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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Ya
empieza ese tango sutil de los posibles candidatos
a la presidencia del país que buscan conquistar
corazones y –obviamente- votos. Varios ya han
metido su cuchara al meollo político, entre
ellos el congresista republicano Tom Tancredo, del
Estado de Colorado, quien dice ser una alternativa
a los que quieren "entregar" el país
a los indocumentados.
Tancredo, de descendencia italiana, está entre
los congresistas más conservadores de la legislatura
federal, y asevera que la inmigración indocumentada
es la causa de muchos males en el país, incluyendo
el que la ciudad de Miami sea "como un país
tercermundista y bananero" por su alto número
de inmigrantes. Tancredo dijo esta semana que considera
postularse para poder jugar "un papel decisivo
en el futuro de la inmigración" en Estados
Unidos. Afortunadamente para el bienestar del país
y sus habitantes, Tancredo tiene mejores posibilidades
de ganarse un Grammy con su cantaleta antiinmigrante
que de salir electo presidente.
Por el otro lado está Barack Obama. Con el
mero hecho de mencionar el nombre del senador demócrata
de Illinois, ya se oyen cuantiosos suspiros y palpitaciones
de la muchedumbre y algunos medios emocionados por
tener de quién hablar que no sea la ex primera
dama y ahora senadora Hillary Clinton, de Nueva York,
una presunta candidata.
De Obama se dicen un sinnúmero de cosas positivas
y alguna que otra cosa negativa, entre ellos que
es una persona inteligente que está cobrando
notoriedad y apoyo, o que no tiene suficiente experiencia
para ser el primer mandatario del país.
Pero la comunidad latina debe ponerse las pilas y
ver más a fondo si éste vale la pena
antes de dejarse llevar por la corriente política
de alabanzas y piropos que actualmente goza este
hijo de un inmigrante africano. En la pasada sesión
legislativa, Obama votó a favor de un proyecto
de ley que hubiera establecido el inglés como
el idioma "común" para "unir
al país." El proyecto de ley, auspiciado
por otro senador latino, Ken Salazar, de Colorado,
fue mayormente una gran pérdida de tiempo
y una salida política para los legisladores
que habían votado en contra de una legislación
más fuerte que, entre otras cosas, eliminaba
el requisito gubernamental de ofrecer información
y servicios en otros idiomas. La legislación
de Salazar les ofrecería la oportunidad a
los senadores en un año electoral de decir
que no necesariamente habían votado "en
contra" del inglés. Una verdadera estupidez
y totalmente innecesario. Pero más preocupante
para la comunidad latina fue el voto que Obama emitió a
favor de la construcción de un muro en parte
de la frontera de Estados Unidos con México.
Tras críticas en su natal Chicago, Obama ofreció que "no
encontrarán un mejor amigo de la comunidad
latina que yo", añadiendo que su voto
fue parte de una más amplia estrategia.
Quién sabe cuál es esa estrategia,
porque hasta el sol de hoy Obama no se ha dignado
en ofrecer detalles de la misma, pero esperemos que
no sea nada más que pura politiquería
para tomarnos de bobolones en busca de ese importante
voto hispano. ¡Ojo mi gente, quedan avisados!
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