Por: María
Elena Salinas
ASanta
Fe, Nuevo México.- Su amor por los caballos es evidente.
Los pasillos de la oficina del gobernador Richardson, en
Santa Fe, están adornados con hermosas pinturas de
caballos. “Para relajarme monto mi caballo”,
me dijo durante un corto viaje en automóvil desde
su sede de campaña hasta el edificio de la gobernación. “Me
puedo meter a las montañas, nadie me molesta, estoy
pensando, me da buenas ideas”, agregó. Pero
no tendrá mucho tiempo para relajarse ahora que está metido
en la carrera por la presidencia de Estados Unidos.
La competencia es dura. Los senadores Hillary Clinton, Barack
Obama, Joe Biden y el ex senador John Edwards están
entre los demócratas que, como él, buscan la
nominación presidencial. “Todos ellos son mis
amigos”, dice Richardson.
“
Entonces, ¿qué ventajas tiene usted sobre ellos?”,
le pregunté.
“
Tengo la experiencia”, respondió.
Eso nadie lo puede negar. Richardson tiene una impresionante
trayectoria. Ha sido elegido siete veces para la Cámara
de Representantes y dos veces como gobernador de Nuevo México.
Fue Embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas y Secretario
de Energía bajo la presidencia de Bill Clinton, habiendo
sido investigado en ambas ocasiones por el Congreso antes
de la confirmación. Richardson ha negociado exitosamente
la liberación de rehenes y presos alrededor del mundo
y ha confrontado a dictadores despiadados como Saddam Hussein
y Fidel Castro. Más recientemente consiguió un
alto al fuego en el conflicto armado en la región
sudanesa de Darfur.
Sus credenciales son probablemente mejores que las de la
mayor parte de los aspirantes a la presidencia por ambos
partidos. La pregunta es entonces: ¿Por qué nadie
lo conoce? “Porque no tengo dinero”, comenta.
Una encuesta de la cadena de televisión ABC sobre
la competencia presidencial, muestra a Richardson con el
1 por ciento de posibilidades. Otra encuesta de CNN lo muestra
con un 3 por ciento. “Por lo menos he ido de uno a
tres”, añade bromeando. “Falta todavía
un año y puedo hacer una campaña muy fuerte
en un año”.
Para lograrlo aprovechará la fuerza del Internet como
instrumento para recaudar fondos, difundir su mensaje y crear
una red de voluntarios alrededor del país. Dependerá también
de los “bloggers” que cada vez son más
influyentes en las campañas políticas. Pero
lo más importante es que él cree tener argumentos
para convencer a los votantes de que él es el hombre
por quien deben votar.
“
Como gobernador he creado empleos, he mejorado escuelas y
he ampliado programas de salud en mi estado”, dice.
Y como diplomático y negociador, con amplia experiencia
internacional, él cree tener la clave para resolver
la crisis en Irak. “Tenemos que salir de allí este
año, pero tenemos también que forjar un nexo
diplomático para que haya un diálogo de reconciliación
entre los tres grupos étnicos”. Cualquier diálogo
debe incluir, de acuerdo con Richardson, otras áreas
del Medio Oriente incluyendo Siria e Irán.
Una piedra en el zapato de Richardson podría ser el
tema migratorio, en el cual ha estado de ambos lados de la
polémica. Por un lado, ha criticado la construcción
de un muro en la frontera y apoyado una reforma migratoria
justa que incluya la legalización de inmigrantes indocumentados.
Pero por el otro, el gobernador declaró un estado
de emergencia en Nuevo México por el aumento de la
inmigración ilegal pidiendo más agentes de
la Patrulla de Fronteriza, una medida que algunas organizaciones
consideran es antiinmigrante. “Quise aumentar la seguridad
en mi estado porque no sólo estaban llegando trabajadores
indocumentados a través de la frontera, sino porque
también había narcotraficantes y maleantes”,
afirmó.
Richardson está confiado en tener el voto latino de
su lado. Pero enfrenta muchos otros desafíos, entre
ellos desatender a los votantes latinos por creer tenerlos
de su lado. Además, tiene que convencer al resto del
electorado de que un hombre con raíces profundas al
sur de la frontera puede dirigir al país en la dirección
correcta.
La campaña de Richardson ya ha tenido eco en los medios
periodísticos. Junto con los senadores Clinton y Obama, él
forma el trío de la diversidad: Una mujer, un afroamericano
y un hispano, que podrían hacer historia política
en el país. Pero el gobernador necesita ser mucho
más que un ejemplo hispano para acaparar la atención
y conseguir los fondos que se requieren para llegar a ser
El Presidente Richardson.
(*) Maria Elena Salinas es autora del
libro “Yo soy
la hija de mi padre: Una vida sin secretos”. (c) 2007
by Maria Elena Salinas.
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