| Poniéndole
un alto a Chávez |
Por: María
Elena Salinas
Primero fue el Rey de
España quien le dijo al presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, “¡por qué no te callas!” y
ahora son los venezolanos quienes le han dicho a su líder “se
te pasó la mano”.
El último intento de Chávez para transformar
la constitución y dar un salto gigantesco hacia una
sociedad socialista, fue rechazado por los votantes venezolanos
durante el referendo del 2 de diciembre. Fue rechazado no
solamente por el 40 por ciento que se hace llamar "la
oposición", sino también por una buena
parte de los mismos "chavistas", que hasta ahora
le habían dado rienda suelta al líder de la
llamada "Revolución Bolivariana". Dos puntos
de diferencia en los resultados sugieren que algunos seguidores
de Chávez votaron en contra de sus propuestas de cambio,
o le dieron la espalda en las urnas.
Desde 1998 el ex paracaidista se las ha arreglado para convencer
a la mayoría en su país de que él es
la respuesta a sus problemas. Cinco veces les ha pedido que
vayan a las urnas, ya sea para elegirlo o reelegirlo o para
apoyar las enmiendas constitucionales que gradualmente le
han permitido ejercer el control de la mayor parte de las
instituciones del país.
Chávez ha logrado ese apoyo con incentivos económicos
para los pobres y haciéndole pensar al pueblo que
terminaría con la corrupción de los partidos
políticos tradicionales. Y en este tiempo ha podido
reducir los niveles de pobreza invirtiendo millones de las
ganancias del petróleo en programas sociales.
Pero mientras muchos venezolanos han dado la bienvenida a
los cambios, comienzan a despertar a la realidad de que el
llamado "Socialismo del siglo XXI" podría
ser una dictadura comunista al estilo cubano. Y es allí donde
ellos dicen "¡basta ya!".
Cubriendo elecciones anteriores en Venezuela, a menudo pregunté a
los votantes si ellos no temían que su país
pudiera llegar a ser un estado comunista y Hugo Chávez
otro Fidel Castro. A pesar de la presencia obvia de operativos
cubanos en diferentes sectores de la sociedad venezolana,
la respuesta fue sistemáticamente "No, eso no
sucederá aquí".
Quizás se lo creyeron hasta que comenzaron a darle
un vistazo a algunos de los nuevos cambios a la constitución
que fueron aprobados por la Asamblea Nacional y que Chávez
les pedía que ratificaran en el referendo.
Algunos de esos cambios sonaban bastante atractivos para
la mayoría de la clase obrera: reducir la semana laboral
de 44 a 36 horas, crear un fondo para los empleados informales
que les garantizara beneficios sociales tal como vacaciones
pagadas y una pensión, extender el derecho a la educación
libre desde la secundaria hasta la universidad, requerir
igualdad de género entre los candidatos a oficinas
de gobierno.
Pero los votantes no tenían la oportunidad de escoger
cuáles enmiendas les convenían y cuáles
no. Fue el paquete completo o nada. Una cosa es trabajar
menos y tener acceso a más beneficios y otra el crear
un gobierno totalitario que, entre otras cosas, permitiría
a Chávez aspirar a ocupar la presidencia por tiempo
indefinido.
Daría también al presidente el poder de reemplazar
en provincias y municipios a funcionarios elegidos por gente
escogida por él. Daría a la cabeza del estado
autonomía para el libre manejo de los asuntos financieros
del país otorgándole total control sobre el
Banco Central, que hasta ahora es una de las pocas instituciones
que conservan su propia autonomía. Y posiblemente,
en una de las provisiones más peligrosas, daría
la autoridad al presidente para declarar estado de excepción
suspendiendo los derechos fundamentales que, según
la organización Human Rights Watch, son "intocables
bajo el derecho internacional".
Una de las sorpresas más grandes en el Día
de las Elecciones no fue el que las reformas constitucionales
fueran derrotadas, tal como lo predijeron la mayoría
de las encuestas, sino que Chávez aceptara la derrota
y se diera por vencido sin oponer resistencia. Sus partidarios
dicen que eso demuestra que él no es un dictador sino
un verdadero líder democrático. Pero sus adversarios
no son tan ingenuos. Los que han seguido su búsqueda
para revolucionar no sólo a su país sino a
la región completa, saben que Chávez es capaz
de cualquier cosa para mantenerse en el poder. A menos que,
como el mundo lo presenciara el 2 de diciembre, el pueblo
venezolano decida por sí mismo ponerle un alto a Chávez.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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