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Derecho o Privilegio
Acceso a la Salud

Si bien las disparidades en el cuidado médico son fácilmente reconocibles por las minorías, éstas no son percibidas por el grueso de la población.

La gravedad del sistema de salud en Estados Unidos no admite segundas opiniones.

El diagnóstico se obtiene al ver las tremendas disparidades que existen en el acceso a cuidados médicos.

La crisis generalizada en la actualidad, con una gran insatisfacción entre las personas respecto de su acceso a la salud y una enorme cantidad de individuos sin seguro médico; requiere una solución urgente.

Las desigualdades no son un problema nuevo y han motivado estudios para entender el fenómeno. Sin embargo, a la hora de tratar de cambiar el modelo, las alarmas de las poderosas empresas farmacéuticas, de las asociaciones de médicos y la industria de seguros se encienden, activando su poderoso lobby en el congreso y otras instancias decisivas. Esta mecánica duerme cualquier iniciativa que pretenda reformar un sistema injusto, elitista y claramente discriminatorio.

Hace pocos días se dio a conocer un estudio de opinión pública hecho por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, la Fundación Robert Word Johnson y la International Communications Research.
Sus conclusiones son sorprendentes. Primero, si bien el problema afecta a un importante número de gente, no existe un reconocimiento amplio en la población de la existencia de estas disparidades.

Sólo un 32% de los estadounidenses piensa que obtener cuidado médico de calidad es más difícil para las minorías que para los anglo. Sin embargo, esa cifra sube al 44 % en los afroamericanos y 56% en hispanos.

Por otra parte, uno de cada cinco hispanos dice haber recibido una atención de salud inadecuada por su acento o por como hablaba inglés. Sin embargo, si bien el 56 % de los latinos reconoce la existencia de disparidades en el acceso a la salud, solo el 21 % de los ciudadanos de origen anglosajón le da credibilidad a esta situación.
Las causas de estas disparidades responden a muchos factores. Sin embargo, una de las más comunes se encuentra en la situación socioeconómica de las personas.

Así piensa Aida Giachello, del Midwest Latino Health Research y elegida como una de los 25 hispanos más influyentes de Estados Unidos por la revista Time. “Los datos estadísticos y la investigación indican que hay una alta correlación entre ser pobre, tener baja educación y los problemas de salud. En otras palabras, los problemas como el cáncer, diabetes, asma y el VIH afectan en forma desproporcionada a poblaciones pobres y con una baja educación”, dice Giachello al teléfono desde Chicago.

Para Juan Romagoza, director de la Clínica del Pueblo, este problema apunta a las personas dependiendo del color de su piel. “Aunque no nos guste verlo así, la realidad demuestra que hay factores raciales en este problema. Las cifras de gente que no tienen seguro suben de acuerdo a la etnicidad. A nivel nacional, alrededor del 13 al 15 % de la población blanca no tiene seguro, mientras que los latinos son cerca del 37 %. Si se suma a los indocumentados, esta cifra va a aumentar”.

Giachello da su opinión respecto de porqué los latinos no tienen seguro médico. “El sector económico de servicios, donde muchos hispanos trabajan, tienden a no darle al empleado seguro médico. Esto hace que la persona no vaya al doctor porque no tiene el dinero para pagar el costo de una visita médica”.

Romagoza agrega que los inmigrantes tienen las de perder dentro de este esquema, principalmente por su poca integración al sistema. “Si tuviéramos peso político, la cosa sería diferente”, añade.

Qué hacer
Ahora, no se trata tampoco de esperar que las soluciones caigan del cielo. Cada persona tiene sus propias responsabilidades respecto del cuidado de su salud.

En este sentido, históricamente los latinos han demostrado poca preocupación respecto de la prevención, y si añadimos su pobre acceso, el asunto se vuelve mucho más complejo, según Aida Giachello.

“ El latino no tiene un médico o una clínica donde vaya con regularidad. El hispano piensa que, si se siente bien, no necesita ir al doctor. Ahora, cuando establece esta conexión, son en clínicas públicas, hospitales de condado u otros, donde conseguir una cita demora varias semanas o meses. Muchas veces, el personal de ese centro asistencial no es bilingüe, por lo que hay que esperar un intérprete. Luego, los médicos o las enfermeras tienen una serie de prejuicios negativos, no entienden la cultura y creen que los latinos no van a seguir el tratamiento o no van a comprar los medicamentos, por lo que se le da un tratamiento pésimo en comparación con la población blanca”, dice la especialista.

“ Todo eso se va añadiendo y dificulta que los latinos utilicen los servicios de prevención en etapas tempranas, cuando la condición no da síntomas. Esperan a que la enfermedad haya empeorado, acudiendo a los servicios de emergencia, que son más caros. Aquí los médicos que los atienden se encuentran con una condición tan avanzada, que poco queda por hacer”, agrega Aida Giachello.

“El latino no tiene un médico o una clínica donde vaya con regularidad. El hispano piensa que, si se siente bien, no necesita ir al doctor. Ahora, cuando establece esta conexión, son en clínicas públicas, hospitales de condado u otros, donde conseguir una cita demora varias semanas o meses.

 

Cómo se cura
Para corregir esta difícil situación, tanto Giachello como Romagoza indican que es necesario que esta causa llegue a las instancias políticas.

“ Esto es de una complejidad que uno no sabe por dónde empezar. A largo plazo, tenemos que movilizarnos en forma efectiva, comunicándonos con legisladores, políticos, oficiales elegidos y posiciones clave para asegurarnos que ellos realmente lleven la voz y la preocupación de los sectores que representan”, dice Giachello.

Romagoza añade que es necesario comunicar a las autoridades nuestras necesidades. “Una de las primeras barreras es que, al ser inmigrantes, pensamos que tenemos limitaciones. Eso hay que romperlo independientemente de si tenemos o no documentos, de si hablamos o no la lengua o de si votamos o no. Debemos sentir que el sistema es nuestro también, comprometernos a cambiar lo que no nos sirve y agregar nuestra salsa”.

Lamentablemente, no es fácil encontrar una solución. Esta deberá consensuar las posiciones de muchas instituciones a partir de una iniciativa política amplia que, el día de hoy, no se observa.

 

 

Prevenir la obesidad antes de la gestación es clave
Sobrepeso en la madre, hijos gorditos
Las mujeres embarazadas deben cuidar su peso y no comer todo lo que se les ponga en frente.


Prevenir el sobrepeso en los niños es una obligación para los padres. Esta tarea debe comenzar incluso antes de la concepción, según reveló un estudio hecho por la Universidad de Ohio.

La investigación demostró que las mujeres con sobrepeso u obesas antes de embarazarse, tenían más probabilidades de que su hijo también fuese gordito a una edad temprana.

El estudio dio a conocer que la disponibilidad que el feto tiene de macro y micronutrientes se asocia con el estado nutricional de la madre durante el embarazo.

Esto se une a lo que han señalado estudios recientes, los que han insinuado que la alteración en el metabolismo de la glucosa y la insulina en la madre puede afectar al bebé, especialmente en lo que se refiere a su propia producción de insulina. Esto aumentaría la probabilidad de que el niño sufra de sobrepeso e, incluso, que llegue a desarrollar diabetes tipo 2.

La investigación
Los científicos de la Universidad de Ohio analizaron los datos de más de tres mil niños, midiendo su peso y estatura a los tres, cinco y siete años. También se entrevistó a sus madres, obteniendo información sobre raza, etnia, peso antes del embarazo, si fumaba durante la gestación y si amamantó a su hijo.

Los estudios demostraron que el peso de la madre, uno o dos meses antes del embarazo fue el factor que tuvo más impacto en la constitución del niño durante los tres momentos evaluados.

Si una mujer tenía sobrepeso antes de quedar embarazada, su hijo era hasta tres veces más propenso al sobrepeso a los siete años de edad, en comparación con otro pequeño cuya madre no era obesa, ni tenía exceso de peso.

Además, se detectó que el riesgo de que un niño tuviera sobrepeso a edad temprana aumentaba con el grado de obesidad de la madre. Esta relación es mayor si el niño es hispano o afroamericano, según la investigación.

El factor tabaco
Otro aspecto relevante del estudio señala que los hijos de madres fumadoras fueron más propensos a tener sobrepeso a los tres, cinco y siete años.

En cuanto a la alimentación con leche materna, se observó un ligero efecto en estas medidas. La tasa de niños amamantados que más tarde tuvieron sobrepeso fue 5 % menor que la de los pequeños que fueron alimentados con leche artificial.

“ El peso de un niño a los tres años es una buena predicción de lo que será su peso a los cinco años y en adelante.

Aunque haya alteraciones, hay un patrón establecido desde una edad muy joven que puede utilizarse para identificar a niños que estén en riesgo y enfocar en ellos estrategias específicas para su prevención de obesidad”, señaló Pamela Salsberry, autora de la investigación y profesora asociada de la Universidad de Ohio.


Pueden insensibilizar frente a la violencia real
Los juegos de video son un tema serio

Este estudio es el primero que relaciona los juegos de video violentos con una menor reacción a imágenes violentas.



La exposición permanente a juegos violentos de video no sólo cambiaría funciones cerebrales específicas, sino también insensibilizaría a sus jugadores frente a la violencia real, según un nuevo estudio.

“ Ya se sabe que jugar juegos de video violentos aumenta la conducta agresiva”, dice el investigador de la Universidad de Michigan, Brad Bushman, “pero este estudio es el primero que relaciona los juegos de video violentos con una menor reacción a imágenes violentas”, agregó el especialista.

“ La mayoría de nosotros tiene una aversión natural a las imágenes de sangre y heridas. De hecho, los cirujanos y soldados deben superar estas reacciones para realizar sus deberes. Sin embargo, la mayoría de la gente puede adaptar su reacción a los efectos de la violencia y puede reducir inhibiciones frente a conductas agresivas”, dice Bruce Bartholow, de la Universidad de Missouri, Columbia y autor también del estudio.

El estudio
En la investigación, se preguntó a 39 estudiantes universitarios con qué frecuencia y qué tan violentos eran los videojuegos de su preferencia.

También evaluaron la irritabilidad y agresividad de los participantes, preguntándoles de qué manera se identificaban con frases como ‘fácilmente pierdo el control con los que no escuchan o no entienden’ y ‘si alguien me golpea, yo golpeo de vuelta’.

Después, los investigadores instalaron electrodos en las cabezas de los participantes para obtener datos de su electroencefalograma.

Posteriormente, se mostraron una serie de grupos de imágenes a los participantes.

Mientras los participantes las miraban, sus ondas cerebrales iban siendo registradas.

Los investigadores descubrieron que los participantes respondieron menos a imágenes violentas. Esa desensibilización podría, potencialmente, ser un factor a la hora de reaccionar agresivamente a ciertos estímulos ambientales.

 

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