Por:
Manuel R. Villacorta O.
¡
Qué importancia tan grande poseen los humildes
inmigrantes que provocan las más publicitadas
acciones de las cúpulas políticas
de Estados Unidos y América Latina! Ciertamente
en el continente americano, Estados Unidos atrae
muchas vidas dispuestas a correr graves riesgos
y enfrentar arduas jornadas laborales, mientras
el resto de países las expulsan sin importar
el drama que esto implica. Mucha tinta ha corrido
analizando, apoyando o criticando a senadores y
congresistas estadounidenses que parecen alborotarse
en esa afanosa búsqueda por proponer el "mejor
plan migratorio para la nación".
Hace poco la escena mediática estaba dominada
por los senadores John McCain (R) y Edward Kennedy
(D) cuando presentaron el llamado "Plan migratorio
bipartidista", que a la postre ha sido el
más integral y preciso. Hoy, un grupo de
republicanos encabezados por el legislador James
Sensenbrenner es el que atrae las cámaras
televisivas y las portadas de los diarios con el
proyecto de ley "Border and Immigration Enforcement
Act of 2005" (H.R. 4437), que en su parte
medular contiene aspectos radicales como reforzar
las fronteras, negar la ciudadanía a los
hijos de inmigrantes indocumentados radicados en
Estados Unidos, impulsar las deportaciones y sancionar
a los empleadores que contraten trabajadores carentes
de permiso laboral. Días antes el propio
presidente George W. Bush también insistió en
su propuesta para enfrentar la problemática
migratoria, en un claro intento de demostrar que
el organismo Ejecutivo también tiene interés
en el tema. Con todas estas propuestas sólo
será cuestión de tiempo para que
la ley definitiva (y su importante contenido) quede
sancionada e inicie su vigencia. Diversos grupos
civiles pro inmigrantes están haciendo oír
su voz con mayor fuerza, lo que en suma perfila
una etapa política muy compleja y dinámica.
Pero lo que se haga en Estados Unidos estará siempre
relacionado a los efectos migratorios. Las causas,
su razón de ser, quedan en el olvido. Quizá por
eso el fenómeno lleva tanto tiempo en vigencia
sin aparente solución definitiva. Nos concentramos
en los resultados y no en los motivos. Porque América
Latina se ha convertido en una región inhóspita
y sin esperanza que expulsa por miles y miles,
día tras día, a muchos de sus hijos. ¿Acaso
los inmigrantes que abandonan sus patrias lo hacen
plagados de felicidad? No. Todos los inmigrantes
sabemos por experiencia propia lo que es "partirse
en dos". Dejar la raíz en donde nacimos
para trasladar la corteza a sitios lejanos y siempre
ajenos. Las razones de ese desarraigo son variadas
pero dos sobresalen: porque hemos sido víctimas
de la violencia en países en donde reina
la impunidad, o porque no teníamos otra
alternativa ante la falta agobiante de un ingreso
económico que permita la supervivencia familiar.
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Así como
debemos estar atentos a las directrices políticas
hacia la inmigración formuladas por funcionarios
estadounidenses, estamos obligados a atender
las causas que verdaderamente están generando
la incontrolada inmigración hacia Estados
Unidos, éxodo doloroso que no perfila
solución inmediata. Es triste para los
civiles y vergonzoso para los políticos,
ver desfilar a algunos presidentes de la región
con sus cancilleres, para pedir casi de rodillas
a las autoridades estadounidenses que se otorgue
un TPS a sus compatriotas o que se detengan las
deportaciones. Acciones que ejecutan no precisamente
porque les preocupe la calidad de vida o la situación
legal de los ciudadanos latinoamericanos que
viven en Estados Unidos; les interesa de sobremanera
preservar esos aproximadamente 50.000 millones
de dólares que como producto de las remesas
familiares están entrando a la región,
y que significan la preservación de esas
desiguales economías, incapaces de generar
los empleos necesarios para evitar la inmigración.
Enrique V. Iglesias, presidente del BID, en una de sus conferencias expuso que: "En
paralelo a la liberalización de los movimientos de bienes, servicios y
capitales se verifica un fenómeno migratorio significativo, expresión
de la creciente movilidad laboral. La falta de oportunidades económicas
y sociales especialmente para los jóvenes y los diferenciales salariales,
aunados al impacto de las reformas estructurales sobre los precios relativos
del capital y la mano de obra, explican y estimulan al mismo tiempo las corrientes
migratorias en los países de la región. América Latina y
el Caribe se han convertido en un área económica exportadora de
recursos humanos, e importadora de las así llamadas remesas familiares,
que se han transformado en una fuente de capital crítica para las economías
familiares y para la economía en su conjunto". Palabras que explican
con precisión la importancia del fenómeno.
Inmigración, derechos, legalidad e ilegalidad, remesas e impacto social
regional, son algunos de los elementos que activan el debate migratorio. Es necesario
que todas las organizaciones pro inmigrantes velen por los intereses de los trabajadores
hispanos que viven en Estados Unidos. Es conveniente que preserven sus esfuerzos
ante las autoridades estadounidenses para que los acuerdos impliquen también
la preservación de los derechos laborales de los inmigrantes, pero su
lucha será verdaderamente integral, cuando no olviden reiterar que el
problema se genera allá, del Río Bravo a la Patagonia, y que sólo
dando solución integral a ambos extremos, se podrá en definitiva
resolver un desafío inmenso como es la inmigración latinoamericana
hacia Estados Unidos.
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