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Hay
un viejo dicho que sostiene que no hay nada más
seguro que estar en la “boca del lobo” y
el caso del suicidio del señor Joseph Kopera,
quien durante décadas trabajó para
la policía de Maryland como experto de balística,
gracias a títulos falsos que presentó para
conseguir el trabajo, parece confirmarlo.
El historial del señor Kopera es un asunto
espinoso para las autoridades de Maryland, que
confiaron en su supuesta profesionalidad durante
décadas para resolver cientos de casos criminales.
Ahora, tras haberse comprobado el fraude, pues
falsificó documentos para conseguir un empleo
en el laboratorio del Departamento de Policía
de Baltimore, las autoridades parecen encontrarse
frente a una caja de Pandora, debido a que los
miles de casos que ayudó a resolver Kopera
pueden ser sujetos a revisión.
Sólo hay una explicación para tratar
de entender como Kopera engañó a
la policía de Maryland. El cuerpo policial
está integrado por seres humanos y como
tales están sujetos a cometer errores.
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La
pregunta que surge es si algunas de las personas
encontradas
culpables de diversos crímenes por las investigaciones
de Kopera son inocentes.
El problema es que Kopera no sólo trabajó en la resolución
de crímenes en Maryland, sino que también lo hizo en Virginia,
Delaware y Pensilvania.
Las autoridades deben de reflexionar sobre el caso Kopera y ajustar los controles
de rutina que realizan a las personas que contratan como servidores públicos.
Su responsabilidad es demasiado grande como para tomarse el asunto a la ligera.
Es indispensable que la gente confíe en la policía y su personal
técnico, porque los encargados de velar por el cumplimiento de la ley
tienen que ser gente preparada y formada para resolver los distintos problemas
que ocurren día a día y no personas capaces de fraguar documentos
con tal de conseguir un trabajo respetado y bien remunerado |