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Carrera por la presidencia del país en blanco y negro




La febril campaña electoral por la nominación presidencial sigue su curso; sin embargo, el matiz de la contienda entre los senadores demócratas Barack Obama y Hillary Clinton, a partir de las primarias en Carolina del Sur, tomaron el color de una película en blanco y negro.

El factor racial unido al de la experiencia de uno u otro candidato con ambiciones de poder es evidente. De igual manera sucedió en un pasado no muy reciente cuando el Reverendo Jessie Jackson, tan demócrata como Obama, aspiraba a la presidencia de Estados Unidos, por lo que esta carrera por la Casa Blanca tenemos que verla como una mega producción nacional de política en tiempo real, nunca antes vista en la nación. No obstante, los restantes capítulos que faltan filmar se están convirtiendo en un interesante largometraje de suspenso y acción que por razones obvias le quitan el sueño a más de un elector.

Por esta razón, los líderes políticos de diferentes organizaciones hispanas en la nación, como el Consejo Nacional de la Raza y NALEO, junto con los politólogos y académicos del Centro de Estudios Congresales y Presidenciales (CCPS, por sus siglas en inglés) de la American University, en Washington, DC, así como todos los medios locales de comunicación en español están siguiendo de cerca este fenómeno con marcado interés.
Hasta las elecciones generales de noviembre falta mucho más que escuchar por parte de los candidatos de los dos partidos para que los hispanos registrados con derecho a votar tengan tela por donde cortar; no se trata tampoco de querer un sastre a la medida. Hay matices. Después de todo, salvo honrosas excepciones a la gran mayoría de los políticos el traje les queda corto cuando llegan a la presidencia. Hay que recordar que "en política lo real es lo que se ve" y las promesas de campaña en boca de los candidatos tienen que ser hipotéticamente reales, sin demagogias y aparentemente creíbles para poder otorgarles el beneficio de la duda.

 

Como es sabido, en todo centro de poder político se cuecen habas y no se puede pasar por alto que si el senador Obama, luego de su barrida en el Distrito de Columbia, Maryland y Virginia, llegara a la presidencia sería el primer afro-americano en lograrlo en muchos años, mientras que, por su parte, la senadora Clinton sería la primera mujer en la historia de la nación investida con los más altos atributos de las tres mujeres que le antecedieron en una carrera presidencial en Estados Unidos, con ganas de volver al sitio donde fue Primera Dama. La suerte está echada, la nominación podría ser para cualquiera de los dos. Después de todo, ¿qué mas da, hombre o mujer, demócrata o republicano, en la residencia oficial de la avenida Pennsylvania?

Por medir fuerzas, en esta carrera, pierda o gane ella, ni ustedes ni nosotros podremos determinar su victoria, mucho menos la de Obama, ni la del candidato republicano tampoco. Hasta allí dura el entusiasmo porque por encima de la voluntad de cada votante por su candidato favorito se impone la "magia" secreta del Colegio Electoral. Por tanto, los factores impredecibles de la política, o dejan fuera de la Casa Blanca a Clinton, o Barack Obama entra por ella hasta la Oficina Oval. Habrá sorpresas, no hay nada más que decir, hasta noviembre. Clinton de ninguna manera debe ser encasillada como la candidata de las mujeres, ni Obama como el presidente de los negros. Esto seria el caos.

Mientras tanto, quedamos a la espera de que llegue por fin el momento decisivo para que el presidente que sea electo pueda encarrilar a la nación por los cauces del bienestar económico y prosperidad para bien de todo el pueblo, y ojalá que la próxima administración de gobierno, más tarde que nunca, impulse desde la Casa Blanca la revolución pacífica de la tolerancia como baluarte de paz dentro y fuera de los Estados Unidos de América.

 

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