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El
Departamento de Seguridad Interior ha puesto
en práctica
un nuevo método para seguirle el rastro
a los inmigrantes que han solicitado permanecer
en Estados Unidos. Se trata de un dispositivo
electrónico que éstos deben usar
en su tobillo, las 24 horas del día, para
que las autoridades puedan controlar sus movimientos.
El plan piloto,
por ahora, que parece inspirado en una novela
Orwelliana, se ha implementado
en sólo ocho ciudades, y más que
nada, se aplica a aquellos inmigrantes que han
solicitado asilo político.
Pero sienta
un precedente muy negativo y moralmente devastador. ¿Qué puede
sentir una persona que por el sólo hecho
de venir a Estados Unidos a buscar un futuro
mejor, está condenado
a vivir con un dispositivo que le recuerda a
cada instante que está siendo vigilado
por las autoridades?
Este tipo de
dispositivos (conocidos en inglés
como “ankle bracelets”) son los mismos
que se les coloca a los violadores y a otro tipo
de criminales cuando salen en libertad bajo palabra,
o en libertad condicional.
Pero la medida
pone los monitores a personas que nunca han cometido
un delito, por el simple
hecho de ser extranjeros que aspiran a vivir
en Estados Unidos, muchos de los cuales, además,
son perseguidos en sus países y están
aquí por razones de fueraza mayor.
Es decir, ése
es su delito, aspirar al llamado sueño
americano, esa utopía
que desde hace cinco siglos atrae a hombres y
mujeres de todo el mundo a este país-continente
y que ha ayudado a forjar la grandeza de esta
nación. |
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Hasta
ahora, el Departamento de Seguridad Interior
ha puesto dispositivos electrónicos en
más 1.700 inmigrantes. El director de
Detenciones y Operativos de Remoción del
Departamento, Víctor Cerda, sostiene que
los “ankle braceletes” ayudarán
a evitar que los inmigrantes con orden de salida
permanezcan en el país eludiendo la deportación.
Tal parece
que tanto Cerda como sus superiores en el Departamento
de Seguridad Interior han exagerado
la naturaleza del problema.
La supuesta
solución surgió a raíz
de un estudio del Departamento de Justicia que
cuestionaba la competencia de los funcionarios
de Migración para seguirles el rastro a
los extranjeros que residen en el país.
El informe —redactado
en 2003 por funcionarios de contralor de esa
dependencia— acusaba
de plena negligencia los mecanismos empleados para
expulsar extranjeros con procesos de deportación
pendientes.
Fue a partir
de ese reporte, entonces, que Cerda y otros altos
jerarcas del Departamento de Seguridad
Interior decidieron evitar ese tipo de crítica
intergubernamental en el futuro. Y claro, los que
pagan los platos rotos, como de costumbre, son
los inmigrantes.
No es exagerado
afirmar que ante un problema difícil
las autoridades del Departamento de Seguridad Interior
acuden a la vieja y cómoda estrategia de
cortar por el lado más fino. |