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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Aún
con un tema donde supuestamente los demócratas
y el presidente Bush concuerdan –una reforma
migratoria– el primer mandatario estadounidense
logró decepcionar a muchos latinos durante
su discurso sobre el Estado de la Unión el
pasado martes 23 por la noche.
El primer mandatario instó al Congreso a que
apruebe una reforma migratoria integral, añadiendo
que el asunto será una de sus cuatro prioridades
legislativas en el campo doméstico este año. “Cuando
de inmigración se trata, las convicciones
en este Capitolio son profundas. Tengamos un debate
serio, civil y concluyente de manera que ustedes
puedan aprobar y yo pueda convertir en ley una reforma
integral de inmigración”, dijo Bush.
Pero la polémica surge con las palabras que
siguieron: “Tenemos que resolver el estatus
migratorio de las personas indocumentadas en el país
sin animosidad y sin amnistía”. El presidente
apoya un plan de llamados trabajadores huéspedes,
personas que llegarían del extranjero para
trabajar por temporadas. El problema es que ese programa
para nada resolvería la situación migratoria
de los millones de indocumentados en el país,
y los que abogan por una reforma migratoria dicen
que no sería verdaderamente integral sin los
pasos hacia una “ciudadanía ganada”.
Quizás en deferencia a la rama conservadora
de su partido, el presidente no lo mencionó,
y los latinos están consternados.
“
Si de verdad vamos a reformar nuestro sistema migratorio,
el nuevo sistema debe ser eficaz”, afirmó Janet
Murguía, presidenta del Consejo Nacional de
la Raza (NCLR). “Los inmigrantes cuyo fuerte
trabajo beneficia a este país deberían
tener la oportunidad de poder ser estadounidenses
de manera completa”, añadió.
Rosa Rosales, presidenta de la Liga de Ciudadanos
Latinoamericanos Unidos (LULAC), comentó a
los medios que “ahí yo no vi nada nuevo.
No dijo nada de los indocumentados que ya están
en el país”. Ese y otros comentarios
por el estilo seguramente hacen que la gente se preocupe
que honestamente no se va a hacer nada concreto sobre
el asunto, aún con mayoría demócrata.
Los demócratas y algunos republicanos sí apoyan
una legislación que ayudaría a los
millones de indocumentados viviendo y trabajando
en las tinieblas, pero la mayoría es muy estrecha
en el Senado, donde de todos modos seguramente se
necesitaría el apoyo de los republicanos para
garantizar que se apruebe esta medida. Y porque el
presidente no haya dicho nada sobre el asunto, ¿se
envalentonarán los republicanos a hacer nada?
Claro está que, más allá del
tema de inmigración, tenemos Irak, que cuelga
como espada de Damocles. El presidente Bush insistió en
su discurso que su política sobre la región
en conflicto “debe triunfar”, y pidió que
su plan de enviar más tropas a la zona tenga
la oportunidad de funcionar. Comentarios que fueron
recibidos con la negativa y el escepticismo que merecían.
Y para terminar, tenemos el orgullo hispano de la
semana, la presunta candidatura presidencial de Bill
Richardson, gobernador del estado de Nuevo México
y ex congresista, funcionario federal y embajador,
de madre mexicana y padre anglosajón nacido
en Nicaragua, quien anunciara esta semana que forma
un comité exploratorio para empezar a recaudar
fondos y reunir su equipo de campaña. Nadie
le quita su amplia experiencia en el campo doméstico
e internacional, y muchos latinos esta semana tomaron
turnos echando porras y mandando bendiciones en su
camino hacia la Casa Blanca. Pero, si Richardson
busca acercarse más hacia su querida comunidad
latina, lo primero que tiene que hacer es escribir
bien en la lengua de Cervantes. Ojo, gobernador,
que se dice: “oprima aquí para ver vídeo
en español”, y no: “imprimar aquí para
ver el vídeo en español”, como
está en su página de campaña.s!
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