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Los efectos de la “deslocalización”


Por: Juan Luis Gaona / CCS

“ Nike, nosotros te hicimos. Y también podemos aniquilarte”. Un joven de 13 años del Bronx de Nueva York protestaba ante la cámara de una cadena de televisión junto a otros 200 adolescentes, cuando se enteraron de que Nike sólo gastaba 5 dólares en fabricar unas zapatillas por las que ellos pagaban más de 100. Esto es efecto de la “deslocalización” empresarial, que consiste en el traslado de la totalidad o parte de la producción de una empresa a otro país. La “deslocalización” es una consecuencia natural de la libertad de movimiento de mercancías y capital que implica la globalización. Su finalidad está clara: reducción de costos y aumento de rentabilidad.

Las multinacionales invierten sumas millonarias en potenciar la imagen de sus marcas, mientras ahorran en la fase de producción. Para ello, buscan economías emergentes en las que encuentran salarios mínimos bajos, condiciones de trabajo flexibles, legislaciones poco rigurosas con el medio ambiente, estabilidad política y cierto nivel de infraestructuras y calificación profesional. Muchos países de Latinoamérica, Europa del Este y Asia reúnen estas condiciones, lo que les convierte en destinos muy apetecibles para estas grandes empresas. En la mayoría de las ocasiones, las multinacionales no abren nuevas fábricas en los países empobrecidos, sino que encargan la producción a contratistas para reducir costos y desentenderse de las condiciones laborales de los trabajadores.
Estos contratistas reciben alrededor del 12 por ciento del valor del producto en el mercado, a lo que tienen que descontar los costos de material y de producción. En estos costos, los salarios representan una parte insignificante: según un estudio realizado por la campaña Clean Clothes, una costurera recibe una media del 0,4 por ciento del valor de venta del producto. Si los 150.000 obreros textiles de Indonesia ganaran 13 dólares más al mes podrían vivir en condiciones dignas y sus hijos podrían dejar de trabajar: esto sólo significaría un aumento de 0.36 dólares en el valor de venta del producto.

Pero, la responsabilidad no sólo es de las empresas. Los gobiernos de los países empobrecidos tienen la obligación de garantizar el cumplimiento de sus leyes laborales y
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  medioambientales. Sin embargo, es frecuente que los gobiernos sean inoperantes a la hora de hacer cumplir la legislación por temor a que las multinacionales trasladen la producción a otros países. Este miedo a perder la inversión extranjera les ha llevado a crear las denominadas “zonas de procesamiento de exportaciones” o “zonas francas”, cuyo único objetivo es la producción de artículos para su exportación. Estos paraísos para las empresas, a las que los gobiernos conceden importantes exenciones fiscales, son verdaderos infiernos para sus trabajadores, en su mayoría mujeres, pues no están sometidos a la legislación laboral. Según la OIT, alrededor de 250 millones de niños menores de 14 años son forzados a trabajar en los países en vías de desarrollo: 17 millones en Latinoamérica, 153 millones en Asia y 80 millones en África. De esta cifra, unos 12 millones producen para el mercado mundial.

La “deslocalización” empresarial afecta al país de origen, donde aumenta el desempleo, pero las consecuencias más negativas se dan en los países receptores: creación de empleo de baja calidad que genera pobreza y explotación, violaciones de los derechos humanos, contaminación y destrucción del medio ambiente. Además, si una empresa consigue mayor competitividad marchándose al extranjero, obliga a la competencia a hacer lo mismo para poder colocar sus productos en el mercado. Sin embargo, la “deslocalización” no tendría por qué acarrear consecuencias negativas. Es importante tener en cuenta que muchas de las empresas “deslocalizadas” son “deslocalizaciones” previas: multinacionales que ahora trasladan su producción de México o España a países con condiciones económicas más favorables fueron “deslocalizadas” con anterioridad desde Alemania o Estados Unidos. La finalidad de una empresa es obtener los máximos beneficios, por lo que es lógico que intente producir al menor precio posible.

La “deslocalización” se corrompe cuando las multinacionales se desentienden de las condiciones laborales de las personas que confeccionan sus productos, mientras invierten millones de dólares en publicidad; cuando los gobiernos de países en vías de desarrollo conceden exenciones fiscales a los mismos que condicionan su crecimiento y explotan a su población. La solución no es que las multinacionales retiren sus inversiones de los países empobrecidos, sino que garanticen un nivel de vida digno a aquellas personas que son la fuente de su riqueza
 

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Los republicanos y la derrota electoral

Por: José R Uzal

En las pasadas elecciones, el pueblo estadounidense decidió terminar con el gobierno monopartidista, regresar al modelo bipartidista e imponerle supervisión al presidente Bush. El Partido Republicano perdió el control de la Cámara y el Senado y de 28 gobiernos estatales. El voto hispano fue decisivo en muchas contiendas reñidas pero en realidad, lo que causó la derrota a los republicanos fue el voto de los propios estadounidenses contra la inmigración indocumentada. En octubre de 2005, la Casa Blanca le envió al Congreso una sugerencia para un proyecto de ley sobre la inmigración indocumentada y el control de la frontera sur. La idea era hacer ese tipo de inmigración un tema de controversia en las elecciones del 2006. El Proyecto de Protección de la Frontera, Antiterrorismo, y Control de la Inmigración Ilegal 2005, catalogado en los registros como HR 4437, fue aprobado el 16 de diciembre de 2005. En mayo de 2006, el Senado aprobó el proyecto de ley S2611.

El Congreso y el Presidente continuaron hablando de resolver este problema para que el pueblo estadounidense no los acusara de ser flojos sobre la inmigración, durante el periodo electoral. Los hispanos nos convertimos en una perfecta “arma de distracción masiva”. Era mejor hablar de “los peligros de la inmigración ilegal” que tener que enfrentarse a la realidad de la guerra en Irak. El repudio de la comunidad hispana de Estados Unidos al proyecto de ley 4437 fue total y contundente. Dicho proyecto fue rechazado por inmigrantes legales e indocumentados en las multitudinarias manifestaciones del verano pasado. Nunca antes se habían visto demostraciones pacíficas de esta magnitud en la nación.

 


  El pueblo estadounidense comenzó a reaccionar ante los eventos. Algunos americanos se preguntaban por qué los indocumentados no protestaban por las condiciones existentes en sus países de origen, otros comenzaron a promover un azote contra los inmigrantes en forma de ordenanzas locales y en muchos casos con violencia. Los estrategas republicanos habían logrado que el votante del país tuviera una nueva noción del problema migratorio, pero nadie, ni ellos ni la prensa, ni los líderes hispanos, ni el Congreso, ni el Presidente tenían la menor idea de cuál debería ser el próximo paso.

Ninguno de ellos quiso reconocer que una reforma migratoria dirigida a una sola frontera y a un solo pueblo nunca pudiera llegar ser realidad en un país de leyes como Estados Unidos. El electorado estadounidense, reaccionando a la propaganda política, seguía demandando una solución al problema migratorio. El Congreso y el Presidente continuaron debatiendo si expulsarnos o explotarnos. Al final, la Cámara y el Senado no llegaron a un acuerdo sobre las dos versiones y lo único que aprobó el Congreso, dominado por los republicanos, fue algunos fondos para la construcción de una muralla en la frontera sur. La guerra en Irak retorno al frente del diálogo nacional y el electorado se quedó sin una solución a un tema visceral para ellos. Los resultados de las pasadas elecciones, según las encuestas de salida, demostraron que los votantes estadounidenses reaccionaron en contra del Congreso por no encontrarle una solución al problema migratorio. La guerra en Irak no impactó el voto americano tanto como la inercia sobre la inmigración.

El voto hispano fue decisivo en muchas contiendas pero lo que en realidad causó la derrota a los republicanos fue el voto de los propios estadounidenses contra la inmigración indocumentada. De una forma u otra, los hispanos botamos a los republicanos con nuestro voto y con los votos contra nosotros. Si los demócratas quieren llegar a controlar la Casa Blanca en el 2008, deben prestarle atención a los resultados de 2006 y encontrar una solución justa y equitativa al problema de los indocumentados.

uzal@msn.com

 

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