Por: María
Elena Salinas
Los
estadounidenses parecen estar enamorados del amor o, por
lo menos, de expresiones de amor. Por eso, el Día
de San Valentín se ha convertido en uno de los días
festivos más populares y costosos en Estados Unidos.
Se estima que los estadounidenses gastarán casi $17
mil millones demostrando a sus parejas o posibles conquistas,
lo mucho que los quieren: 188 millones de tarjetas de felicitación
serían intercambiadas, 189 millones de rosas enviadas,
todo destinado a hacer saltar corazones. ¡Qué bueno
sería si la gente gastara la misma cantidad de tiempo,
esfuerzo y dinero en cuidar la salud de sus corazones!
Febrero es el mes del Corazón en Estados Unidos. Lo
vinculan de alguna manera con el día de los enamorados,
pero sería un error verlo tan solo como otra proclamación
del presidente y de la
Asociación Norteamericana del
Corazón que instan a las personas a tomar conciencia
acerca de su salud. Éste es un tema que tenemos que
tomar realmente en serio porque las enfermedades cardíacas
son la causa de muerte número uno en Estados Unidos.
Ya sea hombre o mujer, joven o viejo; blanco, afroamericano
o latino, usted está en riesgo de sufrir una enfermedad
cardíaca. Es un mal que no discrimina. Puede golpear
en cualquier momento, a menudo sin ninguna advertencia. Por
supuesto, algunas personas corren más riesgo que otras:
aquellas que fuman, son obesas, no hacen suficiente ejercicio,
sufren de alta presión de la sangre o tienen una historia
familiar con problemas del corazón, para no mencionar
aquellas que viven estresadas, lo que aumenta considerablemente
la posibilidad de convertirse en víctimas.
Las mujeres están particularmente expuestas a las
enfermedades del corazón, incluso las jóvenes.
Cada año diez mil mujeres de entre 29 y 44 años
sufren un infarto. Una de cada tres mujeres morirá eventualmente
a causa de enfermedades del corazón o de un derrame
cerebral. Lo que las mujeres deben saber es que los síntomas
de las enfermedades cardíacas son diferentes que para
los hombres. Algo tan sencillo como la fatiga, dolores de
cuello o espalda, pérdida de apetito, ansiedad o hasta
gripe, son algunos de los indicios que bien podrían
ponerla a usted al borde de un infarto.
La enfermedad cardíaca y los derrames cerebrales son
también la causa número uno de muerte entre
los hispanos en Estados Unidos. La Asociación Norteamericana
del Corazón dice que casi el 30 por ciento de todas
las muertes entre los latinos son resultado de enfermedades
relacionadas con problemas cardiovasculares.
Desafortunadamente, nosotros no le ponemos mucha atención
a los infartos y los derrames cerebrales o embolias. Eso
es algo que pensamos le sucede a otros, no a nosotros o a
nuestra familia, o a aquellos que queremos. Eso es lo que
mi amiga Teresa pensó cuando su esposo Tony corría
en una mañana del verano de 2002.
Tony era alto, moreno, guapo y sano. Iba a chequeos médicos
con regularidad, hacía ejercicios a menudo, jugaba
golf. A los 54 años se veía en gran forma.
Pero cuando regresó de correr aquella mañana
sintió un sudor frío, se quedó sin aliento
y en pocos minutos se fue. Su corazón se detuvo. El
solo hecho de que su padre murió de un infarto después
de los 50 años se convirtió para Tony en un
alto factor de riesgo y pone también a sus hijos en
riesgo. Mis dos padres murieron de enfermedades relacionadas
con problemas cardiovasculares lo que nos convirtió a
mis hermanas y a mí en personas de elevado riesgo.
Es un círculo vicioso.
Quienes creen en el destino piensan que cuando es tiempo
de irse, nada ni nadie puede evitar que suceda. No quiero
entrar en una discusión filosófica acerca del
destino, pero cuando se trata de enfermedades cardíacas
no cabe duda que educarnos nosotros mismos sobre las causas
y recursos posibles para prevenirlas podría salvar
nuestras vidas. De modo que así como cuida su amor
en este mes de los enamorados, cuide también la salud
de su corazón.
(*) Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy
la hija de mi padre: Una vida sin secretos”. (c) 2007
by Maria Elena Salinas,
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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