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Concluye
el año 2005, que nos trajo muchas novedades
aunque no todas muy halagüeñas por
cierto; y empieza otro, lleno de expectativas
y esperanzas para la comunidad hispana.
Los meses han pasado como un verdadero vértigo,
mientras desde nuestra trinchera periodística
seguíamos los acontecimientos semana tras
semana, para volcarlos en las páginas de
Washington Hispanic, un periódico que desde
su primer número se puso al servicio de
nuestra inmensa comunidad.
El año 2005 ha sido el año en el
que la población de origen latino se consolidó como
la primera minoría del país, superando
a la de origen afro-estadounidense. Pero este crecimiento
no sólo se da en las frías estadísticas,
sino también en otros aspectos, como el
aumento de hispanos graduados en la escuela secundaria,
la disminución de la deserción escolar
en algunos Estados y el mayor número de
egresados de las universidades.
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Eso
es muy satisfactorio. Pero al lado de esos avances,
que evidentemente redundarán a favor del
futuro de nuestra gente, están también
los retrocesos. Los hispanos todavía no
se animan a participar, como debería ser,
en los foros políticos y comunitarios. Por
esa causa, el porcentaje de autoridades locales
y vecinales hispanas es muy reducido. Esto trae
como consecuencia el todavía escaso número
de hispanos en puestos claves en el gobierno local.
Por otro lado, creemos que ante las amenazas que rondan a la comunidad de origen
latino –en especial aquellas relacionadas con la reforma migratoria-, la
respuesta en el año que se inicia debe ser la unidad y la solidaridad,
a través de la participación política y comunitaria.
Sólo así podremos vencer los obstáculos que se presenten
en 2006, que se inicia con oscuros nubarrones y que seguramente será crucial
para el futuro de millones de hispanos que aún viven en las sombras. De
algo estamos seguros, que unidos ¡Sí se puede! |