La
publicación de unas caricaturas del profeta
Mahoma por parte de la prensa europea exaltó los ánimos
del mundo musulmán donde, según
sus creencias, está prohibido reproducir
las imágenes de sus guías espirituales
para evitar caer en la idolatría.
La indignación que recorre el mundo islámico
en estas horas, además de dejar en evidencia
el choque cultural que existe entre esta civilización
y la de Occidente, merece una reflexión
por parte de nuestros medios de prensa.
Respetamos y apoyamos el sagrado derecho de la
libre expresión, pero en estos tiempos es
necesario tener mucho cuidado para no ofender a
quienes entienden el mundo desde un punto de vista
diferente.
La polémica ha cobrado varias vidas y, lamentablemente,
nada indica que esta triste historia haya llegado
a su final.
Es necesario entender que nuestro derecho termina
donde empieza el de los demás, y que esto
incluye el respeto a
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otras
creencias y religiones, que muchas veces son
usadas por fanáticos que aprovechan su
influencia para encender el fuego de la intolerancia.
Está claro que bajo nuestra concepción de la vida, cada uno tiene
el derecho de expresar lo que piensa y de criticar lo que considera que está mal,
pero esto debe ser expresado con responsabilidad y respeto, sin herir las creencias
de otras culturas.
Es un delicado equilibrio el de la libertad de expresión, la autocensura
y el respeto por los demás, en especial por los que piensan distinto.
Pero ese es el deber de un periodismo responsable y serio, el de investigar y
criticar sin faltarle jamás el respeto a los terceros, porque ésta
es la única manera de alcanzar la paz entre nuestros pueblos, con comunicación
y respeto.
Con ese ejemplo, construiremos un mundo mejor para las futuras generaciones
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