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Un cóctel venenoso


Por: José R. Uzal

En EEUU solamente hay problemas migratorios en años de elecciones o de depresión económica. Este es un año de elecciones, en medio de una guerra cada día menos popular, con un presidente con baja aprobación y una economía en decadencia. Esto es la receta de un cóctel venenoso para los hispanos. Especialmente para los ilusos indocumentados. Digo ilusos porque nadie sabe cuántos indocumentados hay ni de dónde vinieron.

Las cifras cambian: 20 millones, 15 millones 12 millones. La última cifra parece ser la más aceptada. Según el censo, los inmigrantes ilegales son el 4 por ciento de la fuerza laboral y el 5 por ciento de la población (el 1% de diferencia son los menores, ancianos y amas de casa). Sólo el 48 por ciento de los indocumentados son hispanos pero somos los que: “no hablamos inglés, no nos adaptamos al credo americano y no queremos abandonar nuestra ciudadanía original y, según académicos eruditos, estamos destruyendo esta sociedad”. Somos una perfecta “arma de distracción masiva”. Los candidatos a la presidencia prefieren hablar de los peligros de la inmigración que tener que enfrentarse a los votantes con temas importantes como la guerra, la salud y la economía.

Desafortunadamente los hispanos que vivimos en esta gran nación no somos percibidos como un bloque político. Somos un mercado que consume casi un trillón de dólares. Con ese enorme poder adquisitivo los vendedores americanos nos contactan en español. Podemos consumir esa enorme cantidad porque legales o ilegales, trabajamos. Los políticos saben que en

 

realidad no somos un bloque importante de votantes. Los hispanos que votan no lo hacen como hispanos; votan con la misma información y con las mismas motivaciones que el pueblo estadounidense y los hispanos indocumentados no votan.

Es obvio que quien hizo la decisión de usar la inmigración como tema en estas elecciones no tenia la menor intención de resolver el problema de la ilegalidad migratoria, ni de mantener nuestra seguridad nacional. Si hubiera habido seriedad en el tema no se hubiera enfocado solamente en la frontera sur y los latinoamericanos. Una reforma migratoria comprensiva tomaría en consideración todas las fronteras, todos los puertos de entrada así como el control de quién entra al país y de quién y cuándo salen. El preocuparse de quién es indocumentado y cuántos indocumentados entran por la frontera sur son temas secundarios que se pueden resolver si el gobierno decide establecer e implementar una política migratoria justa y sin prejuicios. El construir una muralla en la frontera sur para aparentar resolver el problema es reírse del pueblo estadounidense.

Podemos desfilar, protestar y gritar contra la política migratoria pero si no acudimos a las urnas y votamos con nuestra conciencia y nuestros intereses, nadie nos va a poner atención. Si no votamos seguiremos siendo un bloque económico de un poder adquisitivo de casi un trillón de dólares, con mujeres bonitas y buena comida.

La democracia es un sistema justo cuando se usa el voto. Los congresistas y los senadores que incendiaron la opinión pública contra los hispanos, legales e indocumentados, merecen ser “deportados” con nuestro voto.
Ellos votaron basados en sus conciencias, nosotros, con mucho respeto, tenemos que hacer lo mismo. Si no los botamos con muestro voto nos van a botar de aquí, tarde o temprano.
uzal@msn.com

 

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Nueva esperanza para la educación temprana

Por: Gregory Taylor (*)

Estudios del Instituto de Medicina y del Consejo Superior de Investigaciones nos dicen que la brecha de los avances para los niños pobres y desfavorecidos por la fortuna se crea en los primeros cinco años de sus vidas. El cerebro de un jovencito funciona de acuerdo con el principio de "tómalo o déjalo" y los sinapsis (el funcionamiento de las neuronas) no usados ni estimulados temprano sencillamente mueren.

Por eso, los primeros cinco años de un niño en el hogar constituyen los más importantes de su vida. Los primeros cuatro años en la escuela son el segundo tramo más importante. Y el paso desde la casa y la comunidad a la escuela puede ser la transición más importante de su vida.
Sin embargo, en la mayoría de los distritos escolares hay poca interacción entre las guarderías locales, los proveedores de educación temprana, y el sistema de educación publica. La transición al kindergarten generalmente consiste en sesiones de recepción para los padres. Raramente hay una alineación entre enseñanza, currículo y coordinación de maestros y padres.
Afortunadamente, la situación ha empezado a cambiar. En 2006, la educación temprana fue considerada una prioridad legislativa por 24 gobernadores estatales, comparada con 17 en 2005. Algunos estados, como Washington, han creado nuevos departamentos dedicados a la educación temprana.

  Para apoyar a los esfuerzos de los estados, muchas fundaciones nacionales (entre ellas W.K. Kellog y SPARK), así como investigadores académicos y el gobierno federal, lanzaron una iniciativa que une a padres, educadores y proveedores de servicios de educación temprana, con sus comunidades. Algunos elementos adicionales de este enfoque incluyen investigación de niños con retrasos de desarrollo y problemas de salud que impiden el aprendizaje; ayudando a padres y a familias en su papel como primeros maestros y obteniendo el compromiso de organizaciones de apoyo, negocios y agencias estatales a dar más recursos a la educación temprana, porque una inversión ahora significa muchos ahorros más tarde.
Enfocar esta acción en el periodo crucial de aprendizaje, desde el nacimiento hasta los primeros grados, asegurará también el éxito de programas existentes como el de “Ningún Niño Queda Atrás”, que espera su reautorización por el Congreso. Políticos de todos los niveles deben continuar proveyendo herramientas y flexibilidad para cultivar nuevas estructuras y programas para apoyar la educación temprana de bebés y niños. Esta es una revolución que debemos preservar. Millones de niños confían en nosotros.

(*) Vicepresidente de programas para jóvenes y educación de la Fundación W.K. Kellogg.

 

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