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En
estos tiempos difíciles, en que se suceden
tantas malas noticias, resulta gratificante conocer
las acciones que desarrollan personas como los
dos enlaces hispanos del departamento de policía
de Baltimore, cuya historia damos a conocer en
esta edición.
Ambos demuestran esa virtud excepcional que tienen
los verdaderos conductores, como es la vocación
de servicio. Dejando de lado todo interés
material y personal, ellos dan una diaria lección
de lo que es ayudar al prójimo.
Contra nuestra costumbre, creemos necesario resaltar
sus nombres en esta columna, el del sargento Rufino
J. García y el del oficial Alejandro Zunca,
quienes por largos años se han identificado
con la comunidad de la mencionada ciudad portuaria.
Ellos no sólo cumplen una labor estrictamente
policial. Además, propician reuniones con
padres de familia para enseñarles los mecanismos
legales del país, se confunden con los jóvenes
estudiantes para infundirles el espíritu
de superación, hablan con los maestros para
conocer sus
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problemas
e inquietudes y caminan por toda la ciudad “no
sólo para detectar problemas sino para
encontrar soluciones”, como explica García,
un veterano de 33 años en la fuerza policial.
Pero sus esfuerzos van más allá. En vista del escaso número
de policías hispanos (menos del 4 por ciento del total) en Baltimore,
han conseguido el apoyo del Comisionado de Policía del Condado para poner
en marcha un programa de enseñanza de español a sus colegas de
habla inglesa, que se ha extendido al mejor conocimiento de nuestra cultura.
La fama de ambos policías ha traspasado las fronteras de la nación
y hoy son requeridos por otros departamentos de policía latinoamericanos
en busca de consejería y apoyo.
Realmente ellos se merecen el aplauso de la comunidad entera, sin excepciones.
Nos sumamos a ese respaldo público.
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