La mentalidad
tercermundista
del congresista Tom Tancredo |
Por: María
Elena Salinas
El
congresista Tom Tancredo está mostrando sus verdaderos
colores. El representante de Colorado, mejor conocido como
el máximo exponente del movimiento anti-inmigrante
en la Cámara de Representantes, ha dirigido ahora
sus ataques contra sus propios colegas, mostrando que no
solamente tiene problemas con los inmigrantes indocumentados,
sino con miembros de las minorías étnicas.
La última propuesta de Tancredo es abolir en el Congreso
lo que él llama grupos basados en la raza. Es decir,
sugiere, como lo hizo antes en 2003, que grupos como el Comité Negro
del Congreso, la Asamblea Congresional Hispana y la Conferencia
Hispana del Congreso –integrada por hispanos republicanos-
no deben existir. Según él, son grupos divisivos
y contrarios a la meta de tener una sociedad ciega a los
colores raciales.
Parece ser que los únicos colores que Tancredo no
quiere ver son el negro y el marrón, con el que algunos
describen a los latinos. Pero, son precisamente estos “grupos
con bases raciales” los que preparan el terreno para
lograr la meta de tener una verdadera sociedad sin distinciones
raciales. Los comités de la minorías, los programas
de acción afirmativa y el Acta de los Derechos de
los Votantes, entre otros, son necesarios simplemente porque
el racismo y la desigualdad en Estados Unidos están
todavía vivitos y coleando.
Existen literalmente centenares de organizaciones en todo
el país basadas en raza o género sexual que
unen a profesionales de todo tipo, estudiantes, líderes
cívicos y activistas de derechos civiles y que contribuyen
ampliamente al desarrollo de nuestras comunidades. Ellos
forman parte de la diversidad que hace de Estados Unidos
el gran país que es.
Hace unas semanas Tancredo levantó una polvareda y
avergonzó a sus colegas republicanos cuando llamó a
Miami una ciudad tercermundista. Dijo que uno podría
colocar a esa ciudad en cualquier lugar del país y
nunca se daría cuenta que estuvo en Estados Unidos.
Es verdad que Miami es una ciudad de diversidad étnica
con un toque internacional, pero difícilmente se le
pueden atribuir condiciones de ciudad tercermundista. Entre
otras cosas cuenta con una comunidad cubano-estadounidense
integrada en su mayor parte por refugiados políticos,
que no tienen un problema migratorio como los indocumentados
a quienes Tancredo ataca.
Los comentarios de Tancredo no fueron bien recibidos por
el entonces gobernador de la Florida, Jeb Bush. El hermano
menor del presidente, quien regresó a vivir a Miami
tras dejar la gobernación, envió a Tancredo
una carta en la que le expresa desilusión por sus “comentarios
despreciativos” con respecto a su ciudad.
“
Todas las etnias en la Florida contribuyen a nuestra economía,
ayudan a hacer crecer nuestras comunidades y enriquecen nuestra
herencia cultural”, afirmó Bush. Terminó su
carta indicando que hay una lección que debe aprenderse
de todo esto. “Quizás sus ingenuos comentarios
sirven como buen recordatorio para disminuir el odio, la
frustración y la emoción que rodean el asunto
de la inmigración. La retórica recalentada
no resolverá este asunto”.
Desafortunadamente, lo único que consiguió la
carta fue hundir a Tancredo más en su odio. Al día
siguiente respondió con comentarios aún más
despectivos acerca de Miami. La congresista republicana Ileana
Ros-Lehtinen trató de aliviar la situación
invitando a Tancredo a Miami pero esta vez no fue el congresista
de Colorado quien no quiso tener nada que ver con el área
a la que él se refirió como uno de “los
sectores más peligrosos de Estados Unidos”,
sino que el personal de servicio del restaurante donde iba
a pronunciar un discurso, se negó a atenderlo.
Atrapado en su mundo xenófobo, Tancredo parece creer
en su propia retórica. Dijo al periodista Wolf Blitzer
de CNN, en una entrevista, que en un sondeo realizado por
el Miami Herald el 70 por ciento de las personas que respondieron
lo apoyaron. Mi oficina consultó al Herald acerca
del presunto sondeo mencionado por Tancredo y nos dijeron
que nunca realizaron una encuesta sobre el tema.
Ahora Tancredo quiere ser candidato a la presidencia convirtiendo
a la inmigración en asunto central de su campaña.
Seguro que existen millones de norteamericanos de diversos
grupos étnicos que comparten sus puntos de vista sobre
inmigración. Pero una cosa es el estar opuesto a un
sistema migratorio que todos coinciden está resquebrajado,
y otra es que se aproveche el foro que da una carrera por
la Casa Blanca para propagar mensajes de fanatismo e intolerancia.
Eso es precisamente lo que hacen gobernantes radicales en
países del tercer mundo.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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