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Estimulación es la palabra clave
Afecto, una necesidad del bebe

Un niño con sus necesidades afectivas cubiertas podrá relacionarse más sanamente con los demás cuando crezca.

Hace un tiempo, se publicaron muchas noticias sobre los beneficios que tienen en los bebés el escuchar música de Mozart.

Incluso, se recomendó (y aún se aconseja) hacerlos escuchar esta música dentro de la panza de la madre, cosa de estimularlos desde que se están formando en el útero.

Y es que estimulación es la palabra clave si quiere que su hijo pueda, en el futuro, ocupar todas sus facultades intelectuales y emocionales.

Sobre la importancia de una correcta estimulación emocional, un nuevo estudio realizado por la Universidad de California, acentúa la trascendencia que tiene en los bebés el estimularlos, ya no sólo con música, sino con cariño.

El estudio
Durante los primeros dos años de vida, el hemisferio derecho del cerebro, cuyas funciones se desarrollan gracias a la parte emocional del individuo, crece físicamente en forma importante.

Pues bien, el estudio, dirigido por el profesor asociado de la Escuela de Medicina de la UCLA, Allan Schore, ha demostrado que el afecto y el apego del niño con sus padres, durante los primeros años de vida, no sólo afecta el estado psicológico del niño, sino que juega un importante rol en el desarrollo físico de su cerebro.

Para el doctor Schore, el llamado primer aprendizaje es fundamental, porque aquí es cuando se desarrolla físicamente el hemisferio derecho del cerebro. Este es el momento cuando el bebé aprende a diferenciar las distintas expresiones de su madre.

Así, el niño poco a poco va reconociendo las distintas emociones. A distinguir entre un “no” dicho entre risas a una negación expresada con molestia. Lo mismo entre un contacto físico afectuoso y otro brusco o descariñado.

Todas estas herramientas facilitan la comprensión de la comunicación no verbal, fundamental para entender no sólo las emociones de los demás, sino también las propias.

El doctor Schore establece en su estudio que, si lo anterior no se consigue, el cerebro del niño no podrá comunicarse emocionalmente con otros. Por lo tanto, sufrirá de conflictos afectivos intensos y frecuentes. Tendrá una autoestima frágil y le costará adaptarse a las demandas de su entorno.

Al contrario, el estudio demostró que, cuando una madre trata a su hijo con afecto y preocupada de sus necesidades — que duerma bien, que se alimente correctamente, con una higiene decente y que crezca en un ambiente tranquilo—, ese menor contará con las condiciones para un óptimo desarrollo cerebral.

“ En estas condiciones, las conexiones cerebrales del hemisferio derecho crecen y se fortalecen, lo que hace aumentar la capacidad de recuperación del cerebro luego de eventos traumáticos. Gracias a esto el niño, al crecer, será capaz de resistir el estrés y las tensiones, además de ser empático con los demás”, explica Allan Schore.

Aún más, señala el neurocientista, un cerebro con las neuronas bien conectadas no sólo es capaz de entender lo que le ocurre a los demás, sino también lo que le pasa a sí mismo a través de poderosas introspecciones. Con ello, puede magnificar las experiencias y emociones positivas, al mismo tiempo de reducir el impacto de las negativas.

Según el científico, un apego inseguro, inexistente o disfuncional en el primer año de vida es un riesgo de enfermedades siquiátricas futuras, tales como la depresión, angustia o la agresividad.

Otros riesgos
En un aspecto más neurobiológico, la Universidad de Madison acaba de publicar un estudio en el cual alerta sobre los problemas que la falta de abrazos puede ocasionar en los niños.

En otras palabras, la carencia de cariño puede dificultar el correcto funcionamiento biológico, lo que traería consecuencias en la habilidad del niño de formar lazos sociales, según dijo el profesor de la Universidad de Wisconsin, Seth Pollack.

El estudio consistió en ver las consecuencias que tuvo en ciertos niños su experiencia en orfanatos de Europa del Este, una vez ya integrados en hogares normales, donde fueron tratados con cariño y amor.

Los científicos descubrieron que la carencia en los niveles de oxytocina y arginina vasopresina, dos hormonas que juegan un papel importante en la capacidad de formar lazos sociales, persistían tiempo después de dejar el orfanato.
Así, el investigador comparó a adolescentes que habían pasado cerca de 16 meses en orfanatos de Europa del Este —siendo adoptados luego por familias en Wisconsin—; con niños que habían vivido siempre en hogares normales.

La carencia en el nivel de las hormonas involucradas fue bastante menor en los jóvenes que venían del orfanato, comparadas con las de los otros niños.

Como la hormona parece ser crítica en el reconocimiento de gente familiar, los investigadores piensan que puede afectar el desarrollo de lazos sociales, lo que trajo como conclusión que la privación social inhibiría el desarrollo normal del sistema que produce estas hormonas.

El doctor Pollack señaló que este descubrimiento demuestra que la inexistencia de cariño en los niños afecta su neurobiología.

Ahora, afirmó que esta investigación, si bien puede ayudar a comprender el porqué los niños que reciben un cariño pobre cuando son bebés les cuesta formar lazos sociales normales, de todas formas no puede considerarse como un daño permanente.

“ Es extremadamente importante que las personas no piensen que estos niños son en alguna forma discapacitados.

Aquí hay una ventana para entender las bases biológicas de lo que ocurre”, concluyó el doctor Pollack.
Por ello, no espere un segundo más y entregue todo el amor que pueda a su bebé.

 

 

Muchos adultos mayores no cuentan con una red social
Para los ancianos, más no es mejor

 

Para los abuelitos, las amistades cuentan más que las relaciones familiares a la hora de predecir la salud mental.


Al momento en que las personas se acercan al otoño de sus vidas, cada vez se vuelve más importante la red social que los rodea.

Sin embargo, un estudio hecho por la Universidad de Michigan demostró que el 60 % de los mayores de 60 años sienten alguna forma de soledad. Es decir, su red social no alcanza a satisfacer sus necesidades de interacción humana.

Catherine Fiori, especialista en Psicología del Desarrollo y quien presentó el estudio, señaló que el círculo social de los adultos mayores se reduce por la muerte del cónyuge o amistades, los cambios de su rol en la sociedad —como la jubilación—, y por acciones intencionales de éstos al incluir sólo gente cercana a su grupo de personas que los rodean.

Así, el número de individuos cercanos que están dentro de la red social de los adultos mayores varió entre cero y 41 personas, con una media de 9,5.

Ahora, la clave de ésto es que la soledad no se mide en cuanto al número de personas dentro de la red social de alguien, sino de acuerdo a cómo se percibe esa amistad.

Alrededor de un 22% de los encuestados se sentían emocionalmente solos, marginados o carentes de toda compañía.

Cerca de un 16% se sentían socialmente solos, al no tener alguien con quien hablar o en quien apoyarse, además de no tener un sentido de pertenencia a ningún grupo.

Otro 19% se sentían aislados, aquejados de soledad social y emocional. Por otra parte, un 43 % señaló no sentir ningún tipo de soledad.

Los investigadores llegaron a la conclusión que el tamaño de la red social de los ancianos no guarda relación con la salud mental y el bienestar subjetivo de ellos.

Es decir, había un gran número de adultos mayores que tenían una red social extensa, pero padecían una mayor soledad emocional.

Es decir, los abuelitos que se sentían solos en un mar de gente, padecían más depresión y estaban menos satisfechos con sus vidas que otras personas solitarias, pero con una red social más pequeña.

Además, el estudio arrojó que para los abuelitos, las amistades contaban más que las relaciones familiares a la hora de predecir una buena salud mental.

Incluso, luego de aislar variables como salud, ingresos y edad, las personas cuyos contactos sociales se limitaban a los miembros de la familia, tenían una mayor posibilidad de padecer síntomas de depresión.


Largas esperas para los pacientes sólo para ser examinados superficialmente
Una alternativa saludable

Las instalaciones están equipadas con la última tecnología, incluídos laboratorios básicos para exámenes y sistemas de rayos X.



Con el rápido crecimiento de la población, especialmente en Fairfax, Loudoun y el norte de Virginia, muchas salas de emergencia (ER) locales están siendo sobrepasadas en su capacidad.

Esto ha traído como consecuencia largas esperas para los pacientes sólo para ser examinados superficialmente por los médicos de estos establecimientos asistenciales.

Este inconveniente ha dado paso al crecimiento de los Centros de Cuidados Urgentes (CCU), la que es una especialidad relativamente nueva.

Sus instalaciones generalmente están emplazadas en dependencias independientes y se dedican a tratar enfermedades agudas o heridas que no son una amenaza para la vida de las personas, además de no requerir hospitalización.
Los CCU usualmente están compuestos por médicos certificados que han sido objeto de extensos entrenamientos, siendo experimentados en el manejo de enfermedades médicas agudas.

Los médicos y enfermeras en estos centros trabajan en equipo con el objetivo de mejorar la condición de salud de las personas que necesitan de su cuidado médico.

El rango de edad de quienes pueden ser tratados en estas instituciones médicas van desde niños hasta personas de edad avanzada. Es decir, a toda la familia.

Incluso, las instalaciones están equipadas con la última tecnología, incluídos laboratorios básicos para exámenes y sistemas de rayos X.

Lo bueno de los cuidados urgentes es que son convenientes y con precios cómodos.

Además, son especialmente útiles para evitar las largas colas en las urgencias de los centros hospitalarios tradicionales, las que además suelen ser muy costosas, considerando el gran número de hispanos que no poseen seguro médico.

De hecho, una gran cantidad de personas que van a las urgencias de los hospitales pueden ser tratados en los ciudados urgentes, los cuales pueden proveer el mismo tipo de examinación, diagnóstico y tratamiento que un hospital tradicional, pero con el agregado de mayores ahorros de dinero y tiempo.

De todas formas, si una persona se encuentra grave de salud, los cuidados urgentes se encargan de transportarlas al hospital para evitar mayores riesgos.

Generalmente, los pacientes de cuidados urgentes son vistos en orden de llegada, excepto por aquellos que llegan en condiciones más o menos críticas.

Por otra parte, estos centros ven pacientes sin la necesidad de realizar citas.

Esto a veces causa cierta congestión en las salas de espera. Sin embargo, los trabajadores de la salud en los CCU saben que el tiempo de sus pacientes es valioso y trabajan duro para atenderlos a la brevedad.

Por último, un completo registro de su visita puede ser enviado a su proveedor de salud, cosa de facilitar el seguimiento de su condición.

(*)Médico familiar

 

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