuciones de penas capitales. Algunos analistas perciben un paso hacia una moratoria de hecho de la pena de muerte. El máximo tribunal estadounidense parece pronunciarse a favor de paralizar la pena letal, aunque no a abolirla.

  Las suspensiones decretadas son una respuesta a otros tantos recursos de condenados a muerte que, en un último intento, se han acogido a la octava enmienda constitucional, reclamando que no se les cause un sufrimiento insoportable. El pasado 25 de septiembre, el Tribunal Supremo anunció que estudiaría si la inyección letal –aplicación de la pena de muerte en 37 de los 38 estados que reimplantaron esa pena en 1976- es anticonstitucional.

Hay numerosas razones para abolir la pena de muerte. La primera es que la pena de muerte es la máxima negación de los derechos humanos: viola el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Es cruel, inhumana y degradante. No tiene poder disuasorio, no reduce la delincuencia grave ni la violencia política y nunca se ha demostrado que disuada del delito con más eficacia que otras penas. Es discriminatoria, porque con frecuencia se emplea de forma desproporcionada contra los más pobres y contra las minorías. Y es inevitable que afecte a víctimas inocentes, porque la justicia humana se equivoca, y no se puede garantizar que no se ejecutará a inocentes. Además, es arbitraria.

La pena de muerte ha de ser abolida en todo el mundo: vita mutatur non tollitur (la vida se cambia, pero no se arrebata). Para cuestiones que parecen tan difíciles y lejanas como ésta de abolir la pena de muerte, apliquemos lo que decían los estudiantes en mayo de 1968: seamos realistas, exijamos lo imposible.

 

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