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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Ambas cámaras de Congreso
regresaron esta semana de su receso por el feriado
de Thanksgiving para discutir una variedad de asuntos
pendientes, como 11 de 12 proyectos de ley de gastos
para agencias y departamentos federales, y para tratar
de resolver varias polémicas que se han desatado
en turno al tema de la inmigración. Como muy
bien saben, el tema de la inmigración ha sido
el foco central entrando a las contiendas presidenciales
y muchos candidatos han usado a los inmigrantes como
chivos expiatorios porque, por supuesto, los inmigrantes,
al no ser ciudadanos, no votan.
El candidato republicano Tom Tancredo, de Colorado,
ha hecho de la inmigración el enfoque de su
candidatura, incluso auspiciando un anuncio donde
asegura que los inmigrantes indocumentados son la
principal causa del terrorismo. El anuncio termina
con un bombazo en un centro comercial, como que él
está diciendo que tengan cuidado al hacer
sus compras de Navidad, que ciertamente hay un ilegal
rondando por ahí a punto de hacer estallar
la tienda y cambiar sus vidas para siempre. “Lo
digo yo porque alguien lo tiene que decir”,
comenta Tancredo en el anuncio.
Claro está, sabemos que en gran medida, estas
tragedias son culpa de algún anglosajón
con problemas mentales. Tenemos lo que pasó hace
unos días en un centro comercial en Omaha,
Nebraska. Un joven anglosajón recién
despedido de un McDonald’s saca una pistola
y mata a varias personas antes de suicidarse. La
peor tragedia en el estado… y no fue un terrorista,
y mucho menos un indocumentado. Lo mismo en Colorado
y en la Florida, entre otros lugares. Ya sabemos
que los inmigrantes indocumentados no tienen la culpa
de estos actos, pero siguen siendo munición
para la caravana de ultra conservadores que se auto
identifican como defensores del bienestar del país.
No es nada sorpresivo que esa ola antiinmigrante
continúa en el Congreso, aun con mayoría
demócrata y aun después de promesas
de varios legisladores, de que este año sería
diferente. Este año, decían, tomaremos
el tema de la inmigración y será aprobado.
Sabemos que al menos el Senado lo intentó,
mientras que la Cámara ni en el calendario
lo puso. Pero no quiere decir que no está muerto.
No conformes con atacar constantemente a la comunidad
migratoria y por ende promulgar a nivel local la
aprobación de medidas restrictivas contra
los inmigrantes, algunos legisladores intentan insertarlo
en proyectos de ley que no tienen relación
alguna al tema. El proyecto de ley del Departamento
de Agricultura, por ejemplo, tiene más de
300 enmiendas, incluyendo una que prohíbe
que los estados ofrezcan licencias de conducir a
personas indocumentadas.
Muchos inmigrantes se preguntarán, ¿por
qué nos tienen tanto odio? La razón
es muy sencilla: porque como fuerza política
apenas la comunidad está en su infancia. Y,
simplemente, insuficientes números de latinos
que sí pueden votar en realidad no lo hacen.
Las cifras señalan que en las pasadas elecciones
presidenciales hubo al menos 16 millones de latinos
elegibles para votar; nueve millones se registraron,
7 millones fueron a las urnas. O sea, millones y
millones de votantes hispanos pudieron votar y no
lo hicieron. Eso no puede seguir así, si la
comunidad quiere que los políticos los tomen
en cuenta y que los ataques terminen de una vez por
todas.
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