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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Con apenas semana y media para
la Navidad, el presidente Bush le vuelve a dar una
gran trompetilla a los niños del país
al vetar por segunda vez una legislación que
ampliaría la cobertura médica para
incluir a más familias de bajos recursos.
Bush saca la misma excusa de siempre, que el programa
es demasiado costoso, a pesar de que se financiaría
con un aumento en los impuestos al tabaco. Ese es
el regalo navideño de la Casa Blanca a millones
de niños sin cobertura médica, y para
colmo de alguien que recibe el mejor cuidado médico
del mundo, pagado totalmente por el contribuyente
del país, aunque ciertamente con su salario
de $400.000 anuales podría pagarlo por su
cuenta.
En otro acto absurdo, el Colegio Americano de Abogados
(ABA, por sus siglas en inglés), aparentemente
inconformes con que el ex procurador Alberto Gonzáles
sea conocido como el monigote del presidente e impulsor
de políticas de tortura, anuncian que lo nombran
como “Abogado del Año”. Dicen
que fue porque no hubo un abogado que acaparara más
titulares este año como Gonzáles. Apunta
además, que en anteriores años, la
revista Time, entre otras, ha nombrado gente controversial
como su “Persona del Año”, incluyendo
al dictador soviético José Stalin y
al otro loco de Alemania, Adolfo Hitler. Algunos
dirían que Gonzáles está en
buena compañía con Stalin y Hitler.
Mientras tanto, el teatro de lo absurdo sigue en
el Congreso, que parece película mexicana
de vaquero mientras los demócratas y republicanos
tratar de ver quién se va a rajar primero.
Discuten un enorme paquete legislativo de gastos
para la mayoría de agencias federales. Como
es de esperar, se acusan mutuamente de pedir demasiado
o de recortar demasiado. La polémica no es
nada nuevo, pero hay un verdadero estancamiento de
las partes y se juega con los fondos de un sinnúmero
de programas que afectan a la comunidad latina.
Y para completar lo absurdo de la semana, un grupo
que promueve la diversidad en los medios, New American
Media, saca una encuesta donde afirman, al menos
en el titular del estudio, que hay “diferencias
profundas” en las comunidades minoritarias
del país. El estudio no revela absolutamente
nada nuevo: que hay tensiones raciales entre los
hispanos, afroamericanos, y asiáticos por
una desconfianza mutua basada en prejuicios, estereotipos
y segregación. ¡¿No me digas?!
Pero además el estudio revela que los grupos
reconocen las contribuciones del otro y que hasta
cierto punto se llevan bien. Estas divisiones “profundas”, ¿dónde
están? Parece más bien un titular alarmista
para atraer la atención. Hay que recalcar
también que el estudio se hace gracias al
aporte de fundaciones que pagan por un análisis
que promueve estereotipos y confirma lo que ya piensan
de la comunidad. Lo triste es que jamás recuperaremos
las horas gastadas en prestarle atención a
ese ensayo teatral.
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