Por
José R. Uzal
Defender la ilegalidad es imposible en un país
de leyes. Abogar a favor de los indocumentados
sólo ha causado ponerlos en peligro y aumentar
la animosidad contra todos los hispanos.
Los grupos políticos hispanos han estado
usando los indocumentados para ganar poder e influencia.
Todos los que hemos sido indocumentados experimentamos
en carne propia el miedo a ser detectados y la
explotación sufrida a manos de patronos
sin escrúpulos. Conocemos lo que es tener
que vivir en pocilgas, hacinados con otros indocumentados,
pagando altos alquileres. Recordamos lo difícil
que era sobrevivir en un país de costumbres
e idiomas diferentes sin amigos ni familiares.
Sólo el deseo de mejorar la vida de nuestras
familias nos mantenía luchando. Hoy estos
grupos han triunfado en hacerles perder el miedo
de ser identificados y deportados a los indocumentados.
Han imbuido a los indocumentados la creencia de
que tienen derechos legales más allá de
los derechos humanos. El resultado ha sido traer
el tema a la palestra nacional exponiendo a redadas,
pérdida de beneficios, vituperios, agresiones
personales y deportaciones a los que luchan en
las sombras por una vida mejor.
Los que estudiamos y vivimos este tema tenemos
la obligación de exponer la culpabilidad
del gobierno federal que le permitió a las
grandes empresas llenar los trabajos que no pudieron
exportar con indocumentados. Debemos denunciar
a los que mezclan la lucha por una reforma migratoria
con los problemas en la frontera sur. Estamos obligados
a mostrar la culpabilidad de los gobiernos de América
Latina acostumbrados a vivir de las remesas de
los indocumentados.
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Tenemos que desenmascarar a
los nativistas que nos consideran a todos intrusos
y aclarar que no todos los indocumentados son
hispanos y que no todos los hispanos son indocumentados.
También debemos exponerle a derecha religiosa,
opuesta al aborto, que no hay seres humanos ilegales… sólo
indocumentados. Todas son posiciones defendibles
y válidas de manifestar, sin estar con
Dios y con el diablo.
Estados Unidos necesita una
reforma integral de sus leyes migratorias. Esa
reforma no puede ignorar la necesidad de establecer
un programa de asilo político justo y
rápido. La reforma integral tiene que
tomar en consideración la necesidad de
implementar un sistema migratorio que controle
a los extranjeros que entran al país,
por qué razón ingresaron, dónde
se alojan mientras están en el país
y cuándo salieron. La reforma integral
tiene que establecer que todos los inmigrantes
que quieran entrar a Estados Unidos, sin considerar
el país, región o continente de
procedencia, sean tratados de la misma forma,
bajo las mismas leyes y sin tener que esperar
años por una decisión.
El diálogo de los candidatos presidenciales
y los foros políticos domésticos
tiene que separar los problemas en la frontera
con México de la situación deplorable
en que se encuentra nuestro sistema migratorio.
Una vez que se aparten los dos temas, el gobierno
de México tendrá que jugar un importante
papel en este nuevo debate. No podemos defender
a los hispanos indocumentados sin presentar las
causas de la explosión migratoria.
uzal@msn.com
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El
plan de estímulo a la economía
y los hispanos |
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Por:
Loretta Sánchez (*)
Este mes el Departamento de Trabajo y Estadísticas
publicó su reporte sobre el empleo de
la nación. Este reporte indicó que
el desempleo ha subido a cinco por ciento por
primera vez en más de dos años;
y por primera vez en cuatro años los empleadores
privados redujeron el número de trabajos
nuevos.
Al mismo tiempo, el precio del petróleo
superó los 100 dólares el barril.
En los últimos dos años los ingresos
de familias hispanas están completamente
estancados.
Sin embargo, no necesitamos un reporte de empleos,
ni del precio alto de petróleo o de los
ingresos estancados para decirnos lo que ya sabemos,
que los hispanos están sufriendo bajo
la economía del presidente Bush.
Los Demócratas en el Congreso están
trabajando para darle una nueva dirección
a nuestra economía. En nuestro primer
año como mayoría, el Congreso Demócrata
aumentó el salario mínimo, aprobó un
proyecto de ley de energía que creará trabajos
y reducirá el costo de la energía.
Además, hemos invertido en la innovación
estadounidense, rebajado el costo de la universidad
y reducido los impuestos de la clase media.
Sin embargo, a pesar del trabajo que está haciendo
el Congreso, nuestra economía se enfrenta
a la recesión económica.
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Esta
recesión económica demanda acción
bipartidista inmediata de parte del Congreso
y del Presidente para que se recupere nuestra
economía.
Las familias hispanas –que están
enfrentándose con salarios que no mejoran,
la posibilidad de perder su hogar o trabajo,
y están batallando con el precio alto
de la gasolina y de mantener calientes sus hogares,
batallando con el precio alto del cuidado médico
y la comida-, no pueden darse el lujo de esperar
más tiempo.
Los Demócratas están trabajando
para llegar a un acuerdo con el Presidente Bush
y con los Republicanos en el Congreso para crear
un plan bipartidista que estimule a la economía
y que sea oportuno, específico y temporal.
Estamos comprometidos para trabajar juntos para
aprobar un plan de estímulo que arranque
a la economía estadounidense y ayude a
millones de familias hispanas que están
sintiendo las tensiones de esta economía.
Este año, los Demócratas en el
Congreso continuarán luchando por el bien
de todos, y no por el de unos pocos privilegiados.
Llevaremos a nuestra economía en una Nueva
Dirección.
Le suplico al Presidente Bush y a los Republicanos
en el Congreso a unirse con los Demócratas
para darles apoyo económico a las familias
hispanas y a todos los estadounidenses.
(*) Congresista demócrata de California |
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