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En vísperas de la Navidad niños protestan frente a la Casa Blanca

Hijos de indocumentados piden compasión

Una delegación de 10 niños acompañados por representantes de organizaciones comunitarias en defensa de los inmigrantes llegó frente a la Casa Blanca para pedirle al presidente Bush un alto a las redadas.

Una delegación de niños llegó hasta la puerta de la Casa Blanca el jueves 21 de diciembre para armar un árbol de Navidad, pero esta vez no estaría decorado con bombillas, luces y estrellas sino con los rostros de sus padres, quienes esperan orden de deportación o ya se encuentran en sus países de origen separados de sus familias. Con este acto la delegación de niños acompañados por representantes de organizaciones comunitarias en defensa de los inmigrantes como Pueblos sin Fronteras viajaron desde Chicago para pedirle al presidente George W. Bush compasión en vísperas de la Navidad y que ponga un alto a las redadas.

“ Me quitaron a mi papá y le pido al presidente Bush que yo también tengo derecho de pasar una Navidad en familia. Mi papá se ha comunicado con mi mamá y dice que lo tratan como a un criminal y no lo es”, expresó la niña Alejandra Barrios, cuyo padre será deportado en los próximos días.

Saúl Arellano, el niño símbolo de la defensa de los derechos de los pequeños ciudadanos estadounidenses de padres indocumentados, también integró la delegación que marchó hasta la Casa Blanca.

Durante la manifestación, Rosa Rosales, presidenta de LULAC pidió al presidente Bush “una moratoria a las redadas. Suficiente daño ha sido causado destruyendo familias. Este gran país no es conocido por hacer esto”.

La manifestación también sirvió para pedir al gobierno estadounidense que incluya en su agenda de prioridades el debate sobre la reforma migratoria porque la separación repentina produce un daño sicológico a las familias y a los niños que arrastrarán de por vida alterando el desarrollo de la sociedad estadounidense.

La iniciativa se realizó en respuesta a la redada masiva ocurrida el pasado 12 de diciembre de manera simultánea en seis estados. El saldo fue 1.282 detenidos de los cuales 144 enfrentan cargos criminales relacionados con el robo de identidad. El operativo que responde al nombre de “Operación vagón de tren” u “Operación Carreta” fue realizada por la Oficina de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) en las plantas procesadoras de carne de la empresa Swift.

Guatemala ofrece ayuda a compatriotas detenidos

De los 1.282 detenidos, se sabe que aproximadamente 536 son de origen guatemalteco. A pesar que hasta el momento se desconoce el paradero exacto de los trabajadores indocumentados y no se han confirmado en números las nacionalidades, el gobierno guatemalteco ofreció de inmediato ayuda a sus compatriotas que enfrentan esta terrible situación. Para ello los abogados de los consulados tratarán de ofrecer toda la ayuda legal necesaria para evitar que sean deportados.

El canciller de Guatemala, Gert Rosenthal, manifestó “que al parecer se está manejando un doble discurso porque nos hemos reunido con autoridades estadounidenses para tratar el tema de los migrantes y ahora están a punto de deportar a muchos de nuestros compatriotas”.

Sobre este punto, el Procurador de Derechos Humanos (PHD), Sergio Morales, lamentó no sólo la actitud de las autoridades estadounidenses sino también el que en Guatemala no existan planes integrales de atención para quienes puedan ser deportados.

“ Estos connacionales podrían quedarse sin nada, pues muchos vendieron todo lo que tenían en busca de un futuro mejor. Ellos no son delincuentes, sino personas que lo arriesgaron todo para beneficio de ellos y sus familias”, sostuvo Morales.

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Despedidos versus The George Town Club

La Navidad trae una tregua a denuncia por discriminación



Gilberto Salamanca (izq.) y Melaku Teferra, dos de los demandantes de The George Town Club, muestran la documentación presentada ante la Corte Superior del Distrito de Columbia, el jueves 21.

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo propiciaron una singular tregua en un caso que ha remecido los cimientos de The George Town Club, una institución social de reconocido prestigio en el área metropolitana de Washington, DC.
Se trata de tres denuncias por discriminación, hostigamiento y represalia en el puesto de trabajo, formuladas por igual número de trabajadores, dos de ellos de origen latino y etiope el restante, que fueron despedidos por el club meses atrás.

Los protagonistas de este caso son Samuel Romero, Gilberto Salamanca (ambos nacidos en El Salvador) y Melaku Teferra. El primero de ellos es residente legal en Estados Unidos y el segundo es ciudadano estadounidense por naturalización.
Por el otro lado está The George Town Club, cuyo presidente de la Junta Directiva, Steven Hayes, negó firmemente las acusaciones de los demandantes. “En este local no discriminamos a nadie, por ningún concepto, eso no tiene ninguna base”, declaró a Washington Hispanic, y reveló que el mismo jueves 21 se logró que dos de los tres trabajadores en cuestión “acepten entrar a un arbitraje, y estamos seguros que el tercero lo hará más adelante”.

Hayes expresó su esperanza de que pasadas las fiestas de fin de año los abogados de ambas partes concretarán ese acuerdo.

Las denuncias
Romero, Salamanca y Teferra denunciaron a Washington Hispanic ese mismo día, en horas de la mañana, que se les había despedido por razones sin fundamento.

“ Lo único que reclamamos es justicia y que se nos reponga en nuestro centro de trabajo pues no cometimos ninguna falta, como ya lo hemos demostrado”, argumentó Romero, en una conversación telefónica pues tuvo una emergencia médica con su hija.

Salamanca y Teferra, por su parte, dieron a conocer su posición en uno de los ambientes del gabinete de abogados Thompson Hine, en el centro de DC, donde cuentan con el patrocinio legal de los profesionales Christopher “Kip” Schwartz y Eric Heyer.

Salamanca, quien trabajaba como mesero hasta antes de su despido, indicó que en los últimos meses se le hostigó por diversas causas, recortándosele las horas de trabajo, suspendiéndolo por motivos intrascendentes y discriminándolo con relación a los trabajadores no hispanos.

Por su parte, Tefarra, quien era Valet Manager del Club, sostuvo que en cierta oportunidad fue atacado físicamente por el maitre del establecimiento, Laurent Lala, porque él le informó que no podía trabajar el 31 de diciembre de 2005.
Además, los tres despedidos dieron a conocer que se les prohibió hablar en español, en todos los ambientes de la institución, inclusive con miembros e invitados que hablaban ese idioma.

Como parte de la demanda, exigen el pago de las sumas no percibidas y una compensación por daños y perjuicios ascendente a 200.000 dólares para cada uno de ellos.

El presidente de la Junta Directiva de The George Town Club, Steven Hayes, refutó la última aseveración de los acusadores. “No hay ninguna regla en el club según la cual se prohíbe hablar español, eso no es verdad”, insistió, para añadir que la mayor parte de los empleados son originarios de varios países “y más del cincuenta por ciento de ellos son hispanos”.

De acuerdo a las dos partes, habrás que esperar los primeros días de 2007 para conocer las secuelas de este caso. Es decir, si los demandantes y el club entran a un arbitraje para encontrar una solución salomónica o si nuevamente rompen hostilidades.

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Estudio de NCLR revela dramática situación

Uno de cada cinco latinos sufre de inseguridad alimenticia



La presidenta de NCLR, Janet Murguía, en la presentación del estudio “Sin Provecho”, realizado en la cafetería de la Carlos Rosario International School.

Según un estudio hecho por el Consejo Nacional La Raza (NCLR), uno de cada cinco latinos que vive legalmente en el país sufre inseguridad alimenticia. El término se aplica a las personas que no tienen acceso a alimentos sanos o que pasan hambre.

Este problema puede tener nefastas consecuencias en el rendimiento escolar de miles de estudiantes hispanos.

El reporte llamado “Sin Provecho, La Inseguridad Alimenticia y Los Latinos”, también entrega recomendaciones acerca de cómo solucionar la situación: derribar las barreras legales que impiden que más latinos puedan acceder al programa de cupones de alimentos, realizar más actividades de alcance de parte de las organizaciones comunitarias para informar a las personas elegibles que pueden postular a ellos, mejorar las oportunidades para que la gente pueda comprar alimentos sanos y optimizar la recolección de datos en general, entre otras sugerencias.

El estudio fue presentado en la cafetería de la Carlos Rosario International School por la presidenta de NCLR, Janet Murguía; la analista de políticas de salud de NCLR, Jennifer Ng’andu; Ellen Vollinger, directora legal del Food Research and Action Center y la directora ejecutiva del CentroNia, Beatriz Otero.

Sin cupones
Una de las razones de tan alto número de gente viviendo cotidianamente con este problema, aparte de la pobreza, es una legislación del año 1996, que dejó sin beneficios de cupones para alimentos a un millón de familias inmigrantes.
Luego, en 2002, el Congreso reautorizó el beneficio para 400 mil familias inmigrantes. Sin embargo, según Janet Murguía, la totalidad de esa cifra no ha aprovechado estos beneficios. “Muchas personas no saben que son elegibles para estos programas. Nosotros debemos hacer más para educarlos y enseñarles que pueden acceder a cupones de alimentos o al programa school lunch (o almuerzo de escuela). Con este fin, las organizaciones comunitarias como CentroNia pueden ser un aporte, pero además debemos derribar las barreras en la ley que no permiten a más familias acceder a una alimentación decente”.

Beatriz Otero, directora ejecutiva del CentroNia, se centró en la falta de acceso a alimentos sanos y nutritivos. “El hecho que existan comunidades enteras sin mercados o ferias donde la gente pueda comprar comida sana y natural es grave. En DC, tenemos el distrito 8, por ejemplo, que no posee ningún mercado de este tipo. Entonces la gente compra comida rápida y no vegetales, y lo que vemos es el impacto de eso”.

Ellen Vollinger, directora legal del Food Research and Action Center, dijo que si bien el programa de cupones de alimentos es la defensa principal contra el hambre, pocos se benefician de él. “Sólo un 51 por ciento de los latinos elegibles participan del programa. Necesitamos hacer más para garantizar que todas las personas elegibles accedan al programa. En este momento, el Congreso se prepara para trabajar en el Farm Bill (proyecto de ley de la agricultura), y es el momento para atender este problema. Podemos reforzar el programa de cupones de alimentos aumentando los beneficios mensuales, apoyando los esfuerzos de difusión sobre el programa y eliminando barreras arbitrarias como criterios de elegibilidad”.
Es necesario mencionar también que el programa de cupones de alimentos requiere que las personas estén residiendo legalmente en el país y, en el caso de una familia de cuatro personas, que su ingreso mensual no sea superior a 2.167 dólares.

Si desea saber más sobre el programa de cupones para alimentos, puede llamar al 1-800 221-5689.

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Despedidos versus The George Town Club

Arrestan a dueña de Leonor’s Travel



La propietaria de una agencia de viajes internacional fue arrestada por la policía y después salió en libertad tras comprometerse a pagar a sus clientes las sumas de las que se apropió en los últimos meses, confirmaron las autoridades.
Se trata de Leonor Hernández, de 44 años, quien fue detenida el jueves 14, según reportó el Departamento de Policía del Condado de Fairfax (Virginia), luego de conocerse varias denuncias contra su agencia Leonor’s Travel, localizada en el 8332 de Richmond Highway, VA.

Ella reside en una casa ubicada en el bloque 8001 de Pantano Place, también en el área de Alexandria, y fue acusada por los cargos de falsificación, apropiación ilícita y malversación.

En fuentes policiales y judiciales se dio a conocer que Leonor Hernández, de origen salvadoreño, era investigada desde hace medio año, aproximadamente, luego de una serie de quejas presentadas por varios clientes de su agencia de viajes.
Las denuncias, que iban en aumento, indicaban que las víctimas adquirieron por intermedio de la agencia sus boletos en líneas aéreas internacionales, pero que cuando llegaban al aeropuerto el día fijado para viajar se daban con la sorpresa de que los vuelos no estaban programados o que los tiques simplemente no estaban en lista.

La policía estableció que Hernández retuvo para su provecho personal el dinero entregado por los viajeros, a quienes generalmente atraía con ofertas de descuentos. Sin embargo, el dinero no lo entregaba a las aerolíneas para hacer las reservaciones de los pasajes, como lograron determinar los detectives.

De acuerdo a reportes de las autoridades judiciales, la empresaria reconoció su culpa al presentarse ante la Corte de Fairfax y se comprometió ante el juez a pagar las sumas que le entregaron los frustrados viajeros.

Leonor Hernández fue puesta en libertad luego de pagar una fianza cuyo monto se mantiene en reserva.

Otras fuentes señalaron que ella ha decidido vender la agencia y retirarse del negocio definitivamente.

Sin embargo, el caso contra Hernández continúa abierto, y la policía se encarga de hacer un seguimiento del proceso de devolución del dinero a las víctimas de este caso de fraude.

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