Por:
Richard Ingham
La explosión del trasbordador espacial
estadounidense Challenger, hace veinte años,
fue un duro golpe para los vuelos habitados en
el espacio, ahora relegados a una proporción
menor por los artefactos robotizados.
La NASA conmemoró el sábado 28
de enero el desastre de 1986 y sus siete muertos,
y nunca como ahora el contraste entre las dos
visiones ha sido tan evidente. Sólo en
el año transcurrido, la sonda Cassini
(EEUU) transmitió imágenes espectaculares
del remoto Saturno y su módulo europeo
fue a aterrizar en su luna Titán, mientras,
buscando los orígenes del sistema solar,
un artefacto de la NASA fue a estrellarse con
un cometa y otro volvió intacto a la Tierra
trayendo polvo estelar.
En Marte, dos pequeños robots buscan eventuales
trazas de agua y de vida, ayudados por un puñado
de satélites en órbita sobre ellos.
Otros exploradores de metal y silicio están
camino de Mercurio, Venus y Plutón, mientras
que el laboratorio espacial europeo Rosetta se
ha lanzado en el largo camino que lo llevará a
encontrarse con un cometa... en 2014.
Mientras los robots asumen el papel de audaces
exploradores de los confines del sistema solar,
las misiones habitadas siguen confinadas a la
periferia de la Tierra y signadas por las preocupaciones
de seguridad.
|
|
" Challenger
mostró cuán sofisticada era esta
tecnología, pero también cuán
frágil era. Nuestros sueños están
atados", subraya Roger Launius, titular
de la cátedra de historia del espacio
en el Smithsonian.
Más dramático aún, dicho trasbordador ya costó la
vida a 14 personas en 114 misiones. Imaginado al comienzo como un modo de transporte
económico, el Challenger engulló 145.000 millones de dólares,
o sea 1.300 millones por viaje, estima Roger Pielke, director del Centro de Ciencia,
Tecnología e Investigación de la Universidad de Colorado.
Por el contrario, los dos caminantes de Marte, Spirit y Opportunity, costaron
900 millones de dólares y, previstos tan sólo para durar 90 días,
los dos robots siguen valientemente con su tarea, dos años después.
Globalmente, la actualidad de los vuelos habitados se resume al envío
de un astronauta chino al espacio, en 2003, y el primer vuelo, en 2004, de SpaceShipOne,
un vehículo balístico destinado al turismo espacial. Nada llamativo
en términos de avance tecnológico.
Para recuperar sus lauros, la NASA espera convencer a las autoridades de volver
a la Luna de aquí a 2018.
" El viaje a la Luna es por supuesto interesante, pero, desde el punto de
vista europeo, es más interesante ir directamente a Marte", subraya
el ex astronauta francés Jean-Jacques Favier, ahora encargado de la reflexión
estratégica del Centro Nacional de Estudios Espaciales de su país.
|