Por: María
Elena Salinas
A
Fernando Suárez Del Solar no le sorprendió la
nueva estrategia para Irak anunciada recientemente por el
presidente George W. Bush. Aún con un nuevo congreso
demócrata, Suárez no ha estado muy optimista
sobre el posible regreso de las tropas a casa.
Desde que su hijo Jesús, de 20 años, se convirtió en
una de las primeras bajas de la invasión a Irak, el
27 de marzo de 2003, Él ha dedicado su vida a promover
la paz sobre la guerra. Como fundador y director del proyecto “Guerrero
Azteca” –nombrado en honor a su hijo- Suárez
Del Solar aboga para que las fuerzas armadas no sea la única
alternativa para los jóvenes que buscan una educación
superior. Además ofrece apoyo moral y hasta financiero
a familias de soldados caídos en la guerra.
Suárez Del Solar ha sido un fuerte crítico
de las políticas de Bush en el Medio Oriente por lo
que no sorprende que esté en desacuerdo con la nueva
estrategia. Luego de escuchar que habrá un despliegue
de 21.500 soldados adicionales a Irak, Suárez Del
Solar dijo que el envío de más tropas no es
la solución. “Lo único que se logrará con
esto es aumentar la cifra de muertos y de actos terroristas
en la región. Será la excusa perfecta para
que extremistas y grupos de insurgentes continúen
con sus ataques”, sostuvo.
Cuando este inmigrante mexicano empezó su campaña
pacifista por todo el país, estaba en la minoría,
pero ya no es así. Cada día más y más
estadounidenses e inmigrantes están de acuerdo con
su tesis de que la guerra es un error y que nuestras tropas
necesitan regresar a casa.
La última encuesta del Centro Hispano Pew que recoge
la opinión de los Latinos sobre la guerra muestra
que el 66 por ciento de los hispanos cree que las tropas
estadounidenses deben ser traídas a casa tan pronto
como sea posible. En enero de 2005 esa cifra era del 51 por
ciento. Tan sólo un 19 por ciento dice estar de acuerdo
en mantener las tropas en Irak hasta que la situación
se estabilice en ese país. Solo uno de cada cuatro
piensa que el gobierno tomó la decisión correcta
de utilizar la fuerza militar, la primera vez.
Quienes le dicen a los que están opuestos a la guerra
que se regresen a sus países de origen, deberían
saber que no hay mucha diferencia entre las opiniones de
los hispanos nacidos aquí y los nacidos en el extranjero.
Un 68 por ciento de los latinos nacidos fuera del país
se oponen a la guerra al igual que un 62 por ciento de los
hispanos nacidos en Estados Unidos. Siete de cada 10 latinos
piensan que el esfuerzo militar en Irak no va en buen camino.
Opinión parecida a la de los estadounidenses en general.
Un 64 por ciento comparte esa idea.
Todo esto representa un enorme cambio con respecto al aparente
apoyo que recibieron el presidente Bush y la guerra, al comienzo
de la operación militar. Eso fue cuando nuestro gobierno
nos dijo con certeza que Sadam Hussein tenía armas
de destrucción masiva y que de alguna manera estaba
vinculado a los ataques terroristas del 9/11. Una vez que
la verdad empezó a salir a flote y que bolsas con
restos humanos de nuestros soldados empezaron a ser enviadas
a casa –aunque a la prensa no se le permitía
mostrarlos- la opinión pública empezó a
cambiar.
Los latinos han estado siempre al frente de nuestras fuerzas
armadas, sirviendo al país con honor. Con demasiada
frecuencia los soldados latinos han pagado un precio desproporcionado
en las guerras. Irak no es diferente. Se calcula que los
latinos representan poco más de un 9 por ciento de
las fuerzas armadas, mientras que un 11 por ciento han sido
víctimas fatales en Irak. De acuerdo con la página
Web del Departamento de Estado, hasta la primera semana de
enero, 327 de los cerca de 3.000 militares muertos eran hispanos.
En su discurso el presidente Bush habló acerca de
los errores de su estrategia original en Irak. Una fuerza
militar mayor, dijo el presidente a los estadounidenses,
quizás hubiera sido más exitosa en el frente
de batalla. Algo que no sirve de mucho consuelo para Fernando
Suárez Del Solar ni para las familias de más
de 3.000 jóvenes, hombres y mujeres, que han pagado
el precio más alto posible por decisiones equivocadas
tomadas en los niveles más altos del gobierno, como
tampoco para las familias de muchos que estarán arriesgando
sus vidas como resultado de esos errores.
(*) Maria Elena Salinas es autora del libro "Yo soy
la hija de mi padre: Una vida sin secretos". Distributed
by King Features Syndicat.
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