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Las
noticias que vienen desde el Congreso no son
nada alentadoras para la comunidad, que ve cómo
el debate migratorio es utilizado por un sector
que hace oídos sordos a la contribución
económica de los inmigrantes y los pone
a todos en la misma bolsa.
Es una lástima que los políticos
que se dicen amigos de la comunidad y hablan de
estar a favor de una reforma migratoria integral,
se encuentren dispuestos a levantar su brazo por
un proyecto que propone edificar una muralla a
lo largo de 3.200 kilómetros de la frontera
que separa México de Estados Unidos.
Es cierto que algunas áreas del norte de
México son tierra de nadie, donde los sicarios
de los cárteles del Golfo y de Sinaloa matan
a mansalva sin ocultar su desprecio por la vida
humana.
También es cierto que Estados Unidos necesita
fortalecer aún más sus fronteras.
Apoyamos e instamos a que se trabaje en ese sentido.
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Pero
lo que es increíble, y hasta resulta irónico,
es que se desate una persecución contra
los inmigrantes culpándolos de los problemas
del país.
Sabemos
que hay “coyotes”, pandilleros y otros
delincuentes que desprestigian el nombre de la
comunidad, pero ellos son una ínfima minoría
y eso lo saben muy bien los señores que
trabajan en el Congreso.
Ellos, mejor que nadie, saben muy bien que sin esa mano de obra (barata), la
economía del país sería mucho más débil.
Sin embargo, el gobierno y los congresistas republicanos parecen haber optado
por ese discurso para intentar otra victoria en las elecciones legislativas de
noviembre de 2006.
Los últimos acontecimientos señalan que los ultra-conservadores
parecen estar ganando terreno en Washington DC.
Esperemos que esto sólo sea parte del juego político, muchas veces
mezquino, y que a la larga se impongan la razón y la cordura. |