| Derecho
o Privilegio |
| Acceso
a la Salud |
|
|
| Si bien
las disparidades en el cuidado médico
son fácilmente reconocibles por las
minorías, éstas no son percibidas
por el grueso de la población. |
Por Felipe Lagos Rojas
Washington Hispanic
La gravedad del
sistema de salud en Estados Unidos no admite
segundas opiniones.
El diagnóstico
se obtiene al ver las tremendas disparidades
que existen en el acceso a cuidados
médicos.
La crisis generalizada
en la actualidad, con una gran insatisfacción
entre las personas respecto de su acceso a
la salud y una enorme
cantidad de individuos sin seguro médico;
requiere una solución urgente.
Las desigualdades no
son un problema nuevo y han motivado estudios
para entender el
fenómeno.
Sin embargo, a la hora de tratar de cambiar
el modelo, las alarmas de las poderosas
empresas
farmacéuticas, de las asociaciones
de médicos y la industria de seguros
se encienden, activando su poderoso lobby
en el congreso y
otras instancias decisivas. Esta mecánica
duerme cualquier iniciativa que pretenda
reformar un sistema injusto, elitista y
claramente discriminatorio.
Hace pocos días
se dio a conocer un estudio de opinión
pública hecho por la
Escuela de Salud Pública de la
Universidad de Harvard, la Fundación
Robert Word Johnson y la International
Communications Research.
Sus conclusiones son sorprendentes. Primero,
si bien el problema afecta a un importante
número
de gente, no existe un reconocimiento amplio
en la población de la existencia de estas
disparidades.
Sólo un 32% de
los estadounidenses piensa que obtener cuidado
médico de calidad
es más difícil para las
minorías
que para los anglo. Sin embargo, esa
cifra sube al 44 % en los afroamericanos
y 56% en hispanos.
Por otra parte, uno de
cada cinco hispanos dice haber recibido una
atención de salud inadecuada
por su acento o por como hablaba
inglés.
Sin embargo, si bien el 56 % de los
latinos reconoce la existencia de disparidades
en el acceso a
la salud, solo el 21 % de los ciudadanos
de origen anglosajón le da credibilidad
a esta situación.
Las causas de estas disparidades
responden a muchos factores. Sin
embargo, una
de las más
comunes se encuentra en la situación socioeconómica
de las personas.
Así piensa Aida
Giachello, del Midwest Latino Health Research
y elegida como una de
los 25 hispanos más influyentes
de Estados Unidos por la revista
Time. “Los datos
estadísticos y la investigación
indican que hay una alta correlación
entre ser pobre, tener baja educación
y los problemas de salud. En otras
palabras, los problemas
como el cáncer, diabetes,
asma y el VIH afectan en forma
desproporcionada a poblaciones
pobres y con una baja educación”,
dice Giachello al teléfono
desde Chicago.
Para Juan Romagoza, director
de la Clínica
del Pueblo, este problema apunta
a las personas dependiendo del color de su
piel. “Aunque
no nos guste verlo así,
la realidad demuestra que hay
factores raciales en este problema.
Las
cifras de gente que no tienen
seguro suben de acuerdo a la
etnicidad. A nivel nacional,
alrededor
del 13 al 15 % de la población
blanca no tiene seguro, mientras
que los latinos son
cerca del 37 %. Si se suma a
los indocumentados, esta cifra
va a aumentar”.
Giachello da su opinión
respecto de porqué los
latinos no tienen seguro médico. “El
sector económico de
servicios, donde muchos hispanos
trabajan, tienden a no darle
al empleado
seguro médico. Esto
hace que la persona no vaya
al doctor porque no tiene el
dinero para
pagar el costo de una visita
médica”.
Romagoza agrega que los
inmigrantes tienen las de perder dentro
de este esquema,
principalmente por su poca
integración al sistema. “Si
tuviéramos peso político,
la cosa sería diferente”,
añade. Qué hacer
Ahora, no se trata tampoco de esperar que las
soluciones caigan del cielo. Cada persona tiene
sus propias responsabilidades respecto del
cuidado de su salud.
En este
sentido, históricamente
los latinos han demostrado
poca preocupación
respecto de la prevención,
y si añadimos
su pobre acceso, el asunto se vuelve mucho más
complejo, según Aida Giachello.
“
El latino no tiene un médico o una clínica
donde vaya con regularidad. El hispano piensa
que, si se siente bien, no necesita ir al doctor.
Ahora, cuando establece esta conexión,
son en clínicas públicas, hospitales
de condado u otros, donde conseguir una cita
demora varias semanas o meses. Muchas veces,
el personal de ese centro asistencial no es bilingüe,
por lo que hay que esperar un intérprete.
Luego, los médicos o las enfermeras tienen
una serie de prejuicios negativos, no entienden
la cultura y creen que los latinos no van a seguir
el tratamiento o no van a comprar los medicamentos,
por lo que se le da un tratamiento pésimo
en comparación con la población
blanca”, dice la especialista.
“
Todo eso se va añadiendo y dificulta que
los latinos utilicen los servicios de prevención
en etapas tempranas, cuando la condición
no da síntomas. Esperan a que la enfermedad
haya empeorado, acudiendo a los servicios de
emergencia, que son más caros. Aquí los
médicos que los atienden se encuentran
con una condición tan avanzada, que poco
queda por hacer”, agrega Aida Giachello.
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| “El
latino no tiene un
médico o una
clínica donde
vaya con regularidad.
El hispano piensa que,
si se siente bien,
no necesita ir al doctor.
Ahora, cuando establece
esta conexión,
son en clínicas
públicas, hospitales
de condado u otros,
donde conseguir una
cita demora varias
semanas o meses. |
Cómo
se cura
Para corregir esta difícil situación,
tanto Giachello como Romagoza indican que es
necesario que esta causa llegue a las instancias
políticas.
“
Esto es de una complejidad que uno no sabe por
dónde empezar. A largo plazo, tenemos
que movilizarnos en forma efectiva, comunicándonos
con legisladores, políticos, oficiales
elegidos y posiciones clave para asegurarnos
que ellos realmente lleven la voz y la preocupación
de los sectores que representan”, dice
Giachello.
Romagoza
añade que es necesario
comunicar a las autoridades
nuestras necesidades. “Una
de las primeras barreras es que, al ser
inmigrantes, pensamos que
tenemos limitaciones. Eso
hay que
romperlo independientemente de si tenemos
o no documentos, de si
hablamos o no la lengua
o de
si votamos o no. Debemos sentir que el
sistema es nuestro también,
comprometernos a cambiar
lo que no nos sirve y agregar nuestra salsa”.
Lamentablemente,
no es fácil encontrar
una solución. Esta deberá consensuar
las posiciones de muchas instituciones
a partir de una iniciativa política
amplia que, el día de hoy, no se
observa.
| Prevenir
la obesidad antes de la gestación
es clave |
| Sobrepeso
en la madre, hijos gorditos |
|
|
| Las mujeres
embarazadas deben cuidar su peso y no comer
todo lo que se les ponga en frente. |
Agencias
Prevenir el sobrepeso en
los niños es una obligación para
los padres. Esta tarea debe comenzar incluso antes
de la concepción, según reveló un
estudio hecho por la Universidad de Ohio.
La investigación
demostró que las
mujeres con sobrepeso u obesas antes de embarazarse,
tenían más probabilidades de que
su hijo también fuese gordito a una edad
temprana.
El estudio dio a conocer
que la disponibilidad que el feto tiene de
macro y micronutrientes
se asocia con el estado nutricional de la madre
durante
el embarazo.
Esto se une a lo que
han señalado estudios
recientes, los que han insinuado que la alteración
en el metabolismo de la glucosa y la insulina
en la madre puede afectar al bebé,
especialmente en lo que se refiere a su propia
producción
de insulina. Esto aumentaría la probabilidad
de que el niño sufra de sobrepeso
e, incluso, que llegue a desarrollar diabetes
tipo 2.
La investigación
Los científicos de la Universidad de Ohio
analizaron los datos de más de tres mil
niños, midiendo su peso y estatura a los
tres, cinco y siete años. También
se entrevistó a sus madres, obteniendo información
sobre raza, etnia, peso antes del embarazo, si
fumaba durante la gestación y si amamantó a
su hijo.
Los estudios demostraron
que el peso de la madre, uno o dos meses antes
del embarazo
fue el factor
que tuvo más impacto en la constitución
del niño durante los tres momentos
evaluados.
Si una mujer tenía
sobrepeso antes de quedar embarazada, su hijo
era hasta tres veces más
propenso al sobrepeso a los siete años
de edad, en comparación con
otro pequeño
cuya madre no era obesa, ni tenía
exceso de peso.
Además, se detectó que
el riesgo de que un niño tuviera sobrepeso
a edad temprana aumentaba con el grado de obesidad
de
la madre. Esta relación es
mayor si el niño
es hispano o afroamericano, según
la investigación.
El factor tabaco
Otro aspecto relevante del estudio
señala
que los hijos de madres fumadoras fueron más
propensos a tener sobrepeso a los tres, cinco y
siete años.
En cuanto a la alimentación
con leche materna, se observó un ligero
efecto en estas medidas. La tasa de niños
amamantados que más
tarde tuvieron sobrepeso fue
5 % menor que la de los pequeños que
fueron alimentados con leche artificial.
“
El peso de un niño a los tres años
es una buena predicción de lo que será su
peso a los cinco años y en adelante.
Aunque
haya alteraciones, hay un
patrón establecido
desde una edad muy joven que puede utilizarse para
identificar a niños que estén en
riesgo y enfocar en ellos estrategias específicas
para su prevención de obesidad”, señaló Pamela
Salsberry, autora de la investigación y
profesora asociada de la Universidad de Ohio.
| Pueden
insensibilizar frente a la violencia real |
| Los
juegos de video son un tema serio |
|
|
| Este estudio
es el primero que relaciona los juegos de
video violentos con una menor
reacción a imágenes violentas. |
Redacción
Washington Hispanic
La exposición
permanente a juegos violentos de video no sólo
cambiaría funciones cerebrales específicas,
sino también insensibilizaría a
sus jugadores frente a la violencia real, según
un nuevo estudio.
“
Ya se sabe que jugar juegos de video violentos
aumenta la conducta agresiva”, dice el
investigador de la Universidad de Michigan, Brad
Bushman, “pero este estudio es el primero
que relaciona los juegos de video violentos con
una menor reacción a imágenes violentas”,
agregó el especialista.
“
La mayoría de nosotros tiene una aversión
natural a las imágenes de sangre y heridas.
De hecho, los cirujanos y soldados deben superar
estas reacciones para realizar sus deberes. Sin
embargo, la mayoría de la gente puede
adaptar su reacción a los efectos de la
violencia y puede reducir inhibiciones frente
a conductas agresivas”, dice Bruce Bartholow,
de la Universidad de Missouri, Columbia y autor
también del estudio.
El estudio
En la investigación, se preguntó a
39 estudiantes universitarios con qué frecuencia
y qué tan violentos eran los videojuegos
de su preferencia.
También evaluaron
la irritabilidad y agresividad de los participantes,
preguntándoles de
qué manera se identificaban con
frases como ‘fácilmente
pierdo el control con los que no escuchan
o no entienden’ y ‘si
alguien me golpea, yo golpeo de vuelta’.
Después, los investigadores
instalaron electrodos en las cabezas de los
participantes
para obtener datos de su electroencefalograma.
Posteriormente, se mostraron
una serie de grupos de imágenes a los
participantes.
Mientras los participantes
las miraban, sus ondas cerebrales iban siendo
registradas.
Los investigadores descubrieron
que los participantes respondieron
menos
a imágenes violentas.
Esa desensibilización
podría, potencialmente,
ser un factor a la hora de reaccionar
agresivamente a ciertos estímulos
ambientales.
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