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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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En
medio de toda la pompa y circunstancia que rodeaba
el adiós oficial al fallecido ex presidente
Gerald Ford, es bueno preguntar cómo el actual
liderazgo republicano –que se caía de
cara alabando la “humildad y decencia de Ford”-
trataría a ese presidente republicano y su
política moderada si tuviera la desgracia
de postularse hoy en día. ¿Qué hubieran
dicho de un republicano que apoyaba los programas
de acción afirmativa?; ¿alguien que
en los años 30 –cuando fuera estrella
en el equipo de fútbol de la Universidad de
Michigan- criticó a su propia universidad
cuando no dejaron que jugara el único afroamericano
en el equipo durante un partido crucial porque así lo
pidió el equipo rival del estado de Georgia?
¿
Qué dirían de un presidente republicano
que aumentó fondos de asistencia para empresas
minoritarias y apoyó a su esposa, la entonces
primera dama Betty Ford, cuando hizo campaña
a favor de legislación que garantizaba igualdad
de derechos para mujeres y por mayores fondos para
programas de salud? ¿Qué clase de comerciales
políticos auspiciarían en contra del
republicano que apoyó papeletas electorales
en español y otros idiomas? Obviamente, el
récord legislativo de Ford no era perfecto,
ni sobresaliente en muchos casos, pero su fallecimiento
nos recuerda que esa rama de política moderada
dentro del partido republicano ha desaparecido. Y
lo irónico es que todos esos políticos
que hablaban en tono de añoranza por esos
días de decencia en el Capitolio son en su
mayoría los mismos que echaron todo a perder
impulsando sus propias políticas ultra-conservadoras
y derechistas.
Y ya han empezado el nuevo año con un tono
contrario al consenso que dicen querer tener en el
Congreso. El presidente Bush echó leña
al fuego en una carta de bienvenida a la mayoría
demócrata en el Congreso donde dice que espera
que los demócratas no aprueben la legislación “por
puras razones políticas”, porque entonces
estarían buscando un estancamiento legislativo.
Y la nueva lideresa de la Cámara de Representantes,
la congresista Nancy Pelosi, de California, no se
queda atrás. Luego de prometer que esta Cámara
de Representantes, el llamado “hogar del pueblo
estadounidense” sería más honesta
y más abierta, negó una petición
del canal congresal C-SPAN para añadir más
cámaras de televisión porque, según
ella, disminuiría la “dignidad y decoro” del
cuerpo legislativo. Actualmente, el Congreso controla
las cámaras, y el público ve lo que
el Congreso quiere que vean.
A ver qué tipo de dignidad y decoro habrá en
esta nueva sesión cuando comiencen a discutir
la polémica legislación de reforma
migratoria que dejaron pendiente, o la controvertida
alza en el salario mínimo que dicen querer
aprobar este año, y los otros proyectos de
ley que dejaron sin hacer debido a la política
de conflicto que destacaron con tanto decoro el año
pasado.
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