Por:
Manuel R Villacorta O.(*)
Los fenómenos migratorios no tienen en nuestros
días ese carácter episódico
o coyuntural que pudieron existir en otros tiempos.
Los inmigrantes hoy se marchan para huir de la
violencia, de la pobreza, de la exclusión,
las catástrofes naturales y especialmente,
por razones económicas, en una tensa búsqueda
de soluciones para salir de la miseria. Los polos
de desarrollo mundial: Estados Unidos, Europa y
la floreciente región Asia-Pacífico,
atraerán cada vez más a trabajadores
foráneos. El fenómeno migratorio
ya no puede ser soslayado, está hoy por
hoy, en el centro de la agenda internacional. El
avance de la globalización –y con éste,
la profundización de la internacionalización
de la economía, la política y la
cultura-, ha activado como nunca antes en la historia
humana la práctica migratoria
Desde el momento que se consideró el fenómeno
migratorio como parte medular en las agendas internacionales,
se dio por aceptado que la migración exige
tratamientos binacionales e incluso multinacionales.
Un ejemplo categórico es la migración
latinoamericana hacia Estados Unidos. A excepción
de los ciudadanos mexicanos, todos los latinoamericanos
para llegar a Estados Unidos están obligados
a cruzar otros países, sea por aire, mar
o tierra. Desde el momento que un ciudadano de
Colombia –para citar un ejemplo práctico-
decide dejar su patria para trasladarse a Estados
Unidos, está provocando la activación
de intereses y obligaciones de aquellos Estados
involucrados en su tránsito hacia el país
de destino. Fronteras, territorios, puertos y aeropuertos
protagonizan el suceso. Y son las misiones consulares,
por una parte, y la actuación de los diversos
organismos de seguridad nacionales, por la otra,
las instituciones directamente vinculadas.
El motivo que está generando las migraciones
se reduce a una sola palabra: Seguridad. Todo inmigrante
busca –cuando deja su patria- cualquiera
de los dos tipos básicos de seguridad: seguridad
económica (acceso al empleo y al salario)
y seguridad física (garantizar que la violencia
no le quite la vida o le arrebate su patrimonio
personal). No obstante, hoy por hoy, los inmigrantes
latinoamericanos generalmente están “cruzados” por
ambas variables. Huyen de sus países para
intentar lograr la seguridad económica que
en sus Estados les es negada, y huyen
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también porque
la situación de inseguridad física
que prevalece en la región llegó a
extremos verdaderamente insospechados.
Por tanto, el factor económico (ausencia de trabajo en América
Latina, oferta del mismo en Estados Unidos) y el factor físico (el auge
de la violencia en América Latina y el colapso de los sistemas de seguridad
y juzgamiento), están integrándose cada vez más, provocando
que el motivo para la inmigración sea cada vez más potenciado.
No es entonces difícil de entender por qué las administraciones
de gobierno en Estados Unidos estén cada vez más reacias a permitir
una “relajada inmigración” que pueda llevar a la pérdida
de controles locales. Lo que pareciera un endurecimiento por parte del Departamento
de Seguridad Nacional y de otras instancias, como el Congreso y el Senado en
sus resoluciones, responde a lo que los estudios de inteligencia han evidenciado:
cada vez nos aproximamos más a tiempos difíciles y quizá muy
convulsos.
Hubo algunas hipótesis –obligadamente atendibles- que consideran
posible que ante una crisis total en México (la “Oaxacanización” nacional),
ante la cada vez más evidente incapacidad política de sus gobiernos
para maniobrar las demandas sociales, podría darse un intento masivo (se
dice que cientos de miles o millones de mexicanos) tratando de cruzar hacia Estados
Unidos; de ocurrir, las fuerzas estadounidenses podrían –al menos
en sus inicios- verse rebasadas por el fenómeno. Una repetición
ampliada del famoso caso cubano ocurrido hace algunas décadas, cuando “los
marielitas” intentaron –y lograron- entrar por miles a través
del Estado de Florida.
En síntesis, la inmigración, que alguna vez fue considerada como
una necesidad para la poderosa economía de Estados Unidos, hoy queda como
una amenaza. Más allá de los aspectos humanos, que son prioridad,
hemos llegado al punto en donde la seguridad nacional se convierte en obsesiva
prioridad. Eso se siente y se “respira” en todo Estados Unidos.
Creo con total convicción que para evitar esa posible y trágica
situación, los líderes políticos de América Latina
deberían saber que “la mejor política migratoria, es una
buena política económica y social local, que evite la ingrata expulsión
de sus connacionales”.
(*) manuelvillacorta@yahoo.com |
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Pinochet
y el peso de la oportunidad
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Por:
Felipe Lagos
Los hombres pasan a la historia básicamente
por dos motivos: porque cambian sus circunstancias
o porque aprovechan las oportunidades.
Augusto José Ramón Pinochet Ugarte
perteneció al segundo grupo. A aquellos
que, dependiendo cómo las cosas se presentan,
las utilizan a su favor.
Hoy, Pinochet, ya convertido en cenizas, es parte
de la historia de su país, y lo es porque
aprovechó sus circunstancias aquella mañana
del 11 de septiembre de 1973, cuando en el último
minuto se subió al golpe de estado que
planeó la Marina y, en coordinación
con la Fuerza Aérea, y los Carabineros,
se echaron al bolsillo la larga tradición
democrática chilena, instaurando un gobierno
de facto que llevó las riendas del país
con mano de hierro por 17 años.
Pinochet fue un zorro, un astuto personaje que
se subía al carro de la ocasión
sin pensarlo dos veces. Ahí está la
foto que dio la vuelta al mundo con el Papa Juan
Pablo II en La Moneda en 1987, cuando se hizo
el enfermo para escapar de su arresto en Londres
en 2000, cuando pasó por demente para
no ser sentenciado en Chile por los múltiples
delitos que se cometieron bajo su régimen,
o ahora último, cuando aprovechó su
muerte para escapar definitivamente de la justicia.
Ahora la pregunta de fondo es cómo ver
el legado de Pinochet.
Como un revolucionario, no al estilo de Fidel
Castro, por cierto, que ha mantenido en la ruina
a Cuba por el tiempo de su dictadura. Las reformas
económicas de Pinochet cambiaron la cara
de Chile y pusieron las bases de lo que es hoy
la economía más exitosa del Cono
Sur.
Siguiendo las enseñanzas del economista
Milton Friedman, también fallecido recientemente,
Pinochet privatizó las empresas del estado
y puso un fuerte énfasis en el comercio
exterior.
¿
El costo? La vida de tres mil personas y la tortura
de otros 29 mil. Pinochet hizo sus reformas a
sangre y fuego, y sus detractores eran condenados
y sentenciados sin el más mínimo
proceso judicial. Aquí mismo, en Washington,
DC., podemos ver cotidianamente uno de los símbolos
de su irracional persecución de enemigos,
el monumento a Orlando Letelier y Ronnie Moffitt,
en Sheridan Circle, donde ambos murieron en un
atentado explosivo en 1976.
Eso sí, se puede reconocer la reforma
económica de Pinochet, pero tampoco desconocer
el hecho que, si bien el porcentaje de personas
viviendo bajo la línea de la pobreza ha
disminuido dramáticamente, los placeres
de ese crecimiento económico son disfrutados
por pocos. La gran deuda del “milagro económico” chileno
es la enorme desigualdad con la que reparte el
ingreso que recibe el país sudamericano.
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Y
esta semana hemos visto cómo Pinochet
sigue dividiendo a los chilenos, pero estoy convencido
que son sólo unos pocos los que están
levantando la polvareda. Cuatro mil personas
por un lado y el otro, ya sea de luto o celebrando
su muerte, no son una representación total
de la sociedad en general. Chile quiere y debe
mirar al futuro, y dejar a Pinochet donde merece,
en el pasado, y verlo como lo que fue, un personaje
a la altura de la oportunidad que se le presentaba.
flagos@washingtonhispanic.com
Durante
su última visita a México, Schwarzenegger
afirmó que el comercio no es una carretera
de una sola vía; él quiere beneficios,
empleos y empresas creadas dentro de México
para ayudar a la población mexicana. Estas
son palabras que ofrecen una esperanza para nuestros
vecinos y no caerán en oídos sordos
porque la gente quiere cambios. El cambio no
se detiene detrás de la línea geográfica
o política. Además, está comprometido
con el fortalecimiento de los lazos económicos,
haciéndolos más fáciles,
para que la gente pueda hacer negocio al otro
lado de la frontera.
En México, el gobernador de California se reunió con el mandatario
saliente de México, Vicente Fox, y con el nuevo presidente Felipe Calderón.
En esas reuniones, aprovechó la oportunidad para hablar sobre nuestras
relaciones existentes y también describió el liderazgo de California
en temas del medio ambiente y tecnologías energéticas al patrocinar
una exhibición comercial de energía limpia en Monterrey, Nuevo
León.
Varios otros temas que fueron cubiertos en su agenda, son planes para abrir una
nueva oficina de turismo en Ciudad de México, reuniones con otros gobernadores
mexicanos a fin de explorar oportunidades para el desarrollo económico
y la promoción, por supuesto, del turismo y agricultura de California.
Para mí, como una inmigrante de origen mexicano, fue un honor increíble
viajar al país con un inmigrante que también es el gobernador del
estado más grande de nuestra Unión. Estoy contenta de haber acompañado
a Schwarzenegger en esta misión comercial y ayudar a fortalecer la relación
de California con México, que comparten una frontera y lazos comunes.
En tres días, logramos grandes objetivos, pero sólo fue el comienzo.
Imagínense lo que haremos en cuatro años. California y México
son colaboradores verdaderos y nuestra gente se beneficiará del liderazgo
de funcionarios que se han elevado para confrontar los retos del comercio internacional,
el crecimiento y la prosperidad.
(*)De La Opinión, de
Los Ángeles |
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