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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Uno de los hechos más interesantes
que salió de las primarias presidenciales
en Maryland, Virginia y la ciudad de Washington es
el giro que dio el apoyo del votante latino. En anteriores
primarias, la campaña de la senadora Hillary
Clinton podía confiar en el apoyo del votante
latino, pero esta vez no. Muchos hispanos en esta
llamada “Primaria Potomac” decidieron
darle su voto al principal rival de la senadora,
su colega en el Senado, Barack Obama. Los sondeos
señalaron que Obama consiguió la mayoría
de los votantes latinos en esta zona.
Muchos dijeron que se sentían “inspirados” por
Obama y querían algo tan totalmente nuevo
a los políticos de siempre que lo apoyarían.
Obviamente no queda claro que el senador sería
tan diferente a la senadora, pero aparentemente muchos
ya dicen que sí. Y varios votantes comentaron
que el apoyo a la senadora es más un apoyo
hacia su esposo, el ex presidente Bill Clinton, que
un apoyo contundente para ella. Un votante latino
en Virginia que esperó en una larga fila para
ver al senador Obama en un evento el fin de semana
pasado me dijo que estaba con Hillary Clinton porque
es súper fanático del presidente Bill
Clinton, y que estaba pensando votar por ella simplemente
por esa conexión, pero que conforme más
se enteraba del senador Obama, más le caía
bien. Otro votante me comentó que “si
vas a ver, Obama es el verdadero candidato minoritario”.
Claro está, la campaña de Clinton a
nivel nacional sigue gozando de más apoyo
entre votantes latinos, pero ese apoyo no es tan
amplio como antes. No obstante, aseguran que conseguirán
a los hispanos en el resto de las primarias, y ellos
podrían ser el voto decisivo. En un evento
en la Universidad de Texas en El Paso, casi 12.000
simpatizantes llenaron un coliseo en apoyo a la senadora.
Por otra parte, el senador Obama quiere seguir con
el apoyo que consiguió aquí entre los
latinos, y su campaña está inundando
los estados restantes con anuncios y mítines.
Pase lo que pase, está muy claro: el impacto
del voto latino no es pura habladuría.
Y hablando de habladuría, el presidente de
México, Felipe Calderón, se encuentra
esta semana en una mini-gira por varias ciudades
de Estados Unidos para “recordarle” a
los legisladores que no se olviden de una reforma
migratoria integral y también para quejarse
que los candidatos a la presidencia estadounidense
están demasiado enfocados en ver “quién
es el más macho” de mano dura ante la
inmigración indocumentada. Pero ya sabemos
el pésimo trato que el gobierno mexicano le
ofrece a sus propios indocumentados –mayormente
centroamericanos– y ahora una comisión
internacional de derechos humanos asevera que el
gobierno mexicano ha hecho poco para darle seguimiento
a reportes de tortura, asesinatos y otras medidas
represivas por parte de fuerzas gubernamentales en
los años ‘60 y ‘70 contra universitarios
y grupos de oposición.
¿
En serio?
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