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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Los
demócratas en la Cámara de Representantes
hicieron esta semana lo que legisladores en los últimos
10 años no han podido hacer: aprobar un aumento
en el salario mínimo, actualmente en el bajísimo
$5,15 la hora. Bajo la propuesta demócrata,
el salario mínimo subiría paulatinamente
hasta llegar a $7,25 la hora en dos años.
Para nada es una suma millonaria, pero algo es algo.
Analistas dicen que el salario mínimo debería
ser un mínimo de $10 la hora dado el costo
de la vida e inflación, pero por puras razones
obvias de política, no hay apoyo en el Congreso
para semejante alza. Y esta legislación que
los congresistas acaban de aprobar corre el peligro
de desaparecer, porque el presidente Bush dice que él
apoya un alza en el salario mínimo, siempre
y cuando la legislación incluya unos recortes
a impuestos que él y los republicanos buscan.
Este proyecto de ley no lo tiene, y ahora vamos a
ver qué clase de tira y jala ocurre mientras
se discute en el Senado.
El alza es una necesidad económica para la
clase trabajadora y pobre, dicen los demócratas,
pero la Casa Blanca asevera que los recortes de impuestos
son igual de importantes. Además, los que
se oponen a un alza dicen que simplemente no hay
suficientes fondos para ayudar al porcentaje de la
clase trabajadora que depende de los empleos que
pagan el salario mínimo. Interesantemente,
los republicanos más bocones en contra de
un alza son los mismos que se quedan sin habla cuando
les toca votar por un alza a su propio salario.
Algunos cínicos dicen que bajo la actual administración,
si los pobres quieren ayuda, que se muden a Irak.
Y no es porque quieran que se maten en ese babel.
Es porque cuando se trata de Irak, el presidente
Bush se cree que el bolsillo del pueblo estadounidense
es un fondo sin fin. Esta semana, en un discurso
ante la nación, el primer mandatario anunció que
enviaría 21.500 tropas adicionales a la zona
de conflicto, a un costo de 5.000 millones de dólares.
Esto por una guerra sin salida con un saldo de más
de 3.000 soldados estadounidenses muertos, decenas
de miles de heridos, y gastos que ya sobrepasan la
cifra astronómica de 400.000 millones de dólares.
Además, el presidente Bush pide al menos $1.000
millones para “asistir la economía iraquí”,
aparentemente bajo la impresión de que el
alto desempleo es la causa del enorme caos que se
vive en ese país, y no unos conflictos internos
entre las varias sectas del país, hecho peor
por la intervención bélica de Estados
Unidos. Lo que necesitan en Irak son trabajos, dice
el presidente. Lo que necesitan, dice el público
estadounidense, es que salgamos de ahí y que
usted, señor presidente, le preste atención
a los asuntos aquí. Así votaron en
noviembre. Vamos a ver qué pasos CONCRETOS
hace la ahora mayoría demócrata para
responder a la voluntad del pueblo.
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