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Como
no lo habían hecho en mucho tiempo, los
dos grandes partidos representados en el Congreso –Demócratas
y Republicanos-, se pusieron de acuerdo esta semana
para afrontar un problema acuciante, el de la debilitada
economía nacional.
El jueves 24, después de largas y agotadoras
negociaciones, alcanzaron un plan de emergencia
cuyo objetivo final es aliviar los bolsillos de
la gente, golpeados por la crisis hipotecaria y
los sucesivos aumentos en los precios de los servicios
esenciales, generados a su vez por las fuertes
alzas del petróleo y sus derivados.
El peligro de una recesión, con evidentes
signos que ya no se pueden esconder, puso a los
actores políticos y económicos de
la nación ante una seria disyuntiva, la
de trabajar unidos para luchar contra la crisis
o dejar que se derrumben los mercados. |
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El
acuerdo para que arranque este programa de estímulo
a la economía, trabajado conjuntamente entre
el Congreso y la Administración Bush se
propone poner dinero en manos de los trabajadores,
para que éstos a su vez lo inviertan e impulsen
la industria, hoy con bajos índices de ventas.
También establece créditos para que
muchísimas familias no pierdan sus viviendas,
hoy en peligro de embargo.
A esto se suma la consistente rebaja de las tasas
de interés por parte de la Reserva Federal,
lo que puede generar la disminución de otras
tasas de interés que se les cobran a millones
de personas y empresas.
Ahora sólo esperamos que, como lo pidió la
presidenta de la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi, al presidente Bush, se sucedan otros
acuerdos bipartidistas para trabajar en diversos
temas de trascendencia nacional. ¿Por qué no
hacerlo con el tema de la reforma migratoria, que
también puede beneficiar a millones de personas
y reactivar sus economías y la del país?,
preguntamos. Nos gustaría una pronta respuesta. |