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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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“Ni
sí ni no, sino todo lo contrario”. Esa
bella cantinflada se la lleva esta semana el presidente
Bush, quien hace unos días dijo que Estados
Unidos no está ganando la guerra en Irak,
pero que tampoco la está perdiendo; y por
eso es necesario pedir unos 100 millones de dólares
más para operaciones militares en la zona
de conflicto. Necesitaríamos los fondos para “no
salir corriendo” de Irak y para que nadie intimide
a Estados Unidos. Hay una larga lucha contra “radicales
y extremistas”, señaló el presidente
norteamericano.
“
Va a llevar un tiempo para que la ideología
de la libertad triunfe sobre la ideología
del odio.
Estamos en las primeras fases de una lucha
ideológica que va a durar un tiempo”.
Sorpresivamente, Bush además dijo que no interpretaba
los resultados de las recientes elecciones congresales –donde
los republicanos perdieron la mayoría en ambas
cámaras del Congreso- como una señal
del público estadounidense que hay que salir
ya de Irak. “Yo lo veo más bien como
una señal de que quieren un cambio de estrategia”.
Mientras esa política cegada e ilógica
continúa a un costo astronómico de
casi 2.000 millones de dólares semanales,
nos llega la gran ironía –el mismo día
del pedido monetario del presidente-, de que uno
de cada cinco personas hispanas en este país
de gran riqueza se acuesta todas las noches con hambre.
El reporte del Consejo Nacional de la Raza (NCLR,
por sus siglas en inglés) indica además
que 20 por ciento de latinos en Estados Unidos tiene
poco o ningún acceso a alimentos nutritivos.
"
La falta de acceso a recursos está obligando
a demasiadas familias latinas a tomar decisiones
que nadie debería tener que tomar, tales como
escoger entre tener un techo sobre sus cabezas o
poner comida en la mesa. La falta de alimentos saludables
a costos razonables también tiene efectos
devastadores sobre la salud, tales como aumentar
el hambre y la obesidad, lo cual afecta no sólo
a la comunidad latina, sino el bienestar de todo
el país", declaró Janet Murguía,
presidenta de NCLR.
En esta época navideña, con su desbordamiento
de regalos y comida, imagínense a cuánta
gente se le podría dar de comer con los $2.000
millones que se gastan cada semana en una guerra
sin ton ni son y claramente sin fin. La ideología
de la libertad que impulsa el capitán de ese
barco a la deriva obviamente no incluye una lucha
por el bienestar de muchos de sus connacionales.
Y cada día hay más evidencia de esa
falta de tolerancia y benevolencia entre políticos
que, desafortunadamente para la imagen del partido
republicano, son conservadores y republicanos.
Esta vez le toca al congresista republicano Virgil
Goode, del estado vecino de Virginia, quien está atemorizado
que los musulmanes se vayan a apoderar del país.
En una carta a los electores de su distrito, Goode
hace referencia al deseo del primer legislador musulmán
en el Congreso federal, de juramentar con el Corán
el mes que viene cuando se reúna el nuevo
Congreso. “Si no adoptamos estrictas medidas
migratorias, tendremos más musulmanes electos
a puestos legislativos y exigiendo el uso del Corán,
y perderemos nuestra base de valores y tradiciones.
Tenemos que detener la inmigración ilegal
por completo, e incluso disminuir la inmigración
legal”.
Lo patético es que tanto el presidente Bush,
como el congresista Goode y otros legisladores de
la rama conservadora se jactan de ser cristianos
compasivos y tolerantes, pero se olvidan de lo que
el mismo Jesús dijo siglos atrás de
cuidar al prójimo: “Porque tuve hambre,
y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de
beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo,
y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve
en la cárcel, y vinisteis a mí”.
Es bueno recordarlo en estos días de bullicio
y obsequios.
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